El Kremlin utilizó agentes encubiertos y tramas delictivas para impulsar el 'procés' catalán
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13 Septiembre 2021

El Kremlin utilizó agentes encubiertos y tramas delictivas para impulsar el 'procés' catalán

Tras los intentos de Josep Lluís Alay de atrarse a Moscú a la causa independentista, el coronel del GRU Denis Sergéyev estaría localizado en Barcelona el día del referéndum ilegal.

Rusia interfirió gravemente en el proceso separatista catalán. Y, al contrario de lo que muchos creían hasta ahora, no se limitó a amplificar masivamente el ruido en redes sociales aquellos fatídicos días de octubre de 2017. A medida que se van desvelando detalles de las investigaciones judiciales y periodísticas en curso, el alcance de la injerencia rusa adquiere unas dimensiones cada vez más preocupantes en cuanto a su profundidad, audacia y extensión en el tiempo.

El asunto, sin embargo, no ha generado aún en nuestro país la atención política y mediática que merece. En parte porque la cuestión de la trama rusa del procés es compleja política y diplomáticamente y su rédito electoral, incierto. Pero también -y esto es más preocupante- como resultado de nuestra débil cultura de seguridad nacional.

La intentona separatista de 2017 fracasó, pero quizás España estuvo más cerca del abismo de lo que se cree. Con una Rusia receptiva al separatismo catalán, si el expresidente Carles Puigdemont no hubiera optado por la huida, los acontecimientos podrían haberse desarrollado de forma muy diferente.

Josep Lluís Alay durante una intervención en un programa de TV3.

Josep Lluís Alay durante una intervención en un programa de TV3. Fuente: TV3

Josep Lluís Alay, jefe de la aún hoy denominada “oficina del presidente Puigdemont”, ha mantenido relaciones estrechas y frecuentes con individuos vinculados con los servicios de inteligencia rusos. Eso es lo que se desprende de la pieza del sumario en la que se analiza el contenido de uno de los dos teléfonos móviles que le fueron incautados por la Guardia Civil y que, hasta hace unos días, permanecía bajo secreto de sumario.

Entre estas relaciones destaca la que mantuvo -y mantiene- con Alexander Dmitrenko, ciudadano ruso afincado en Cataluña, cuya solicitud de ciudadanía española fue rechazada porque “se tiene conocimiento probado del trabajo consciente [que realiza] para los Servicios de Inteligencia rusos, de los que recibe misiones” y porque “se han detectado contactos de este individuo con algunos de los principales líderes del crimen organizado transnacional de origen ruso, para los que también realiza diferentes labores”.

La intentona separatista de 2017 fracasó, pero quizás España estuvo más cerca del abismo de lo que se cree

Eso es lo que dice literalmente una notificación del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) del 9 de septiembre de 2020, firmada por la propia Secretaria de Estado Directora, Paz Esteban. Se trata de un documento que utiliza el Ministerio de Justicia como respaldo para denegar la nacionalidad a este individuo. Pues bien, este es el compañero de viaje en al menos una de las visitas a Moscú del jefe de la oficina de Puigdemont.

En palabras del propio Alay hace unos días en el canal 3/24 de TV3, en estas reuniones en Moscú con Dmitrenko y otros interlocutores, se abordaron “asuntos que interesan en la creación de un Estado independiente”.

El documento del CNI ha sido publicado en el digital nacionalista El Mon, donde se trata engañosamente de hacerlo pasar por un informe para desacreditarlo al indicar que “solo tiene siete líneas”. Así, el lector infiere que se trata de un trabajo chapucero y poco solvente. Muy al contrario, el tono rotundo de la notificación y la mención explícita de disponer de “fuentes propias”, invita a preguntarse si el CNI se está dirigiendo al interesado o a quienes le encargan las misiones desde Moscú.

Por otra parte, en noviembre de 2016, Dmitrenko había creado en Londres una sociedad llamada CatRus Capital que, según la nota publicada por La Vanguardia el 16 de febrero de 2017, se trata de un “lobby ruso catalán [que] tiene como función normalizar las relaciones empresariales y societarias entre empresas rusas y catalanas sin mostrar ningún reparo, al contrario, al proceso soberanista catalán”.

CatRus Capital organizó un acto público en Andorra que incluía una visita al Parlamento de Cataluña en septiembre de 2018 sujeta hoy a escrutinio por la identidad sospechosa -por ser muy probablemente falsa- de al menos uno de los miembros de la delegación rusa. Aquella visita, según la nota de prensa publicada por los organizadores, tenía como objetivo “conocer los últimos acontecimientos relacionados con el proceso independentista y tener una visión global sobre la estabilidad política de Catalunya [sic] de cara a la captación de inversores extranjeros”.

CatRus sería un “lobby ruso catalán [que] tiene como función normalizar las relaciones empresariales y societarias entre empresas rusas y catalanas sin mostrar ningún reparo al proceso soberanista catalán"

De igual forma, Dmitrenko ha tenido también vínculos societarios con Artyom Lukoyánov, hijo adoptivo de Vladislav Surkov, un influyente asesor del presidente ruso, Vladímir Putin, que ha estado al cargo de buena parte de la actividad encubierta rusa en la guerra del este de Ucrania y otras operaciones en el exterior como la de Osetia del Sur, territorio secesionista de Georgia.

Según un informe de inteligencia al que ha tenido acceso el The New York Times, Lukoyánov viajó a Barcelona acompañado de Sergei Sumin -coronel del Servicio Federal de Protección, una agencia de la Federación rusa dedicada a la protección de altos funcionarios- a los dos días de iniciarse el intento de toma del aeropuerto de El Prat de Barcelona en el transcurso del denominado Tsunami Democràtic.

Yevgeny Primakov.

Yevgeny Primakov.

Alay también ha mantenido contactos estrechos con Yevgeny Primakov, nieto del conocido dirigente del mismo nombre y un peso pesado en el ecosistema actual del Kremlin. Entre otras, Primakov, preside Rossotrudnichetsvo, una organización dedicada, en teoría, a los intercambios culturales e internacionales y las relaciones con los rusos afincados en el extranjero, pero que, en la práctica, está ampliamente considerada como una pantalla para operaciones de la inteligencia rusa en el exterior.

Unidad 29155 del GRU

Entre los asuntos sobre los que aún no se ha arrojado suficiente luz el más relevante e inquietante es, sin duda, el de la actividad en Barcelona de los miembros de la unidad 29155 del GRU, la inteligencia militar rusa. Se trata de una unidad dedicada a operaciones clandestinas de sabotaje y asesinato.

Existen indicios -en algunos casos certeza y pruebas sólidas- de participación de sus miembros en operaciones de desestabilización por media Europa, incluyendo la voladura con explosivos de un depósito de armas en Chequia en octubre de 2014; o varios en Bulgaria entre febrero de 2014 y marzo de 2015; el atentado en Reino Unido contra el exespía Sergei Skripal y su hija en marzo de 2018, utilizando un arma química prohibida por las convenciones internacionales; o el intento de golpe de Estado en Montenegro en octubre de 2016.

Este último resulta de particular interés en clave del proceso separatista catalán. El golpe abortado en Podgorica tenía como objetivo impedir por la fuerza unas elecciones parlamentarias y, en última instancia, el acceso a la OTAN de Montenegro. Es decir, no se trataba sólo de explotar mediática y diplomáticamente un contexto político propicio, sino de orientarlo en un determinado sentido mediante acciones directas sobre el terreno. Un año después, dos miembros de la unidad 29155 fueron condenados in absentia por estos hechos.

El coronel del GRU Denis Sergéyev se encontraba en Barcelona el día del referéndum ilegal

El probable líder de esta unidad del GRU, el coronel Denis Sergéyev, se encontraba en Barcelona el día del referéndum ilegal y es sólo uno de los varios miembros de la inteligencia militar rusa detectados en la ciudad condal en los últimos cinco años.

Según fuentes de la inteligencia francesa, esta unidad disponía de un piso franco en los Alpes franceses. De ahí, por ejemplo, que varios de los desplazamientos a Barcelona se realizaran por medios terrestres, lo que dificulta el seguimiento.

En cualquier caso, imaginemos que Carles Puigdemont, en lugar de huir en el maletero de un coche hubiera optado -como temían muchos en Barcelona- por una agenda más audaz y decidida hacia la secesión atrincherándose en el palacio de la Generalitat con un grupo armado de Mossos d'Esquadra afines al proceso separatista. Y al mismo tiempo, unos cuantos miles de personas bloquearan la plaza de Sant Jaume y las calles aledañas. Es en ese tipo de escenarios -que no resultaban en absoluto inconcebibles en otoño de 2017- donde cabe interpretar (o conjeturar) sobre el papel de una unidad como la 29155.

La última imagen conocida del coronel Denis Sergéyev es de 1999.

La última imagen conocida del coronel Denis Sergéyev es de 1999.

Lo apuntado hasta aquí no es más que una mínima parte de los datos e indicios en proceso de investigación y análisis. A medida que se levante el secreto de sumario de otras piezas o si las indagaciones periodísticas hallan nuevas pruebas, en particular de posibles vías de financiación encubierta, será posible ir completando el puzle de la injerencia rusa en Cataluña.

De momento, para contextualizar los datos apuntados conviene tener en cuenta varios aspectos. El primero y más importante a la hora de entender el porqué es que no se trata de una intervención normativa y que emplee medios diplomáticos. Es decir, al Kremlin no le mueve la convicción del supuesto derecho a la autodeterminación de Cataluña. De ahí que resulte erróneo, por ejemplo, indicar que Rusia no tendría interés en esta secesión por haber tensiones territoriales dentro de la Federación Rusa. Desde Moscú, la cuestión catalana se ve a través del filtro de su confrontación con la Unión Europea y la OTAN. Es decir, como un contexto propicio para fomentar la desestabilización interna de uno de sus miembros y más si los cabecillas secesionistas se muestran abiertos y colaborativos.

Al Kremlin no le mueve la convicción del supuesto derecho a la autodeterminación de Cataluña

El hecho de que algunos de los operativos identificados tengan vínculos claros y otros más difusos con los servicios de inteligencia rusos; y de que existan, aparentemente, varias líneas de intervención simultáneas -algunas claramente orientadas a la simple estafa económica- no invalida necesariamente ninguna de las hipótesis. Al contrario, refuerza la idea de que el entorno del Kremlin percibía con notable interés el proceso separatista catalán y podía contemplar todos los escenarios en función de la evolución de los acontecimientos sobre el terreno.

Es importante entender que el Estado ruso vive un proceso acelerado de desinstitucionalización y que los mecanismos aparentemente informales -es decir la subcontratación dentro del ecosistema que rodea al Kremlin- es una práctica no sólo habitual, sino preferente cuando se trata de operaciones delicadas en el exterior. Y esto incluye el crimen organizado.

A diferencia de lo que sucede en, por ejemplo, Italia, donde la mafia y la camorra tratan de infiltrarse el Estado, en Rusia, el Estado ha nacionalizado el crimen organizado. Así, lo puede emplear de forma encubierta en el exterior como un multiplicador de fuerza, a la par que aumenta lo que se conoce como “denegación plausible”.

En Rusia, el Estado ha nacionalizado el crimen organizado y así lo puede emplear de forma encubierta en el exterior

En el ámbito militar ruso existe una abundante literatura que reflexiona sobre cómo la frontera entre la guerra y la paz resulta cada vez más difusa y la infiltración por cualquier medio y actor y operaciones de influencia en el territorio de adversarios se convierten en instrumentos decisivos para alcanzar fines estratégicos.

Resumiéndolo mucho, el Kremlin está convencido de que las llamadas Revoluciones de Colores, las Primaveras Árabes o el Maidán ucraniano no fueron más que golpes de Estado inducidos por Occidente con fines geopolíticos para subvertir regímenes afines a Rusia. Y, en consecuencia, el Kremlin lleva alrededor de una década embarcado, en palabras de un prominente analista ruso, en darle a probar a EEUU de su “propia medicina”.

La injerencia en las elecciones de Estados Unidos en 2016 o ahora en las de Alemania, o la cooptación de líderes en la izquierda y derecha populista europea, tiene como fin último neutralizar estratégicamente a las potencias euroatlánticas desde dentro. Si un golpe en Montenegro que truncara su acceso a la Alianza Atlántica pudo haber tenido un gran impacto geopolítico, imaginemos el de la súbita quiebra territorial de un miembro importante de la Unión Europea y la OTAN como es España. Ese es el marco en el que interpretar la injerencia rusa en Cataluña.

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