El PSOE y el entorno de Yolanda Díaz reniegan ahora de la agresividad de Irene Montero
14:21
1 Diciembre 2022

El PSOE y el entorno de Yolanda Díaz reniegan ahora de la agresividad de Irene Montero

La grave acusación lanzada por la ministra de Igualdad contra el PP, a quien acusó de fomentar la ''cultura de la violación'', consiguió poner de manifiesto una nueva grieta en el espacio confederal de Unidas Podemos

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El clima parlamentario no se sosiega. Lejos de atemperarse, la tormenta arrecia alentada por las formaciones más extremas del Congreso con la peculiaridad de que una de ellas está sentada en el Gobierno. Si la semana pasada fue una diputada de Vox la que desató la tempestad descalificando a Irene Montero, de la que aseguró tener como único mérito «haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias», ayer fue la propia ministra de Igualdad la que decidió transformarse de víctima en agresora acusando al PP de «promover la cultura de la violación».

Entre ambos episodios hubo una diferencia sustancial: en la primera ocasión Montero obtuvo un respaldo cerrado; en la segunda, recibió un reproche general que incluso llegó a latir soterradamente en los escaños morados más alineados con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Así, la grave acusación lanzada contra el primer partido de la oposición consiguió poner de manifiesto una nueva grieta entre los bandos que una y otra encabezan en el espacio confederal y, desde luego, dejó en evidencia la soledad de Montero, sólo arropada por la ministra de Asuntos Sociales, Ione Belarra, dentro del propio Gobierno.

La titular de Igualdad fue reconvenida incluso por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, algo muy poco usual dada la sintonía ideológica que suele existir entre quien preside la Cámara y el Ejecutivo. Batet, ante la protesta y el escándalo unánime que la acusación de Montero provocó en la bancada del PP, reclamó a la ministra «contención en las expresiones» para no enturbiar «la convivencia ni dentro ni fuera» de la sede parlamentaria.

Montero, en respuesta a una pregunta de la diputada popular Belén Hoyo, instándola a rectificar la ley de sólo sí es sí, se agarró a las campañas de publicidad de la Comunidad de Madrid y de la Xunta de Galicia contra la violencia de género, para acusar a los populares de «promover la cultura de la violación». Las citadas campañas incluyen entre sus mensajes frases como «No debería pasar, pero pasa» o «Vigila tu copa» cuando salgas por la noche.

Después el reproche llegó de la mano de la ministra de Justicia, Pilar Llop y del portavoz del grupo Socialista, Patxi López. La primera recordó que el Partido Popular es una de las formaciones firmantes del Pacto contra la Violencia de Género y votó a favor de la ley del mismo nombre, de manera que no puede decirse de él, precisó, que «fomente ningún tipo de cultura contra las mujeres» aunque haya que instarle a «seguir avanzando en la igualdad». El segundo, opinó que las palabras de la ministra no habían sido «las mejores» y lamentó que «precisamente ella», que la semana pasada «sufrió esa agresividad verbal» sea quien «juegue con esto».

En el mismo sentido se expresó la secretaria de Igualdad del PSOE, Andrea Fernández, quien no dudó en criticar las «expresiones gruesas» proferidas por Montero. «España merece mucho más que eso», dijo, aludiendo no sólo al espectáculo vivido ayer en la Cámara sino también al de la semana pasada, y al de este martes cuando una diputada de Vox se refirió a los socios «filoetarras» del Gobierno.

Tensión creciente

El episodio protagonizado por Irene Montero ha elevado aún más la tensión que se vive en el Gobierno desde hace semanas a cuenta de los proyectos de ley promovidos por el ministerio de Igualdad.

A los problemas suscitados en el seno del feminismo socialista por buena parte del contenido de la conocida como Ley Trans, se han venido a sumar los efectos nocivos -revisiones a la baja de condenas a agresores sexuales e incluso excarcelaciones- que desde su entrada en vigor ha provocado la llamada ley de sólo sí es sí. Una norma que pese a sus evidentes defectos jurídicos, de momento, el Ejecutivo se resiste a rectificar con la excusa de que debe estudiarse con detenimiento el pronunciamiento del Tribunal Supremo sobre su aplicación.

Pero, si la intervención de Irene Montero generó malestar en las filas del socio mayoritario del Gobierno, en las del partido minoritario de la coalición provocó una nueva división.

La ministra de Derechos Sociales y secretaria general de Podemos, Ione Belarra, se situó inmediatamente de su lado, así como su número dos, la secretaria de Estado para la Agenda 2030, Lilith Verstrynge, que es también secretaria de Organización del partido morado. Ambas forman parte del círculo más afín a Irene Montero y que está cada vez más distanciado de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

De hecho, entre los miembros del espacio confederal más próximos a Díaz se produjo de inmediato un intento por evitar apoyar expresamente a la titular de Igualdad.

Así, diputados destacados de esta formación como Enrique Santiago, secretario general del PCE y predecesor en el cargo de Verstrynge, o la diputada de En Comú Podem, Aina Vidal, optaron por limitarse a señalar la «irresponsabilidad» e «insensatez» de las campañas publicitarias contra la violencia de género desplegadas en Madrid y Galicia y defender la existencia del concepto «científico» de «cultura de la violación», pero evitaron secundar la acusación de Montero contra los populares.

"Máxima gravedad"

Las reacciones a las palabras de la ministra de Igualdad cayeron a lo largo de la jornada como un torrente. La portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, pidió la palabra en el Pleno después de que Montero hablara para expresar una enérgica portesta. Después, en pasillos advirtió que «todo tiene un límite». En su opinión, el «insulto» de la ministra reviste la «máxima gravedad». «Alguien así», dijo, «no puede estar sentado en el Consejo de Ministros porque por su boca habla el Gobierno».

También el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se pronunció reprocando al Gobierno ser «el primer hooligan de la política española». Feijóo volvió a pedir la dimisión de la ministra reclamándole además que «asuma su responsabilidad y recoja ya su despacho» por los efectos perniciosos que está teniendo la ley del sólo sí es sí .

La diputada del PP, Marta González, que ayer mantuvo un debate con la ministra de Justicia, Pilar LLop, precisamente sobre esta ley, recalcó que Irene Montero «ha pasado de supuesta víctima de violencia política a agresora».

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, amplió su crítica al PSOE por convertir el Congreso «en un lugar del que te expulsan si llamas filoterrorista a Bildu pero se permite que una ministra acuse a la oposición de promover la cultura de la violación». «Es una vergüenza», zanjó.


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