El gen goleador de los Simeone que el Cholo no tenía
14:28
29 Diciembre 2021

El gen goleador de los Simeone que el Cholo no tenía

Los tres hijos del técnico del Atlético son delanteros. Gio, el mayor, con 26 años, lucha por el pichichi de la Serie A con el Verona. Giuliano, de 19, es máximo goleador del filial rojiblanco

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Nunca está de más contextualizar, sobre todo cuando hay un balón de fútbol de por medio. Giovanni (1995) llegó al mundo en pleno mes de julio madrileño, mientras su padre se preparaba sin saberlo para el asalto de aquel histórico Doblete del Atlético.

Giuliano (2002) nació en Roma, donde Diego Pablo apuraba sus últimos sorbos en la Serie A, vistiendo la camiseta del Lazio. Pasados unos meses, ya con 33 años, regresaría a Madrid para vivir su última aventura como futbolista rojiblanco.

Entre medias, irrumpió Gianluca (1998), que se presentó al mundo en Buenos Aires, unos pocos días después de que la selección argentina de Daniel Passarella, capitaneada por su papá, cayera en cuartos de final del Mundial de Francia.

Precisamente el Cholo jugó aquella Copa del Mundo como carrilero izquierdo, ante la sobredosis de centrocampistas (Almeida, Ariel Ortega, Verón) que movían el corazón de la albiceleste. «He jugado en todas las posiciones menos de portero. El técnico, Daniel Passarella, me decía que me veía de carrilero y entonces yo, que quería jugar como fuera, me sentía el mejor carrilero del mundo», reconocía fechas atrás Simeone, en una charla con Vicente del Bosque en 'El País'. Eso habla (y bien) de su capacidad de adaptación pero, sobre todo, de esa polivalencia que tanto valora hoy como entrenador y que él desplegaba sobre el campo. Sin embargo, aunque el gol no le era ajeno, siempre estuvo muy lejos de aproximarse al perfil de un delantero. Una mutación que, por ejemplo, sí logró desde el banquillo con Raúl García.

Mano a mano con Vlahovic e Immobile

Paradójicamente, el gol corre por las venas de sus hijos, que combinan ese espíritu guerrero intrínseco al apellido Simeone con el colmillo delante del portero contrario. Una pegada que se ha multiplicado en el caso de Giovanni y Giuliano, durante unos primeros meses de temporada desbordantes y afilados.

Gio, como se le conoce futbolísticamente a Giovanni, es el tercer máximo goleador de la Serie A italiana. Aunque ya había dejado detalles en el Génova, la Fiorentina y el Cagliari, ha sido en el Hellas Verona (está cedido por el conjunto sardo) donde ha explotado, con 12 tantos en 18 partidos. Sólo Vlahovic (16) e Immobile (13) suman más aciertos que él. La meditación, durante unos 10-15 minutos al día, es uno de sus secretos. Antes de su día más grande, con aquel póquer ante el Lazio en la victoria por 4-1, vio una película de Rocky para intensificar su motivación. Su mente y su espíritu, como le ocurre a su padre, nunca descansan. «Se me ocurrió mirar los entrenamientos del Atlético, tratando de estudiar su fase ofensiva y usarla en el Cagliari. Fue una manera para crecer durante la cuarentena», recordaba hace algo más de un año.

Giuliano cumplió 19 años el pasado 18 de diciembre. Y lo hizo como máximo goleador del grupo del Atlético B en la Tercera División RFEF. Ha firmado 11 tantos en 18 partidos. Ocho de ellos en los últimos ocho duelos del campeonato. Su olfato, además de su pelea incesante, es una de las virtudes que mantiene al filial rojiblanco al frente de la clasificación, en busca de un ascenso obligado y necesario, tras el batacazo de la temporada anterior.

De la cantera de River Plate

En verano, ante las ausencias por la Eurocopa y la Copa América, Giuliano fue el segundo jugador de campo con más minutos de la pretemporada (357 en cinco partidos), sólo superado por Saúl. Le faltó puntería (no marcó), pero le sobró entrega, desbocado en busca de cada balón. Dentro de unos días llega la Copa del Rey (6 de enero). Y frente al Rayo Majadahonda, líder de la Primera División RFEF, podría estrenarse en partido oficial con el primer equipo.

«Es muy difícil tener un hijo en el vestuario: para él, para la relación...», admitía hace un par de años Diego Pablo, cuando Gio, un adolescente cuando su padre aterrizó en el banquillo del Atlético, empezó a llamar la atención de la afición rojiblanca por sus dianas en Italia. Ahora, tanto él como su hermano pequeño, todos cincelados en la cantera de River Plate (también Gianluca, ariete del Ibiza de la Segunda RFEF), son una posibilidad que a buena parte de los fieles colchoneros no les disgustaría. Quizás quien menos claro lo tendría sería su propio padre, que disfruta con los progresos de sus hijos desde la distancia, saldando las deudas en esos partidillos de alto voltaje sobre el verde del jardín de casa.

En la Academia rojiblanca suelen repetir que si Gianluca no se apellidara Simeone, probablemente habría tenido más participación en el primer equipo. Y, quizás, Giovanni, que ahora comparte vestuario con Kalinic, irrelevante en su única temporada en el Atlético, también habría podido probar en su Madrid natal.


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