El momento de Javier Aguirre, apasionado del béisbol y lector de geopolítica
23:46
8 Noviembre 2022

El momento de Javier Aguirre, apasionado del béisbol y lector de geopolítica

El entrenador del Mallorca, Javier Aguirre, ha fabricado un equipo de autor tras salvar al club del descenso en la última jornada. ''Es tranquilo y transparente'', dicen fuentes próximas al vestuario. Este miércoles se mide al Atlético, al que entrenó tres años

Javier Aguirre (Ciudad de México, 1958) es un apasionado del béisbol. Aunque nadie sabe si es una de esas chanzas con las que, entre guasa y guasa, va colocando su mensaje, dice que sabe más del deporte americano que de fútbol, su oficio desde que debutó como jugador con el América hace ya 43 años.

Quizá por eso, el vasco Aguirre sabe manejarse bien en el alambre. En esa pausa que antecede al bateo, la tensa espera antes de entrar en el reino del talento, el azar y las leyes de la física.

Sabe que, como ocurre en el béisbol, puedes tener las bases llenas y alcanzar la tercera, pero luego fracasar. Como también a la inversa, pasar de la depresión a la gloria con una súbita bola milagrosa. En el deporte de élite, la antesala del éxito o del fracaso no es más que eso: la antesala, la tercera base, donde él jugaba cuando era beisbolista.

Esa fue exactamente la situación que el técnico mexicano tuvo que manejar en mayo, cuando el Mallorca le llamó para sustituir al carismático Luis García Plaza y desactivar la bomba del descenso en la liga pasada, una situación familiar pero igualmente dura para un club que hace cinco años pasó por el purgatorio de la Segunda B.

La llegada a Mallorca

Con 400 partidos entrenados en primera, donde ha dirigido a Osasuna (allí labró una epopeya), Atlético de Madrid, Zaragoza, Espanyol y Leganés, Aguirre llegó a la isla a falta de 9 jornadas, con el club bermellón en puestos de descenso.

En su sexto partido en el banquillo, un rival directo, el Granada, mandó a la lona al equipo, endosándole un 2-6 en Son Moix. El vestuario se vino abajo justo antes de visitar una plaza durísima: Sevilla.

Entonces el mexicano, hijo de emigrantes vizcaínos -un comerciante y una pianista- del barrio de Lindavista, se caló la gorra como los entrenadores de las películas y arengó al equipo. "Fue en Sevilla, en un entrenamiento previo al partido", explican quienes vivieron de cerca el episodio, que en el club se tiene como "el gran punto de inflexión". Se encerró sólo con sus jugadores y sus colaboradores más estrechos. Habló largo y tendido, desde sus 63 años de trotamundos. Ese día la bola empezó a cambiar el rumbo.

El equipo arrancó un meritorio empate a cero en el Pizjuán y en las dos jornadas que restaban sumó dos victorias. La salvación llegó precisamente en Pamplona.

El club llegó lleno de barro a la última base. Pero llegó.

Vuelta al estilo y Muriqi

Cuando Aguirre aterrizó en Palma, donde vive con su esposa en una zona más céntrica que las habitualmente elegidas por los futbolistas, muchos mallorquinistas asumieron que era un bombero para intentar salir de un incendio sordo que estaba calcinando el buen inicio del pasado año. Un hombre "tranquilo y transparente", dicen fuentes próximas al vestuario, que quizá no traería fútbol vistoso pero que, en la mejor de las expectativas, cimentaría el sistema defensivo y haría un equipo rocoso.

Los seis goles del Granada derrumbaron el tópico pero, desde ahí, y con más tiempo, el equipo se ha amoldado al estilo reconocible de Aguirre. Pragmático, duro de batir.

"Es un equipo con uno de los repliegues más intensos de Primera, que desgasta al rival, cierra muy bien los pasillos interiores y en cuanto puede asesta golpes, con Muriqi como piedra angular", explica Tolo Ramón, analista y experto del fútbol balear. El aguerrido delantero kosovar suma 7 de los 12 goles de un equipo que apenas ha encajado 13, tantos como Real Madrid y Atlético, su rival de este miércoles, al que el propio Aguirre entrenó tres años. Irónicamente, la escuadra del Cholo se mide este miércoles a un rival que aplica a sus rivales su misma medicina.

El 0-2 al Villarreal del domingo fue el principal exponente de esa forma de jugar. Con solo un 27% de posesión, el Mallorca noqueó al conjunto levantino con dos golpes, dos swings para el home run.

Aguirre conoce y admira a Rafa Nadal y siempre lleva un libro en la mochila. Lee en el avión y el hotel. Le gusta leer de geopolítica.

Este miércoles contra su ex equipo, que llega herido en su amor propio, no estará en el banquillo por sanción. Desde fuera, intentará ganar en el tablero de la estrategia. Tomar las bases. Y seguir sumando.


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