El Mallorca hurga en la herida de un Atlético a la deriva
10:34
10 Noviembre 2022

El Mallorca hurga en la herida de un Atlético a la deriva

Un gol de Muriqi en la primera parte otorga un claro triunfo a los de Javier Aguirre ante un desesperado rival, que sólo creó peligro en los minutos finales

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Como si el mensaje del líder ya no calara, como si ya nada por lo que luchar mereciera la pena. El Atlético de Madrid despidió su 2022 en Liga de la peor forma posible, con unas sensaciones insólitas, sin alma ni fútbol en Mallorca, donde cosechó otra derrota deprimente. El tempranero gol de un imperial Muriqi fue como un muro ante el que ya no pudo reaccionar, petrificado ante un rival con más brío y también con más fútbol. [1-0: Narración y estadísticas]

A falta del duelo del sábado de Copa del Rey en Soria, contra el modesto Almazán, el parón por el Mundial es como un alivio para la deriva rojiblanca, como un tiempo muerto ante el que hacer borrón y cuenta nueva. Expulsado de mala manera de Europa y dilapidando sus opciones en una Liga que ya tiene tan cuesta arriba que suena a quimera al menos inquietar a Barça y Madrid, lo que se le presupone a este club. En el Visit Mallorca encadenó su quinto partido sin ganar. Sus únicas ocasiones claras fueron dos remates de Morata a pases de Griezmann salvados por Rajkovic ya en la pura desesperación de los últimos minutos, cuando intercambiaba golpes con un Mallorca que amenazaba con sentenciar. Demasiado poco, demasiado agónico.

Porque el Atlético comenzó fiel a sus malas costumbres recientes. A los 15 minutos ya había recibido un gol. Qué fue de aquella leyenda de equipo impenetrable, de esa defensa desde la que se construía un imperio. Esta vez falló el que nunca falla, porque las desgracias siempre pueden ir a más. Un flojísimo y centrado despeje de Oblak acabó en los pies de Jaume Costa, que se la puso en bandeja al killer Muriqi. Cinco partidos consecutivos marcando el kosovar, el dueño anoche del partido en Son Moix.

Los fallos de Morata

Su colmillo contrastaba con el de Morata en la otra punta del campo. Iba a tener una noche horrible el delantero madrileño. Se quedó dos veces mano a mano con Rajkovic en la primera parte, sendos estupendos desmarques. En el minuto ocho, increíblemente, ni se decidió a chutar: la pasó atrás a nadie. En el 20, ahora sí, atinó sin pensarlo demasiado. Pero estaba en fuera de juego.

Era otra vez remar contra la corriente, juguetear con la ansiedad. El Atlético se cava su propia desgracia a base de desidia, de pura desconcentración. De ganas de vacaciones ya en noviembre. Acudía tarde a los duelos, medía mal los desmarques propios y ajenos y no creaba ningún tipo de peligro. Ni el tempranero cambio de Correa por Molina, retrasando a Llorente al lateral derecho, surtió algún efecto. Los primeros 45 minutos fueron un desastre, para tranquilidad de un Mallorca sólido.

Que a la vuelta tampoco sintió agobio. Porque esta vez, ni reacción de orgullo se atisbó en el Atlético. Kang-in Lee campaba a sus anchas y Muriqi pudo hacer el segundo de cabeza. Los de Simeone respondieron con un zurdazo de Morata desde fuera del área y dando entrada a Lemar. Poco más.

Poco después, el Cholo gastó su tercera ventana de cambios con la vuelta de Koke y el debut de Reguilón. Cunha, que no ha marcado ni un gol en toda la temporada y que se queda sin Mundial, ni apareció. Y Joao Félix, goleador en Cádiz y salvador del empate ante el Espanyol, estaba ausente por acumulación de tarjetas.

Y, otra vez, en esos minutos finales que tampoco le están dando ninguna alegría, el Atlético se tiró con todo. Abrió el campo y Griezmann apareció (¿por qué tan tarde?). Pero lo dicho, la fortuna no está con quien la necesita de forma desesperada. Sus dos magníficos pases no los aprevechó Morata. El primero, un mal remate en boca de gol. El segundo, una asombrosa parada de Rajkovic. Como antes lo había sido la de Oblak ante Amat.

En el barullo del descuento, en una acrobática chilena de Witsel pudo llegar el empate que quizá hubiera hecho justicia ante el ardor rojiblanco en la recta de meta. Pero la fiesta era local, segundo triunfo consecutivo para el Mallorca de Javier Aguirre que se marcha de vacaciones, al contrario que su rival, con los deberes bien hechos: lejos de los puestos de peligro.


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