El irrelevante impacto del MeToo y el Caso Weinstein en el cine español
18:30
13 Enero 2023

El irrelevante impacto del MeToo y el Caso Weinstein en el cine español

El estreno de 'Al descubierto' invita a Andrés Vicente Gómez y María Zamora a explicar cómo ha cambiado la cultura sexual en la industria del cine

Sabine Prokhoris "El Me Too funciona como una religión política, cualquier reserva se percibe como blasfemia" Emma Cline "Hay algo de todos nosotros en Harvey Weinstein" Rebecca Solnit "Vivimos en un mundo en el que los hombres son depredadores y las mujeres son presas"

Parece que fue hace un siglo, pero sólo han pasado cinco años: el 5 de octubre de 2017, The New York Times publicó el primer artículo que denunciaba a Harvey Weinstein por acoso sexual y por haber sellado acuerdos económicos en, al menos ocho ocasiones, con sus víctimas. Lo firmaban Megan Twohey y Jodi Kantor, interpretadas por Carey Mulligan y Zoe Kazan en Al descubierto, película dirigida por la alemana María Schrader y basada en el libro She said (Libros del KO), donde las mismas periodistas detallan su investigación.

La película arranca con aquellas acusaciones de abuso sexual contra Donald Trump, investigadas por Twohey, que culminaron con el triunfo republicano en las elecciones de 2016. Un amargo preludio que no dejaba prever que las periodistas iban a «cambiar el mundo», por así decirlo, dándole al botón de enviar, en el último plano del filme. A lo largo de sus más de 360 páginas, el libro es mucho más exhaustivo y llega hasta el momento en el que Weinstein fue declarado culpable y condenado a 23 años de cárcel, en junio de 2020. Una semana antes del estreno de Al descubierto en nuestro país, el que fuera productor de Tarantino volvió a ser condenado, a otros 18 años, por otra violación y dos agresiones.

Antes de que Twohey y Kantor le dieran al botón de enviar, Weinstein, que ya ha cumplido 70 años, era conocido por sus tijeras. Así lo recuerda Andrés Vicente Gómez, uno de nuestros productores más veteranos: «Yo ya tenía muy mala opinión de Weinstein, porque era muy déspota y desconsiderado con los autores. Firmé con él para distribuir ¡Ay, Carmela! en Estados Unidos, pero quiso cambiar la escena final y Carlos Saura, que tenía por contrato el final cut, se negó. Estuvimos a punto de ir a pleito, y al final nos hizo bajar de 300.000 dólares el acuerdo que teníamos. Luego, en 1993, se tomó muy mal que Belle époque se llevara el Oscar cuando la suya, que era Adiós a mi concubina, se daba por ganadora. Despidió a su jefe de prensa y le dijo que tenía que matarme».

A Vicente Gómez no le sorprendió el escándalo: «Tenía una pinta de cerdo que no podía con ella. Yo no tenía ningún conocimiento de los abusos. Aunque cada año montaba una fiesta en Cannes, se supone que benéfica, a la que solía traer a Sharon Stone y en la que se le veía babosear mucho con las actrices», añade el productor.

Babosear, de hecho, es un verbo que resume muy bien una serie de actitudes que, sin llegar a cruzar las resbaladizas líneas rojas de lo que puede considerarse delito de abuso o acoso sexual, persiste en nuestro día a día. Al descubierto, una película dominada por su inmensa voluntad didáctica, llega hasta obsequiarnos con un ejemplo gráfico de baboseo: las periodistas están reunidas en un bar e irrumpe en la conversación el clásico ligón, directamente llegado de mediados del siglo XX. El caballero les suelta algo así como: «¡Eh, mi amigo, que está ahí al fondo, quería saludaros!». El intercambio va subiendo de tono, hasta que la periodista le suelta la palabra inevitable que en inglés empieza con F. Cualquier hombre conoce el baboseo de primera mano pero, como es sabido, el error es la base de la pedagogía y la vida es un aprendizaje continuo.

«Hay mucho baboso que no se da cuenta y que incluso se dice feminista», recuerda María Zamora a nuestro natural deseo de superarnos día tras día en lo bueno y en lo malo. La productora de las películas de Carla Simón, entre otras muchas, añade: «A veces es difícil distinguir la línea roja que separa el baboseo de lo que ya puede considerarse como delito. Creo que hay mucha desinformación, aunque hay excelentes iniciativas como la de la Academia del Cinema Català, que ha abierto una departamento de apoyo en el que dan asesoramiento legal».

Cuando decimos que el artículo de The New York Times «cambió el mundo», nos referimos, sobre todo, al del cine estadounidense en particular. Menos de una semana después, Ronan Farrow ya había publicado en New Yorker otro artículo en el que se acusaba a Weinstein de violación; el hashtag MeToo, creado años atrás por la activista Tarana Burke, se viralizó en esos días; surgió Time's up y se sucedieron los escándalos y las cancelaciones, todos casos particulares que nos resistimos a agrupar en una simple enumeración. Se cambiaron leyes: en el Estado de California, por ejemplo, se prohibieron los acuerdos económicos como los que había firmado Weinstein. Los sindicatos de actores desaconsejaron encuentros profesionales en lugares inadecuados, surgieron las cláusulas de moralidad en los contratos y aparecieron los coordinadores de intimidad en los platós. Algo más que simbólicamente, algunas mujeres ocuparon el lugar de hombres que se habían visto obligados a dimitir por conducta inapropiada. Ocurrió en los despachos de Disney, de Amazon y de Warner. La llamada «cultura del abuso» sería lo opuesto a la lucha contra la discriminación sexual.

Pero, ¿y en España? Se han dado casos sonados en el mundo de la política, de la ópera y del teatro. Pero en nuestro cine, aunque muchas actrices se han quejado de conductas abusivas, nadie ha dado nombres. «Puede que los violadores estén en otro sector, como el periodismo», bromea Vicente Gómez. «Yo llevo 60 años en la profesión, y nunca he visto nada raro, aquí la mayoría de las relaciones son consentidas. No me imagino a las actrices más maduras, como Carmen Maura o Concha Velasco, denunciando algo que pasó hace 40 años o más. Las chicas jóvenes, afortunadamente, se han formado en otros ambientes. Antes no estaba mal visto lo de cortejar y piropear. Ahora todo eso se ha matizado muchísimo y está bien que sea así», concluye.

Para María Zamora, que lleva 20 años en la profesión, «el problema es que las personas de las que he sabido que han sido víctimas de comportamientos totalmente inapropiados han preferido no decir nada. Y si ellas prefieren no decir nada, ¿qué vas a hacer tú? Creo que si no hablan es porque los que abusan suelen ser señores mayores que han amasado cierto poder a base de insistir, mientras que las víctimas suelen ser mucho más jóvenes y se juegan mucho. Hay un episodio de la serie Autodefensa que habla de todo esto».

En efecto, el episodio ocho de la serie de Filmin, titulado Actos colectivos, es un inquietante retrato de la omertá que imperaría en nuestro cine. A Berta Prieto y Belén Barenys, las it girls que protagonizan la serie, les ofrecen un papel en una película a cambio de sexo y acaban rompiendo la cuarta pared para preguntarle al público: «¿Quién puede permitirse denunciar públicamente un abuso?».

«Lo que más me sorprendió del caso Weinstein no fue tanto el caso en sí, que creo que era un secreto a voces, sino que el efecto cascada no llegara a España», concluye Zamora. «De haberse dado, unos se atreverían a hablar y otros irían con más cuidado. La gente mira demasiado hacia otro lado. En Francia han pasado cosas, pero aquí, en el ámbito del cine, nada. Está claro que en España nos ha faltado un caso Weinstein».


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