El Milan deja al Atlético mirando al abismo
10:44
25 Noviembre 2021

El Milan deja al Atlético mirando al abismo

Los rojiblancos caen con un tardío gol de Messias y quedan condenados a un final extremo en Oporto. Los italianos entran en la ecuación (0-1).

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De repente, el Atlético se miró al espejo y se encontró cara a cara con el abismo. Con esa sensación real de poder caer al vacío antes de tiempo. El cabezazo de Junior Messias, cuando un punto parecía una buena solución. El Milan, superior durante buena parte de la noche, quedó atravesado en la garganta rojiblanca, como una espina que puede acabar resultando fatal para el porvenir de los de Simeone en Europa. Ahora le espera una final en Oporto, donde la victoria es la única salida posible a un rocambolesco laberinto con el que nadie contaba al inicio de la temporada.

Amaneció el Atlético casi tan frío como la noche. Le costó lo suyo arrancar, a pesar de que estaba la vida en juego. Entre otras cosas, todo hay que decirlo, porque el Milan le apretaba la garganta en cada intento de salida del balón. Arrancaba Giroud, que dejó en el banquillo a Ibrahimovic, y le secundaban el resto de sus compañeros, con los centrocampistas Kessié y Tonali dirigiendo la orquesta. El balón pasaba por las botas rojiblancas casi de puntillas. Y cuando lo hacía, los rossoneri encontraban la manera de forzar el error. Los italianos mostraron la misma fuerza con la que acobardaron a los de Simeone en San Siro durante media hora. Sólo que, empujados por su gente, los locales se revolvieron en busca de una portería, la del rumano Tatarusanu, que parecía más lejana de lo normal. Cada pelota era una aventura que, durante un buen rato, tuvo color lombardo.

Es verdad que Oblak no pasó apuros, pero, también, que la tensión se sentía en cada aproximación del Milan, con Brahim agitando su batuta. De Paul y Koke trataron sin éxito de echar el ancla y poner cordura. Resultaba complicado porque enfrente había un rival que pendía de un hilo. Un hilo que pasaba por conquistar el Metropolitano. Simeone combustionaba en la banda con cada pérdida. Con cada posesión efímera, siempre condenada por la pierna dura de algún adversario. Más allá de un par de latigazos de Marcos Llorente, lanzándose su colmillo a la espalda de la zaga, apenas tuvo algo que echarse a la boca la afición rojiblanca, que se desfogaba cada vez que Theo Hernández, un ex de la cantera, agarraba un balón. Suárez era como una isla y Griezmann no alcanzó a rematar ninguna de esas incursiones de Llorente.

Otro gesto tras el descanso

Fue un corte vital de Stefan Savic, de regreso tras sus cuatro partidos de sanción, lo que logró subir un par de grados la temperatura, que falta hacía. Pero el Atlético se marchó al vestuario con un puñado de interrogantes. En Anfield, el marcador ni se inmutaba.

Y Simeone debió de darles la respuesta a algunas de esas cuestiones porque el Atlético regresó con otro gesto en su mirada. En apenas cinco minutos, Lemar y Griezmann ya habían levantado más polvareda que en todo el primer acto. Del francés fue el primer disparo a puerta rojiblanco. Tatarusanu y su traje reflectante dieron réplica al intento. Pero el Milan no tardó en bajarle los humos. Apenas asomaba alguna certeza para el destino atlético, que navegaba entre la incertidumbre del marcador y la sombra de un rival de porte severo.

Trató de agitar la noche Simeone con la entrada de Lodi y, sobre todo, de Correa, que debía tener algún asunto pendiente con Theo, acaso de algún entrenamiento en otra época, vista la entrada que le regaló al poco de entrar. El corazón del Metropolitano se encogió cuando Savic, desde el suelo, repelió un disparo de Bakayoko, en una contra rossonera, montada por Ibrahimovic, que pintaba fatal.

Demasiado lejos

Sin Luis Suárez, que vivió atormentado a la carrera y apenas dejó un disparo lejano, y sin Griezmann, acaso desfondado por tener que ir de aquí para allá, afrontó el Atlético el último intento para asaltar la portería del Milan que, a pesar de los espasmos en el inicio del segundo acto, pareció tan lejana como lo había estado durante todo el encuentro. Al menos, el Liverpool ya había impuesto su ley ante el Oporto y eso suavizaba cualquier imprevisto en el Metropolitano. Porque por la cabeza de Simeone no pasaba otra cosa que no fuera la de salir ileso. Un punto era más preciado que el oro.

Por si acaso, Jan Oblak obró un milagro ante Zlatan Ibrahimovic, que el línea anularía por fuera de juego. Pero nada pudo hacer con el cabezazo de Junior Messias, que condena al Atlético a un final extremo en Oporto, dentro de un par de semanas. Quizás aún con el shock. Allí no valdrá otra cosa que no sea vencer en Portugal. Vistas las dudas rojiblancas en Europa, el asunto no se antoja nada sencillo.


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