El fracaso de la negociación del CGPJ rompe la confianza entre Sánchez y Feijóo para abordar nuevos pactos
09:27
2 Noviembre 2022

El fracaso de la negociación del CGPJ rompe la confianza entre Sánchez y Feijóo para abordar nuevos pactos

La forma del PP de romper la negociación ha supuesto un punto de inflexión para La Moncloa, muy molesta por la filtración y cómo se hizo

La ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y el PP para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Constitucional (TC) no sólo ahonda la crisis institucional y constitucional que supone tener bloqueado el Poder Judicial, sino que deja importantes magulladuras entre PSOE y PP. La manera en que, al menos a día de hoy, ha saltado por los aires la negociación desató un profundo malestar en La Moncloa. Pedro Sánchez considera quebrada la confianza con Alberto Núñez Feijóo y ve cortocircuitada la posibilidad de emprender futuras negociaciones.

Gobierno y PP andan ocupados en descargar las culpas de la ruptura en el otro. Pero, más allá de las consecuencias para el Poder Judicial, se dibuja un horizonte difícil para futuros entendimientos entre los principales partidos políticos. Que Feijóo comunicase el pasado jueves la ruptura desvelando una conversación privada y mientras Sánchez se encontraba incomunicado volando de Sudáfrica a Angola, ha instalado un tremendo enfado en el presidente del Gobierno. «No se pueden filtrar conversaciones».

Sánchez considera quebrada la confianza con Feijóo, que el líder del PP se ha saltado todos los códigos. En La Moncloa advierten de que ahora tendrán que sopesar cualquier tipo de contacto con los populares, pues parten desde la desconfianza. La conclusión que saca el jefe del Ejecutivo y su equipo es que Feijóo «no tiene palabra». Creen que cualquier llamada o mensaje tendrá que medirse. Y, eso, condiciona todo tipo de diálogo.

PSOE y PP mantienen interlocución en el Congreso debido a la vida parlamentaria, pero el salto a grandes pactos de Estado se ensombrece. Hoy por hoy, parece que sólo el aumento del gasto en Defensa, pactado con la OTAN, y el despliegue de dos buques destructores más de EEUU en Rota, sellado con Joe Biden cuando visitó España en junio, puede llevarles por el mismo camino.

En La Moncloa hubo cierto optimismo cuando Feijóo relevó a Pablo Casado al frente del PP. Creían que, efectivamente, su aureola de más moderado lo convertía en un rival más de más empaque, pero también una persona con la que llegar a acuerdos. Pero no tardó en instalarse el recelo. La opinión en el Ejecutivo es que el presidente de los populares de primeras muestra predisposición pero luego dilata las decisiones y, al final, no se firma ningún pacto. «Para eso ya teníamos a Casado», concluyen.

Ponen como ejemplo máximo la reforma del artículo 49 de la Constitución para eliminar el término «disminuidos» de la misma, algo que consideran no debería ser problema.

Saludo entre Sánchez y Feijóo el 10 de octubre.Saludo entre Sánchez y Feijóo el 10 de octubre.JAVIER BARBANCHOMUNDO

Una muestra de que la reconducción de la relación es difícil es que el PP tiene el convencimiento de que Sánchez «miente siempre» y que «no es de fiar». En la entrevista que publicó ayer este diario, el negociador del PP, Esteban González Pons, expuso que mientras Bolaños les daba a entender que no había acuerdo con ERC para reformar el delito de sedición, Sánchez en su conversación telefónica con Feijóo confirmó que sí hay acuerdo. La conclusión que desprenden en Génova es que los pactos de Estado llegarán con «otro PSOE», pero no con Sánchez.

Mientras, en el Gobierno sostienen que «nada ha cambiado» sobre la sedición; «no hay novedad». Consideran que es una «excusa» del PP para «mantenerse en la rebeldía constitucional». Reiteran en el Gobierno que existe «un compromiso personal del presidente», de homologar el tipo penal de la sedición al del resto de países de Europa. Y que eso sigue vigente.

El Ejecutivo, donde existe también malestar por lo que consideran desplantes de los cargos del PP en los últimos actos institucionales presididos por Sánchez, insisten en que «la Constitución se va a cumplir», pero no ofrecen más pistas. La estrategia pasa por trasladar el mensaje de que Feijóo «está fuera de la Carta Magna y eso es un problema». «No son un partido de Estado».

No obstante, el escenario que se abre ahora sitúa al Gobierno en el mismo que se presentaba antes de abrir la negociación con el PP. Retomar el nombramiento de los dos magistrados del Constitucional que le corresponden, toda una prioridad ahora, pese a las dudas jurídicas que existen sobre que pueda hacerlo sin que el CGPJ designe a los dos suyos.

En Moncloa consideran la opción de que ante la «ruptura unilateral» del PP, los magistrados conservadores del órgano de gobierno de los jueces se avengan a negociar con el sector progresista los dos candidatos puede ser factible. Y designar estos magistrados del TC, lo que provocaría una mayoría progresista en este órgano, sería para La Moncloa todo un éxito en estas circunstancias.


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