El peronismo, señalado por el 'golpe' de 2001
12:08
30 Diciembre 2021

El peronismo, señalado por el 'golpe' de 2001

América Latina El peronismo sufre una clara derrota y pierde el control del Senado por primera vez en la era democrática Argentina Horacio Rodríguez Larreta, el candidato a vencer al peronismo en 2023

Felipe González conoce perfectamente la historia, porque la vivió en primera fila. En diciembre de 2001 sucedió lo siguiente en el octavo país más grande del planeta: el hombre que había ganado las elecciones presidenciales dos años antes debió abandonar el poder, víctima de sus propios errores, presionado por una revuelta popular y el nulo apoyo de la oposición y de buena parte de su propio partido. Diez días después, la presidencia vacante fue ocupada por el hombre que había perdido aquellas elecciones de 1999.

El país es Argentina, el presidente que cayó, Fernando de la Rúa, y el perdedor de las elecciones que se convirtió en presidente, Eduardo Duhalde. La Casa Rosada había sido conquistada por una coalición comandada por la Unión Cívica Radical (UCR), pero el período de cuatro años fue completado por el peronismo, que a partir del 2003 mutó en kirchnerismo para gobernar hasta 2015 y regresar en 2019. González había llegado a Buenos Aires para intentar ayudar a que no se desbarrancara un país en el que empresas españolas muy importantes tenían mucho dinero invertido.

Veinte años después de la gran crisis argentina, esa que incluyó la confiscación de los ahorros (corralito), la devaluación compulsiva de esos ahorros (corralón) y 39 muertos en las manifestaciones en el centro de Buenos Aires y otros sitios del país, sectores del radicalismo y afines a él comienzan a alzar la voz: lo que sucedió en aquel 2001 no fue normal, aquello no fue la calle derribando a un gobierno.

"Esa narrativa es falsa", escribió recientemente Hernán Lombardi en el sitio seul.ar. Lombardi era ministro de De la Rúa, y lo acompañó hasta el helicóptero en el que abandonó la Casa Rosada el día que redactó su renuncia.

"Lo que ocurrió en diciembre de 2001 fue que Fernando de la Rúa cayó tras un golpe institucional liderado por sectores del justicialismo (peronismo) bonaerense. Así lo viví en aquel momento y desde entonces mis convicciones no hicieron más que reafirmarse. Me baso para decir esto no sólo en los hechos de los que fui testigo y los indicios que percibí en aquellos días de furia, sino también en declaraciones posteriores que hicieron, entre otros, Cristina Fernández de Kirchner y Eduardo Duhalde".

Juan Bautista Yofre, que fue el jefe de los servicios de Inteligencia durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), reveló recientemente en Infobae los apuntes personales de De la Rúa durante su convulsa presidencia. Y en esas notas, De la Rúa acusa a Raúl Alfonsín, el padre de la democracia argentina, presidente entre 1983 y 1989, de haberse unido a Duhalde para sacarlo de la presidencia.

"No hubo ninguna expresión de apoyo de Alfonsín. Difícil saber qué le pasó a Alfonsín para apoyar el golpe civil, qué compromisos lo movieron, qué ideas lo cruzaron para quedar él, en nombre de la República, señalado con participación en el golpe que para peor iba contra su correligionario y amigo, presidente por la Alianza que juntos formamos; y unirse a Duhalde, que motorizaba gente al centro de la ciudad con graves consecuencias", escribió De la Rúa, que murió en 2019.

Alfonsín murió en 2009, y nunca explicó con claridad su papel en aquella crisis, aunque sí sus convicciones: la situación era dramática, De la Rúa no tenía las agallas necesarias para ser presidente y lo imprescindible era un gobierno de unidad nacional.

Yofre señala un aspecto clave previo a la debacle de 2001, la traición del vicepresidente filoperonista de De la Rúa.

"Para muchos, la crisis que lo eyectaría de la Casa de Gobierno comenzó en octubre del 2000, cuando el vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez renunció tras una denuncia de corrupción en el Senado para aprobar una ley (...) Dejó intempestivamente su cargo, se envolvió en la bandera de la honestidad, pero unos meses más tarde intentaría volver al mismo gobierno. Luego volvió a la función pública con el kirchnerismo. (La justicia) nunca pudo probar nada, a pesar de que De la Rúa nunca faltó a las sesiones orales y varios de los acusadores terminaron investigados por falsos testimonios, lo mismo que la oficina anticorrupción".

La confabulación contra De la Rúa -posible también por la debilidad política y anímica del presidente- fue evidente. Eran, además, meses muy convulsos en el mundo, que seguía aún en estado de conmoción tras los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Aquello también impactó en Argentina, porque el gobierno de Washington ya no tenía tiempo, ganas ni oídos para ayudar en las habituales tribulaciones económicas del país. Así, Argentina comenzó a deslizarse por un tobogán que la llevó al infierno.

"¡Que se vayan todos!", gritaba la gente al son de las cacerolas. Entre la caída de De la Rúa y la llegada de Duhalde, el 2 de enero de 2002, hubo cinco presidentes diferentes en una semana. El que más duró, el peronista Adolfo Rodríguez Saa, denuncia hoy haber sido víctima de un golpe urdido por Duhalde y poderosos empresarios que exigían la devaluación del peso. Lo mismo que esos empresarios le reclamaban a De la Rúa: salir de la convertibilidad que determinaba que un dólar valía un peso. Hoy, un dólar vale 200. O lo que es lo mismo: el peso no vale nada.

Lo cierto es que González llegó tarde a Buenos Aires. Cuando pudo reunirse con De la Rúa, el 21 de diciembre de 2001, tenía enfrente solo a un presidente renunciado que regresó a la Casa Rosada solo como gentileza para con el ex jefe del gobierno español.

"No permita que las plazas se conviertan en ámbito de discusión política", escribió De la Rúa que le dijo González. Palabras al viento, como también las de Josep Piqué, por entonces ministro de Asuntos Exteriores de José María Aznar, en su encuentro con el efímero presidente Rodríguez Saa.

Veinte años después, ¿sirvió el trauma de 2001 para algo en Argentina? El politólogo Andrés Malamud cree que sí, y compara Argentina con Perú: "Todos los ex presidentes peruanos están prófugos o presos o se suicidaron para no ir presos (...). Mientras tanto, todos los presidentes argentinos desde 2003 terminaron su mandato y ninguno está preso, aunque muchos consideren esto inapropiado. Perú tiene la macroeconomía sana y la política rota; Argentina, al revés".


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