El Sadar o el viejo infierno del Real Madrid: ''Era peor calentar que jugar''
10:24
9 Enero 2021

El Sadar o el viejo infierno del Real Madrid: ''Era peor calentar que jugar''

Ex jugadores recuerdan las calientes visitas a Pamplona del equipo blanco. Buyo: ''Había tintes políticos que calentaban los partidos''

Recuerda Paco Buyo que en su época como jugador del Real Madrid (1986-97) tenía compañeros que se negaban a botar los saques de esquina cuando al equipo le tocaba jugar en El Sadar. Muchos años después de aquello, un campeón del mundo con España confesaba sobrecogido tras su primera visita a Pamplona que, si por él fuera, nunca más volvería a jugar en el estadio rojillo. Y otro Paco, de apellido Pavón (2001-07), lo resume todo con una frase: «Las visitas a Pamplona eran maravillosas... hasta que entrabas en el campo. En la ciudad recibíamos el cariño de muchos madridistas y el respeto de quien no lo era, pero luego...».

Quizá en una lista de las rivalidades más célebres del fútbol español no encuentre espacio la que desde los años 80 mantienen el Real Madrid y Osasuna, pero pocas como ella han suscitado una pasión tan intensa, que ha ido derivando de la violencia en los años de la Transición a la sana intensidad con la que actualmente se viven estos partidos en El Sadar. Un Osasuna-Madrid es siempre una de las grandes citas del calendario, pero el de esta noche no lo será, pues faltará lo que la hace única, la afición rojilla. Una hinchada siempre caliente y pasional que rompe el medidor de decibelios con cada visita del conjunto blanco.

La Transición y el nacionalismo

El ascenso de Osasuna a Primera en 1980 tras casi dos décadas de ausencia fija el inicio de la rivalidad. Son años de recién estrenada libertad en España y del auge del nacionalismo radical tanto en Navarra como en el País Vasco. Un cóctel que, en el fútbol, estalla en las visitas al Sadar del Madrid, un equipo que en círculos abertzales, relacionados con el grupo de hinchas radicales Indar Gorri, servía de símbolo del imperialismo español que buscaban combatir. «Había mucha tensión en la sociedad y eso se traducía en una disposición del público, además de la deportiva, un poquito diferente. Era una forma de sacar la adrenalina que parte de la sociedad tenía dentro en esos momentos y ahí se desahogaba», explica Enrique Martín Monreal, protagonista rojillo de aquella década (1979-88) como futbolista y posteriormente entrenador y técnico de cantera en Tajonar.

«Había unos tintes políticos que cargaban de demasiada tensión estos partidos, con la mano blanda de la Federación y de los Comités de Competición. Sabíamos de antemano lo que nos íbamos a encontrar. San Mamés y Atocha también eran campos marcados por esos tintes políticos, pero El Sadar era con diferencia el más agresivo. Valía todo para intimidar al contrario, nos podían lanzar todo tipo de objetos porque no había mano dura. Las sanciones eran muy light y a veces incluso se censuraban imágenes en televisión», añade Buyo.

Un tornillo lanzado a Valdano

El portero gallego quedó, muy a su pesar, como icono de aquella rivalidad llevada en ocasiones hasta el vandalismo. En enero de 1989, un petardo lanzado desde la grada en el minuto 43 le alcanzó y el árbitro decidió suspender el encuentro. Los 47 minutos restantes se jugarían a puerta cerrada en La Romareda, logrando el Madrid el empate a uno. Algo más de dos años antes, en 1986, las víctimas fueron Jorge Valdano y Ricardo Gallego. El argentino recibió el impacto de un tornillo en la cabeza y el madrileño el de una castaña en el ojo.

«El problema era en un fondo, una esquina concreta, y no tenía nada que ver con el Real Madrid, pero aprovechaban cuando iba el Real Madrid para montar más lío. El resto del campo se portaba fenomenal con nosotros. Yo he ido varias veces a Pamplona cuando estaba Camacho de entrenador y siempre me han tratado con cariño. Sabíamos lo que iba a pasar y dónde se iba a concentrar el problema. Había mucha presión, pero probablemente lo sufría más el árbitro que nosotros», recuerda el madridista Gallego (1980-89).

«En aquella época la gente se ponía un poco loca y perdía los papeles. No se puede ir al fútbol a tirar petardos, monedas, mecheros... Gracias a Dios, ha mejorado todo y la gente se comporta mucho mejor», rememora el osasunista Patxi Ripodas (1979-89). En esa década, el Madrid sólo logró dos victorias y dos empates en sus nueve visitas al Sadar. «A nosotros esa presión ambiental nos venía muy bien de cara a tener más intensidad y al equipo contrario le fastidiaba y le generaba mucha inseguridad, porque la presión era muy alta», confiesa Martín Monreal.

El paso de los años y la progresiva madurez de la sociedad fue rebajando la agresividad de los Osasuna-Real Madrid. Han seguido siendo partidos con un ambiente hostil con el conjunto blanco, pero los incidentes fueron cada vez más anecdóticos y aislados. Casualidad o no, los resultados han ido favoreciendo cada vez más al Madrid: en los 21 partidos de Liga disputados desde 1990, Osasuna sólo ha logrado cuatro victorias, la última en enero de 2011.

El partido, con todo, ha seguido marcado en rojo en el calendario de cualquier osasunista. «Siempre ha sido un partido especial. El Sadar es un estadio más tipo inglés en el que se genera bastante presión, con la gente muy cerca del césped. Cada partido era un continuo bombardeo de cánticos a nuestro favor y en su contra», recuerda el histórico capitán César Cruchaga (1997-2009).

Pavón, claro, lo ve de otra manera: «La gente estaba muy cerca, metiendo muchísima presión, era muy desagradable para nosotros. Era peor calentar que jugar, porque si estabas en la banda los tenías tan cerca que te hacían de todo. En cualquier otro campo, salías a calentar y te podías parar a estirar o quedarte quieto. Allí cuando calentabas tenías que estar todo el rato en movimiento y sin pararte. Porque te sentías como si vas a la feria y te tiran con una escopeta».


Etiquetas:  #El #Sadar #o #el #viejo #infierno #del #Real #Madrid #Era #peor #calentar #que #jugar

COMENTARIOS