El saltito de Oyarzabal: precisión recuperada en los penaltis, aquel piso compartido y un 47 de pie
02:10
4 Julio 2021

El saltito de Oyarzabal: precisión recuperada en los penaltis, aquel piso compartido y un 47 de pie

El mediapunta no es titular para Luis Enrique, pero siempre aparece en los momentos clave. Falló tres penaltis este año tras una racha de 16 aciertos. Ajustició a Croacia y dio el pase ante Suiza.

De Casillas a Simón Otra tanda para soñar de nuevo con la gloria Crónica España llora sangre para llegar a semifinales Opinión El momento de ser más Luis Enrique que nunca La pizarra Nuestra fuerza es el balón

La escena es recurrente. Se ha repetido en cada partido de España en esta Eurocopa. Mikel Oyarzabal (Eibar, 1997), un tipo de pulsaciones bajas, espera paciente su turno dejándose la garganta para animar a sus compañeros. Porque él y Thiago acostumbran a acompasar el calentamiento con gritos y aplausos. Y cuanto más aprieta la intriga, con el marcador sobre el alambre, Luis Enrique suele reclamarle. Salvo ante Eslovaquia, donde la vida de España ya no corría peligro, Mikel asoma cuando más quema el balón. Las dos prórrogas ante Croacia y Suiza han sido suyas. En la primera empaquetó los cuartos de final tras una asistencia de Dani Olmo. En la segunda, el viernes, sobre el verde del galáctico estadio de San Petersburgo, se vistió de Cesc Fábregas para mandar a España a semifinales, burlando a Sommer en el último lanzamiento de la tanda de penaltis.

Un capítulo más de ese romance que Mikel mantiene desde los 11 metros y que amenazó con romperle el corazón en el amanecer de este 2020. Su técnica hasta hace unos meses parecía infalible. Se apartaba unos metros, avanzaba lentamente hacia el balón, daba un saltito y marcaba. Así sucedió de manera consecutiva hasta en 16 ocasiones. Y al igual que le ocurrió a Sergio Ramos, de repente, el vacío. Sin previo aviso llegaron tres errores que le hicieron replantearse sus principios desde esa distancia. Uno, en una tanda como la del viernes, frente a Ter Stegen, en las semifinales de la Supercopa de España. En cierto modo, de manera involuntaria, claro, Unai Simón espantó muchos de sus demonios. Su acierto en la final de Copa del Rey 2020 frente al Athletic le subió la autoestima. Un tanto que valió un título histórico para la Real Sociedad, el equipo de su vida. Seguramente aquello fue un impulso para plantarse delante de Sommer, doble verdugo de Ramos, y anotar otra hermosa cita en su diario de abordo. "Por el camino se te pasan muchas cosas por la cabeza, pero tenía muy claro dónde iba a tirarlo", admitía aún con el subidón del billete a semifinales. El saltito, eso sí, se lo ahorró.

Este sábado no habían transcurrido ni 24 horas cuando Mikel apareció de nuevo por el campo de entrenamiento de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, donde lo retratan como un chico "introvertido, tranquilo y observador". Aún con un puñado de mensajes en su móvil por responder. Aún con la imagen de esa piña y los gritos desenfrenados de Unai Simón. Del frenesí a la calma del cuartel general, donde ahora toca preparar el asalto a Wembley. Su historia en la selección es algo atípica. Del Bosque le hizo debutar en mayo de 2016, unos días antes del arranque de la Eurocopa de Francia, ante la ausencia de los jugadores del Real Madrid y el Atlético, finalistas de la Champions, y del Barcelona, que disputaba la final de Copa. El caso es que aterrizó en la absoluta con 19 años, antes de haberse estrenado con la sub'21. Desde 2019, ha sido fijo en las convocatorias tanto de Robert Moreno como de Luis Enrique: cinco goles en 18 partidos.

En la cocina

Mikel se maneja con humildad, pero, también, con decisión. Siendo ya jugador de Primera División no tuvo el menor reparo en compartir piso con algunos amigos de la carrera para que le ayudaran, como así fue, a terminar Administración y Dirección de Empresas. Sus tortillas, al parecer, eran uno de los platos estrella en aquella cocina. Ahora es el segundo capitán de la Real Sociedad y, también, uno de los secretos del rumbo de ese vestuario. Ha recibido dos ofertas del Athletic, pero su fidelidad está siempre por encima (239 partidos, 64 goles y 45 asistencias). Por cierto, desde Luis Arconada, en la Eurocopa de 1984, ningún jugador donostiarra había escalado hasta unas semifinales continentales con España.

No tiene representantes. Son sus padres quienes le guían, ya que considera que nadie le conoce mejor que ellos. Los mismos que, siendo un crío, cuando la natación le tenía más hechizado que el fútbol, le acercaban a jugar torneos sueltos. Hoy su valor de mercado, según la web especializada Transfermarkt es de 70 millones. Sus pies son cotizados y no sólo por su talla. "Vivo con eso desde que tengo uso de razón. De joven ya tenía el pie así de grande", reconocía en una entrevista con este periódico, a propósito del 47 que calza.

Está claro que este no es el mejor verano para que Oyarzabal monte ningún plan. Tampoco le importa. Desde hace 34 días vive en una nube con la selección. Y cuando el viento de la Euro pase, casi sin descanso, llegarán los Juegos Olímpicos de Tokio, para ponerse a las órdenes de Luis de la Fuente junto a sus compañeros de la Real Mikel Merino y Martín Zubimendi. Es el saltito de Mikel.


Etiquetas:  #El #saltito #de #Oyarzabal #precisión #recuperada #en #los #penaltis #aquel #piso #compartido #y #un #47 #de #pie

COMENTARIOS