El éxito de Pintus o cómo explorar los límites: ''Te hace sentir a otro nivel y eso se queda de por vida''
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2 Mayo 2022

El éxito de Pintus o cómo explorar los límites: ''Te hace sentir a otro nivel y eso se queda de por vida''

Gustayo Poyet y Carlos Cuéllar analizan los métodos del preparador físico, clave en los logros del equipo de Ancelotti.

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La bruma que envuelve la figura de Antonio Pintus (Turín, 1962) no ha logrado disiparse en sus más de tres décadas en la gran elite del fútbol. Reacio a las entrevistas, el preparador físico del Real Madrid jamás se ha vanagloriado de sus éxitos, ni se ha apartado de una línea de trabajo asentada sobre tres pilares: la exigencia, la humildad y la lealtad. "Por encima de todo admiro que nunca haya querido darse mayor importancia. Y eso que para mí es el número uno", apunta Gustavo Poyet, una de las personas que mejor le conocen y con quien aún mantiene hilo directo.

El técnico uruguayo atiende a EL MUNDO desde Atenas, donde trabaja desde hace dos meses como seleccionador griego. "Cada vez que tengo alguna duda llamo a Antonio. Es una persona que nunca para quieta y que sigue estudiando y mejorando. Su método nunca es el mismo, sino que se va adaptando y ajustando a los tiempos", explica Poyet. Mucho ha cambiado el fútbol desde que ambos se conocieron en 1998, cuando Pintus acababa de fichar por el Chelsea de la mano de Gianluca Vialli. Pero aquel verano en Londres aún sigue fresco en la memoria de Poyet.

"Tuvimos la mala suerte de que llegara cuatro meses después que Vialli, porque fue una de esas pretemporadas de las que no te olvidas nunca. Nos dio una verdadera paliza, nos mató", rememora el ex jugador del Real Zaragoza. Aquellos dolores pronto merecieron la pena para Poyet, que unas semanas más tarde anotaría el gol de la victoria en la Supercopa de Europa ante el Real Madrid. "La imagen que todos guardamos es la del preparador que te hizo sentir en otro nivel físico. Y esa relación se queda de por vida", añade el charrúa.

Con las mismas intenciones de aquel verano de 1998, Pintus se presentó el pasado 5 de julio en Valdebebas, para dirigir su primera sesión de entrenamiento junto a Carlo Ancelotti. Tas dos años de ausencia, su regreso implicaba otra vuelta de tuerca para una plantilla que el pasado curso había sufrido 62 lesiones, una de las cifras más altas de LaLiga. A esa preocupante incidencia había que añadir el factor de la veteranía: más de la mitad de la columna vertebral del equipo llegaría a la primavera superando o rondando la treintena. De los 36 años de Luka Modric, a los 29 de David Alaba, sin olvidar a Karim Benzema (34), Toni Kroos (32), Casemiro (30), Dani Carvajal (30) o Thibaut Courtois (29).

Por si no fuera suficiente, Pintus se enfrentaba a la dificultad propia del torneo, un factor tan crucial como, a veces, ignorado. Según los datos del Observatorio de Fútbol CIES, LaLiga es el campeonato más exigente a nivel físico de Europa y América, con el mayor promedio de distancia total recorrida (103,7 km) y distancia cubierta con esfuerzos de alta intensidad, en torno a 20 km/h (803,9 m). Tras evaluar 365 partidos de la temporada 2020-2021, el CIES ha corroborado que nuestro campeonato ya supera con claridad a la Premier League, cuyos parámetros se reducen a 100,8 km y 790,1 m, respectivamente. Por tanto, cualquiera que pretendiese ser campeón debía correr tanto o más que el resto. Del minuto 1 al 90.

Pintus necesitaba adaptarse asimismo a la agenda de Ancelotti, obcecado desde primera hora con un once tipo expuesto a los rigores del calendario. Pero incluso con las tristes excepciones de Gareth Bale y Eden Hazard, el Madrid redujo un 30% su número de lesionados y llegó con piernas frescas a los momentos decisivos. En 34 jornadas, el equipo anotó 24 goles durante el último cuarto de hora. Un registro lejos del alcance de los líderes de las otros grandes campeonatos europeos: Manchester City (15), Milan (15), Bayern (16) y PSG (19).

Para lograr estos objetivos, el físico ha profundizado en su libreto, donde se entrelaza la tecnología con una rigurosa personalización. Carlos Cuéllar conoce este método de primera mano desde su etapa con Pintus en la Premier. "Antonio iba dos pasos por delante del resto. Con él tenías una sensación de lo más curiosa, porque te tenía reventado y a la vez entre algodones", rememora el madrileño. Corría el mes de octubre de 2013, cuando Pintus llegó al Sunderland tras una llamada de Poyet, sustituto de urgencia de Paolo di Canio. "Nos colocaba un GPS y analizábamos la distancia recorrida, la velocidad en los sprints o el tiempo a máximas pulsaciones. Eso, que hoy parece de lo más normal, a mí me resultaba muy novedoso, porque yo venía del Aston Villa y el Rangers, con unos métodos completamente diferentes", sostiene Cuéllar.

Por entonces, el defensa arrastraba recurrentes molestias en los isquiotibiales, de las que fue mejorando a las órdenes de Pintus. "Aunque quedaran 10 minutos de entrenamiento, no dudaba en sacarte si temía algún riesgo de recaída. Además, cada uno trabajaba según su posición en el campo, porque un central no necesita correr lo mismo que un lateral. Todo iba en función de los movimientos. Yo hacía progresiones de 20 metros, más o menos la distancia para una cobertura", abunda el ex jugador de Osasuna. En tres semanas mágicas, entre abril y mayo, aquel Sunderland amarró cuatro victorias que valían una permanencia.

"No me puedo quitar algo de la cabeza y más de una vez se lo he dicho a él en persona", incide Poyet. "Era esa sonrisita que te ponía cuando terminabas una serie. Venías destrozado y él te esperaba con el cronómetro en la mano. Yo le decía: 'No te rías', pero al mismo tiempo sentía la satisfacción de trabajar al límite. Esa era la perfección de su método", completa el seleccionador heleno, miembro del selecto club de amigos de Pintus. Un círculo de lealtades en el que se han manejado tipos tan variopintos como Didier Deschamps, Zinedine Zidane, Gianfranco Zola o Dennis Wise. "Es una de esas personas a las que quieres de por vida. Da igual donde esté, porque sabes siempre que siempre vas a seguir en contacto", finaliza el uruguayo.


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