El Real Madrid y su peculiar empeño en unas segundas partes que nunca fueron buenas
15:26
2 Junio 2021

El Real Madrid y su peculiar empeño en unas segundas partes que nunca fueron buenas

El fichaje de Ancelotti supone otro capítulo en una serie de reencuentros que terminaría llevándose por delante a Beenhakker, Toshack, Camacho o Capello.

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El fichaje de Carlo Ancelotti, seis años después de su despido, no representa una nota discordante en la historia del Real Madrid. Más bien todo lo contrario. A lo largo de las últimas décadas, el club blanco ha concedido segundas oportunidades a quienes habían dejado un grato recuerdo durante su primera etapa. No sólo se trataba de gente de la casa, como Vicente del Bosque o Luis Molowny, sino de entrenadores de reconocido prestigio, que no pudieron reeditar sus anteriores éxitos. Este es un breve repaso a la peculiar predilección del Madrid por los viejos conocidos.

La Quinta y la pesadilla de Tenerife

En 1986, sólo unos meses después de su proclamación como presidente, Ramón Mendoza buscaba un entrenador que potenciase el talento de la Quinta del Buitre, reforzada un año antes con Rafa Gordillo, Hugo Sánchez y Antonio Maceda. Leo Beenhakker, que había guiado al Ajax con sólo 37 años, conocía además la Liga a través de su experiencia en el Real Zaragoza. De modo que su propuesta ofensiva se antojaba ideal para ese equipo que aunaba clase y pundonor. Los tres títulos de Liga, más una Copa del Rey, se certificaron con gran brillantez, pero las decepciones en la Copa de Europa minaron su credibilidad.

En enero de 1992, tras una breve etapa en el Ajax y la selección holandesa, fue de nuevo reclutado de urgencia por Mendoza. Una de las decisiones más controvertidas de la historia del club, dado que el equipo de Radomir Antic, completada la primera vuelta, lideraba la tabla con tres puntos de ventaja sobre el Barcelona. Además de la eliminación ante el Torino en la Copa de la UEFA, las 19 jornadas ligueras restantes se saldaron con sólo nueve triunfos y aquel tétrico epílogo en Tenerife.

Leo Beenhakker, en una imagen de 1992.Leo Beenhakker, en una imagen de 1992.MARCA

De los 107 goles al "cerdo volando"

La Copa de Europa, tras aquella semifinal ante el PSV y el 5-0 en San Siro, se había convertido en una obsesión, así que a Mendoza no le quedó sino otra vuelta de tuerca. Sus cuatro años en San Sebastián, con un título de Copa y un subcampeonato liguero, avalaban a Toshack como el más apropiado para ese salto cualitativo. Desde luego, el equipo bordó el fútbol camino de la quinta Liga (107 goles), pero otro descalabro frente al Milan de Arrigo Sacchi borró cualquier opción de futuro.

El explosivo carácter del galés, acostumbrado a los roces con las estrellas, resultaba demasiado tentador para Lorenzo Sanz, que en febrero de 1999 le entregaría un vestuario plagado de egos, capaz de sacar de quicio al bueno de Guus Hiddink. El vigente campeón de Europa caería ante el Dinamo de Kiev y acabaría aquella Liga a 11 puntos del Barça. Aun así, Toshack arrancó la siguiente temporada. Su errático deambular terminaría de forma abrupta con una frase inmortal: "Es más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabéu a que yo rectifique".

Dos ligas insuficientes

"Tengo tres años de contrato. En ese tiempo haré del Real Madrid el mejor equipo del mundo". La advertencia llevaba el sello de quien había ridiculizado a Johan Cruyff: 4-1 en la final de Atenas. Fabio Capello aterrizaba en el verano de 1996 con Pedja Mijatovic, Roberto Carlos, Clarence Seedorf o Davor Suker bajo el brazo. Sin distracciones en la competición europea, su Madrid libró una emotiva batalla ante el Barça de Ronaldo Nazario. En cualquier caso, él tenía decidido desde febrero volver con Silvio Berlusconi. Sólo unos meses más tarde, el 20 mayo de 1998, se confirmaría en Amsterdam su certero pronóstico.

El ensueño de la Séptima siguió flotando durante más de una década por Chamartín. Hasta que Ramón Calderón pudo convencer de nuevo a ese huraño italiano vero, presto siempre a comandar su legión de centuriones. El título de Liga de 2007, con remontadas inverosímiles, aún se recuerda con nostalgia por el Bernabéu. Insuficiente crédito por entonces, cuando aún se manejaba aquel confuso concepto de la excelencia.

Fabio Capello y Lorenzo Sanz, en una imagen de 1996.Fabio Capello y Lorenzo Sanz, en una imagen de 1996.EFE

Portazos prematuros

El detonante fue una discusión con Juan Onieva, vicepresidente económico, a propósito de unas cláusulas abusivas contra sus ayudantes Juan Carlos Lorenzana y Pepe Carcelén. El 8 de julio de 1998, solamente 22 días después de firmar un contrato de dos temporadas, José Antonio Camacho cerraba su efímero primer capítulo en el banquillo del Madrid. Uno de los momentos más disparatados en 119 años de historia.

El periplo en la Selección, no obstante, reactivaría al murciano, que en 2004 sucedió al vaporoso Carlos Queiroz. Superó el verano. Y tres jornadas de Liga, más una de Champions, salpicadas por los ridículos ante Leverkusen y Espanyol. "Mi trabajo no se ve plasmado en el equipo y no le puedo sacar el máximo rendimiento", explicó antes de su segundo portazo.

Zidane y la súplica de Florentino

Era enero de 2016 y ni el más entusiasta podría haberlo imaginado. Un 2-2 en Mestalla sentenció a Rafa Benítez y todo el poder pasó a manos del técnico del Castilla, con apenas 57 partidos en Segunda B. El principal propósito de Zinedine Zidane cupo en una frase: "Es fundamental estar cerca de los jugadores y tener una buena relación con ellos". Así que bajo esos parámetros de flexibilidad, tanto en lo táctico como en lo afectivo, se fraguó la etapa más gloriosa del Madrid en el siglo XXI. La tercera Champions en cadena, con una creatividad fluyendo a borbotones, fue sólo el preludio de la espantada.

Zidane, con su aura de invencibilidad y su magnética sonrisa, pudo haberlo dejado ahí y no atender, en marzo de 2019, la súplica de Florentino Pérez. Sin embargo, su pasión madridista fue más fuerte. Con una plantilla más limitada, donde los veteranos seguían asumiendo un rol esencial en la planificación deportiva, el francés se reafirmó en sus convicciones. El nivel competitivo, por momentos, resultó conmovedor. Pero ni siquiera con eso basta en el Madrid.


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