El error que le costó el oro a Adriana Cerezo: ''Me equivoqué''
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25 Julio 2021

El error que le costó el oro a Adriana Cerezo: ''Me equivoqué''

A sus 17 años, Adriana Cerezo se cuelga una plata, la primera medalla de España, pero acaba fastidiada. ''Me he equivocado, tengo que aprender de esto'', apunta sobre el golpe que la derrotó a cinco segundos del final.

Crónica Adriana Cerezo se queda con la plata en el mejor día de su vida Directo Así vivimos la primera jornada de los JJOO Resultados Todos los marcadores del día Opinión ¡Y Adriana me dice que no se va de vacaciones!

"Me metí dentro en lugar de apartarme, bajé la guardia, me tiró un puño para empatar y luego me enganchó con la patada... Quedaban sólo cinco segundos y ya no pude remontar. De hecho le lancé un puño, creía que había subido al marcador, me giré para mirarlo y ahí me quedé ya sin tiempo. Me equivoqué y cuando he hablado con mi entrenador lo primero que le he dicho es que lo siento. Tiendo a ceder en estos momentos, en los últimos momentos, cuando ya estoy cansada. Es algo que tengo que mejorar. Voy a estar viendo esos últimos segundos durante mucho, mucho tiempo. Tengo que aprender de esto", reconocía Adriana Cerezo sobre el movimiento que la dejó sin el oro, el oro de su vida, en los Juegos de Tokio.

Hablaba con una plata colgada a sus 17 años, un éxito inesperado para todos menos para ella, pero le importaba relativamente. "He ganado una plata, pero he perdido un oro", analizaba tras caer en los instantes finales ante la tailandesa Panipak Wongpattanakit y repetía una y otra vez, una y otra vez, la misma respuesta a quienes la felicitaban: "Gracias, pero bueno...".

Con su cinta rosa de la suerte aún en el pelo -"me la quería quitar para el podio y se me ha olvidado" - y una sonrisa a medias, para la primera medallista española en Japón el día histórico fue "un día agridulce". Un movimiento, un único movimiento, le arrebató "la medalla que quería". "Me dicen que sólo tengo 17 años y es verdad que sólo tengo 17 años, pero si tuviera 20 pensaría lo mismo. Estoy contenta por la plata, no estoy triste, pero hay una parte de mí que me dice que no puedo disfrutar. Tenía algo que hacer y no lo he hecho", añadía Cerezo en una zona mixta que, para ella, fue complicada.

El ambiente era de celebración, pero no estaba para fiestas. Los directivos del Comité Olímpico Español y de la Federación Española la animaban y lo agradecía como podía. En las radios la esperaban familiares emocionados al otro lado del teléfono y ella lo que realmente quería era llamar a su entrenador, Jesús Ramal, y analizar qué había pasado. "Supongo que mañana me levantaré y le daré un poco más de importancia a la plata, pero creo que tardaré un tiempo en celebrarlo", asumía Cerezo con un cierre extraño para una jornada que realmente fue de alegría, de absoluta alegría.

"¡Duro, Adriana!"

Y es que hasta su derrota de plata, en las nueve horas anteriores, en los tres combates anteriores, Cerezo había disfrutado como nadie. En su debut olímpico, apareció en el Makuhari Messe Hall de Tokio, un centro de convenciones gigantesco, partiéndose de risa y saludando a las gradas, donde sólo había media docena de entrenadores y federativos. "¡Rápido, Adriana!", "¡Duro, Adriana!", le reclamaba en los combates la directora técnica, Elena Benítez, oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 -cuando el taekwondo era de exhibición-, y la joven, lo escuchara o no, cumplía. "He tenido suerte porque, pese a que no había público, tenía a gente que me animaba", reconocía.

Desde que llegó al pabellón hasta la patada definitiva de Wongpattanakit, Cerezo se lo gozó, vaya si se lo gozó, y sólo frenaba el disfrute para unos momentos de seriedad. Entre asalto y asalto, ausente su técnico de los Juegos por culpa de las restricciones del coronavirus, se sentaba en la silla del banquillo, cerraba los ojos y meditaba. No era mindfullness, una técnica que utiliza en sus entrenamientos. ¿En qué pensaba? "Sólo pensaba en la táctica que había hablado con Jesús por teléfono, en qué tenía que hacer justo después", confesaba en una rueda de prensa en la que ya se la observó agotada.

En apenas unas horas había pasado de ser sólo una adolescente, una estudiante más en la Selectividad, una recién matriculada en Criminalística, a ser una nueva referencia para el deporte español. De hecho, confesaba que justo antes de la ceremonia del podio había abierto el móvil y había descubierto que tenía "más mensajes que nunca". "¡Ni en mi cumpleaños! Tendré que poner filtros en Twitter y en Instagram", bromeaba, aunque no le faltaba razón. Este sábado empezó el día con 200 seguidores y lo finalizaba con casi 10.000.

"Perdonad, eh, es que no puedo dejar de pensar que tenía una oportunidad y la he perdido", se disculpaba antes de marcharse a dormir, todavía apesadumbrada. España celebró su primera medalla en los Juegos de Tokio y el descubrimiento de una nueva estrella y ella, en cambio, lamentó su suerte por un movimiento, un único movimiento, que la dejó sin el oro.


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