El ministro de Defensa ruso visita a las tropas a la espera de nuevas órdenes
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19 Diciembre 2022

El ministro de Defensa ruso visita a las tropas a la espera de nuevas órdenes

Conflicto Ucrania se prepara para otro intento ruso de tomar Kiev

A falta de progresos rusos sobre el mapa, Moscú quiere que sus ciudadanos vean a los líderes del país muy activos respecto a la guerra. El ministro de Defensa de Rusia, Serguei Shoigu, se dejó ver por fin en algún lugar supuestamente cerca del frente. Vestido de camuflaje, pasó revista a las tropas del país involucradas en la escalada militar Moscú en Ucrania. Gesto serio, consultas con otros uniformados que le acompañan y ninguna pista o mensaje sobre el siguiente movimiento.

Ahora mismo las fuerzas terrestres rusas se han centrado más en la defensa que en el ataque. La ofensiva queda en manos de cohetes y drones, formando oleadas de ataques aéreos en las ciudades han dejado a millones de civiles ucranianos sin calefacción, luz o agua durante días y días mientras llega el invierno. Lo que en febrero empezó como una operación para desnazificar lo que Vladímir Putin llamó un "pueblo hermano", en diciembre es mera demolición de infraestructuras de esa misma gente.

Las imágenes las distribuyó el Ministerio de Defensa. Parece que Shoigu sobrevoló alrededor de las áreas de despliegue de tropas y por fin visitó posiciones avanzadas de las unidades rusas en la zona. No quedó claro de inmediato cuándo tuvo lugar el viaje o si Shoigu había llegado a pisar Ucrania.

El anuncio de la visita se produjo un día después de que Putin se reuniera con los altos mandos del país, incluido el propio Shoigu, para escuchar propuestas sobre cómo creen que debería proceder la campaña militar de Rusia en Ucrania. Una "operación militar especial" que el propio Putin admite que va para largo.

Derrotas

Una cascada de derrotas en 10 meses de combates ha obligado a cambiar los contornos de una guerra a la que el Kremlin todavía no se atreve a llamar por su nombre. El conflicto, el más mortífero de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, ha matado a miles de personas, desplazado a millones y ha convertido ciudades rusoparlantes en escombros. Moscú confiaba en una Ucrania desafecta a su soberanía y un Occidente moderadamente indiferente al futuro de esa república postsoviética. Pero de momento no se apresura a escuchar las amplias peticiones de Moscú.

Muchas cosas que podían ir mal han ido mal. Empezando por la retirada rusa de las áreas alrededor de la capital Kiev y la segunda ciudad de Ucrania, Járkov. Después, más recientemente, hubo un repliegue más ordenado de la ciudad de Jerson. Pero el gran revés ha sido en casa, cuando el empuje ucraniano obligó a Putin a hacer lo que dijo que no sucedería: llamar a los reservistas y reclutar rusos entre una población a la que se quiere mantener no indiferente pero sí ajena a Ucrania. En ese punto, a finales de verano, se generaron críticas públicas de blogueros militares, altavoces belicistas habitualmente dóciles al dinero del Kremlin y también algunos aliados.

En la reunión de Putin durante el fin de semana se le vio sentado junto a Shoigu y el jefe de Estado Mayor Valery Gerasimov. Ambos están algo chamuscados por los repliegues de estos meses y han sido fustigados por los comentaristas de la línea dura, que celebran en las tertulias los bombardeos de ciudades ucranianas pero se muestran escocidos con cada repliegue. En las fotos oficiales distribuidas por el Kremlin también se mostró asistiendo a las reuniones al general de las Fuerzas Aéreas Sergei Surovikin, nombrado el 8 de octubre para dirigir la campaña militar y que ha movido parte de las tropas que sacó de Jersón para engrosar el ariete ruso en Donbas. Ahora tiene que demostrar que aquel repliegue táctico fue una buena decisión estratégica.

Oleadas de misiles

Con Surovikin las oleadas de ataques aéreos en las ciudades han dejado a millones de civiles ucranianos sin calefacción, luz o agua durante días y días mientras llega el invierno. Los analistas creen que Rusia prepara otra ofensiva, de ahí el ahorro, el reclutamiento y el lento -pero barato- desgaste infligido a Ucrania con cohetes.

Pero aunque Shoigu y Surovikin han conseguido de momento evitar nuevos repliegues, aparecen problemas nuevos cada vez más recurrentes: las incursiones ucranianas en suelo ruso, que este mes han llegado más lejos que nunca y este domingo volvieron a repetirse junto a la frontera. Los ataques en la región rusa de Belgorod, que limita con Ucrania, mataron a una persona e hirieron a otras cinco, dijo el gobernador regional. La guerra vuelve a retumbar en el oeste de Rusia.


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