El templo del judo donde Muhammad Ali casi pierde una pierna
07:22
25 Julio 2021

El templo del judo donde Muhammad Ali casi pierde una pierna

El Budokan se construyó en Tokio para los Juegos Olímpicos de 1964. Pero por el tatami también han pasado los Beatles, Bob Dylan y Eric Clapton. Ahora, la organización de Tokio 2020 ha puesto grabaciones con sonido ambiente de fondo para simular la presencia de público.

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Una de las peleas más extrañas de la historia subió a un ring a Muhammad Ali y Antonio Inoki. Fue en Japón, en 1976, bajo unas reglas especiales que ahora se considerarían precursoras de las artes marciales mixtas. Un boxeador contra un luchador en un templo del judo de Tokio. El rey de los pesados contra el campeón en artes marciales. Dos leyendas en un estadio, el Nippon Budokan, que se levantó 12 años antes para debutar en los primeros Juegos Olímpicos que acogió el país asiático. Fue una pelea adelantada en el tiempo, loca y revolucionaria.

Cuando los dos hombres se encontraron cara a cara por primera vez, Ali anunció que apodaría a Inoki El Pelícano debido a su gran mentón en forma de diana. El japonés lo miró en silencio y respondió, a través de un traductor: "Cuando tu puño se conecte con mi barbilla, ten cuidado de que tu puño no se dañe". El combate en 15 rounds acabó con Inoki con un pie roto y con la pierna izquierda de Ali destrozada tras recibir 64 patadas del japonés.

Aquel día no quedaba un asiento libre en el Budokan. Hoy, casi todos los asientos están vacíos. Cuarenta y cinco años después de esa pelea, el famoso estadio vuelve a ser una de las sedes de unos Juegos Olímpicos, los de Tokio 2020, para celebrar los torneos de judo y kárate.

La prohibición de público por la pandemia tiene una ventaja para los periodistas que cubren los combates en el Budokan: los gritos de ánimo o rabia de los entrenadores se escuchan limpios. Al igual que los golpes cuando los judocas caen al tatami. La organización de los Juegos ha puesto una leve brisa de sonido ambiente de fondo. Aunque, más que simular la presencia de público, parece una vieja cinta grabada en una playa con un mar sin mucho oleaje. Incluso si el que está en la tribuna de prensa desconecta un segundo de la pelea y cierra los ojos, puede escuchar hasta gaviotas.

Al Budokan se llega por los antiguos senderos que salen del Palacio Imperial, que hoy están cubiertos por todo tipo de parafernalia olímpica y por muchos voluntarios de los Juegos que guían a los periodistas acreditados entre el laberinto de flechas y barreras que encuentra a su paso. Eso sí, todo muy ordenado al estilo japonés.

Después de un control de seguridad y una toma de temperatura con un termómetro infrarrojo, el edificio octágono que simula un clásico templo budista aparece de golpe, dejando ver sus 42 metros de altura. Dentro esperaba el debut olímpico del judo.

Julia Figueroa (arriba) de España combate con Gulkader Senturk de Turquía en los 48 kg femeninos de judo en los Juegos Olímpicos 2020Julia Figueroa (arriba) de España combate con Gulkader Senturk de Turquía en los 48 kg femeninos de judo en los Juegos Olímpicos 2020EFE

El sábado por la mañana tuvieron cita dos españoles, el mostoleño Fran Garrigós (60 kg), sexto del ranking mundial, y la cordobesa Julia Figueroa en la modalidad 48 kg femenino, que afrontaba sus segundos Juegos y que logró el bronce en los pasados Mundiales de Budapest. Julia empezó muy bien la ronda de dieciseisavos ganando con un ippon a la turca Gulkader Senturk. Pero en octavos se fue a casa al perder contra la israelí Shira Rishony.

Garrigós tampoco tuvo suerte y perdió ante el francés Luka Mkheidze en los octavos masculinos. "Perder en la primera ronda no era lo que esperábamos", lamentó el judoca. Ninguno de los españoles pudo llegar a las finales de la tarde, donde el único nacional presente fue el árbitro y ex judoca Raúl Camacho. El gran favorito al título, el japonés Naohisa Takato, cumplió los pronósticos y ganó el oro en la categoría de 60 kg. En el cuadro femenino fue Distria Krasniqi, representante de Kosovo, la campeona olímpica.

Justo después de la final femenina, en el Budokan sonó Somebody del canadiense Bryan Adams, que ya interpretó en directo esa canción en este estadio del corazón de Tokio. Porque esta sede olímpica también cumple las funciones de templo musical en la capital de Japón. Los primeros en pasar por aquí fueron los Beatles en 1966. La actuación de la banda de Liverpool generó cierta controversia porque los tradicionalistas japoneses se opusieron a que el estadio se cediera a la música rock.

"La audiencia estaba muy apagada", recordó Ringo Starr durante una entrevista. Después de los Beatles, en el Budokan también han tocado otros gigantes como ABBA, Bob Dylan o Eric Clapton.

Durante la primera jornada olímpica de judo no pisó el tatami del Budokan el argelino Fethi Nourine, que se retiró del torneo cuando se enteró de que, tras el sorteo, le podía tocar enfrentarse en octavos al israelí Tohar Butbul. El argelino es un fervoroso defensor de la causa palestina. Por eso lo tuvo claro cuando explicó en la televisión de su país los motivos de su retirada: "No me voy a ensuciar las manos enfrentándome a un israelí".


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