El Festival de San Sebastián exige ''la presunción de inocencia'' para la película acusada de abusar de menores en el rodaje
22:45
15 Septiembre 2022

El Festival de San Sebastián exige ''la presunción de inocencia'' para la película acusada de abusar de menores en el rodaje

Zinemaldia regresa a la normalidad prepandémica con una sección oficial protagonizada por la mujer y el análisis de la violencia

Sección oficial Festival de San Sebastián: Pilar Palomero, Fernando Franco, Jaime Rosales y Mikel Gurrea competirán por la Concha de Oro

"No está claro que se pueda hablar de normalidad si tenemos en cuenta la situación que vivimos de guerra, de inflación, de crisis económica y ecológica, y de ese moralismo desaforado que echa por tierra una de los mayores logros del pensamiento progresista y civilizado: la presunción de inocencia".José Luis Rebordinos, director de todo esto, intenta poner orden entre la turbamulta de, precisamente, normalidad que se le viene encima. Lo hace tajante y se diría que ligeramente indignado. O muy indignado. Cumplidos los años de restricciones tras y durante la propia pandemia, la edición número 70 del Festival de San Sebastián que arranca el viernes con la proyección de 'Modelo 77', de Alberto Rodríguez, viene sacudida por la vuelta a, ya se ha dicho, lo normal. Lo normal de los cines llenos, las entrevistas cara a cara y, de repente, la emergencia completamente anormal de un escándalo (o incluso dos) no invitado a la fiesta.

En efecto, un largo reportaje de la revista alemana 'Der Spiegel' pone en cuestión 'Sparta', de Ulrich Seidl, una de las citas estrellas de la competición oficial. En el texto, y tras una investigación de cinco meses, se demuestra (o eso se pretende) que durante el rodaje en Rumanía de la película austriaca se registraron distintos episodios de explotación a menores y que en ningún momento se advirtió a los tutores de los niños que la temática de la película era la pedofilia de su protagonista. "No podemos permitir que la presunción de culpabilidad sustituya a la de inocencia e intervenga en la decisión de programar o no una película. En cuanto se demuestre, y lo demuestre un tribunal, que ha habido un delito actuaremos en consecuencia. No antes. Ya basta de esta tendencia castradora de ciertos sectores empeñados en dinamitar la libertad de expresión", comenta Rebordinos, ahora ya sí ofendido, para describir lo que no duda en calificar de "auténtica epidemia moralista".

A su manera, la polémica ha acabado por comerse casi todo (habrá segunda parte con la presencia del propio director el próximo domingo). Y hasta se ha extendido a otras producciones que, sobre el papel, nada tenían que ver con la tendencia del director austriaco (con su cine siempre riguroso y siempre pendiente de la cara B de la Europa del bienestar) a los tumultos. También la película argentina 'Pornomelancolía', de Manuel Abramovich, ha saltado a los titulares después de que el actor principal se quejara de maltrato por parte del director vía redes sociales. Y vuelve a tomar la palabra el director del festival: "Hay demasiada gente en las redes empeñada en decir al resto lo que tiene que ver, hacer y pensar". La queja se hace explícita ahora, pero el rodaje es de hace cuatro años. Y así.

Sea como sea, hay vida más allá de la anormal normalidad. La de este año es una edición en la que nombres consolidados en el circuito de festivales como el del francés Christophe Honoré, el coreano Hong Sang-soo, el citado Seidl o el chileno Sebastián Leilo se cruzan con voces casi nuevas pero debidamente avaladas como la estadounidense Marian Mathias o el japonés Genki Kawamura, de la mano de miradas en camino de reconocimiento como la de la colombiana Laura Mora o el danés Frelle Petersen o el chino Wang Chao o el argentino Diego Lerman. Y en medio, una sobrerrepresentación del cine español protagonizada por Isabel Coixet, Jaime Rosales, Pilar Palomero, Fernando Franco y el debutante Mikel Gurrea.

Puestos a trazar argumentos coincidentes que es la forma de dar con el espíritu del tiempo, un tema ocupa la parte alta. Tras dos años consecutivos en los que la Concha de Oro fue a manos de directoras (en 2020 fue el descomunal trabajo de Dea Kulumbegashvili, 'Beginnig', y en 2021, la ácida y demoledora 'Blue Moon', de Alina Grigore), el Festival de San Sebastián cada vez es más mujer. Como todo y como todos. Este año no abundan las realizadoras (sólo cuatro), pero sí las películas protagonizadas por ellas y que hablan de ellas: 'The Wonder', de Leilo, 'La Maternal', de Palomero, 'Los girasoles silvestres', de Rosales, 'Runner', de Mathias, 'La consagración de la primavera', de Franco, o 'Provisonal figures', de Marco Martins, son las más evidentes.

A su lado, la violencia como preocupación y funesto destino sería otro de los asuntos que más ocupa. Eso se ve en la tan polémica 'Sparta' como en 'El suplente', de Lerman, 'Los reyes del mundo', de Mora, o en 'El techo amarillo', de Isabel Coixet. Además de en no pocas de las citadas arriba donde se dan cita los dos argumentos señalados en la forma de la violencia contra la mujer.

Por lo demás, quedan dos Premios Donostia tan distintos entre sí como evidentes. Y muy poco polémicos. Juliette Binoche y David Cronenberg están ahí, cada uno en su estilo, para recordarnos que la normalidad que se nos viene encima puede llegar a ser completamente extraordinaria. Y así.


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