El tormento lisboeta de Koeman: señalado por defensivo, se enfrentó a la prensa y cerró los entrenamientos
10:52
29 Septiembre 2021

El tormento lisboeta de Koeman: señalado por defensivo, se enfrentó a la prensa y cerró los entrenamientos

El ahora técnico del Barcelona vivió un turbulento año como entrenador del Benfica, su rival este miércoles en Da Luz.

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Acostumbra el fútbol a ser circular. A que las historias se entrecrucen una y otra vez hasta que vuelven a adquirir sentido años después.

Ronald Koeman, acorralado en Barcelona por su propio presidente, vuelve este miércoles a Lisboa con el agua al cuello en la Champions. De su etapa como técnico del Benfica (los 45 partidos de la temporada 2005-06) siempre se recordó la guerra que le dio al Barça de Rijkaard y Ronaldinho en los cuartos de la Liga de Campeones. Ya saben, un empate a cero en Da Luz y un triunfo agónico del Barça en el Camp Nou (2-0). Poco más. Aunque el relato fue mucho más tumultuoso.

En 2005, Koeman intentaba hacerse un nombre en el mundo de los banquillos. Dos años antes, en 2003, se le había escapado su primer gran tren. Vivió con frustración cómo las exigencias económicas del Ajax hacían imposible que se convirtiera en el entrenador de un Barcelona en el que Joan Laporta acababa de ganar las elecciones. El joven presidente, que tenía a Johan Cruyff como principal consejero, acabó decantándose por Frank Rijkaard. Koeman, enfrentado en el Ajax a Louis van Gaal, entonces director deportivo, apostó por la aventura portuguesa. No le fue bien.

La promesa del buen fútbol

El Benfica venía de ganar la liga después de 11 años de sequía. La había logrado el viejo lobo Giovanni Trapattoni en su primera temporada en Lisboa. El técnico, que echaba de menos a su familia, volvió a Italia y el presidente del Benfica, Luís Filipe Vieira, entendió que sería el momento para subir la apuesta. Si Trapattoni había alcanzado el éxito con su fútbol de catenaccio, Koeman iría más allá. Y ofreciendo un fútbol espectacular, ofensivo y fiel a la escuela Cruyff. Todos le creyeron.

«La directiva y el propio entrenador dijeron que Koeman vendría a ofrecer buen fútbol. Todos pensaban que, al venir de la escuela holandesa, jugaría de otra manera. Y pronto se vio que no», analiza Pedro Barata, periodista del periódico Expresso de Portugal. «En Europa fueron habituales planteamientos en los que alineaba a cuatro centrales, dos de ellos para ejercer de laterales, con dos mediocentros. Contra el Barcelona, de hecho, puso a Ricardo Rocha, que era un central muy duro, de lateral derecho para frenar a Ronaldinho. Justo en esos partidos continentales se entendió que la promesa del buen fútbol holandés no llegaría», completa Barata.

Vivió Koeman condicionado por un inicio horroroso en la liga. Sacó un punto de los primeros nueve. Los cien días de gracia no existieron, y sólo las noches europeas ofrecieron cierto alivio. En la liguilla de grupos fue segundo tras el Villarreal de Riquelme y Forlán, y contribuyó a la temprana eliminación de un Manchester United en el que jugaban Cristiano Ronaldo, Van Nistelrooy, Rooney, Giggs o Scholes. El Liverpool campeón de Europa con Benítez claudicó frente a los de Koeman en los octavos, incluido un 0-2 en Anfield. Los reds no les marcaron en toda la eliminatoria. Sólo el Barça de Rijkaard, que acabaría alzando el título en París, pudo dejar en la cuneta a aquel Benfica.

Durante casi toda la temporada, Koeman se aferró al hecho de ser el único equipo portugués vivo en las tres competiciones. Pero todo acabó en primavera y el epitafio fue un final de temporada en el que sólo ganó cinco de los últimos 12 partidos. Cayó en cuartos en la Champions, también en la Copa, y en la liga terminó tercero y fuera de la Liga de Campeones. Además, quien ganó el doblete en Portugal con el Oporto fue otro neerlandés, Co Adriaanse, a quien Koeman precisamente había sustituido en el Ajax.

Plantón a la prensa

«Ellos dos no se llevaban muy bien. Y eso le tocó el ego», continúa Barata, que admite la «complicada relación» con la prensa portuguesa. En febrero de 2006, el Benfica aún no tenía lista su ciudad deportiva. Los entrenamientos eran abiertos. Una pelea entre futbolistas, con los medios de comunicación ejerciendo de altavoces, colmó la paciencia de Koeman. No escribió un comunicado, pero explotó ante los periodistas. «Mi trabajo es entrenar y exigir, por eso soy el entrenador. Pero aquí parece que sólo se destaca lo que queréis. Hay muchas cosas que no me gustan, pero no las discutiré con vosotros. A partir del domingo, puerta cerrada en los entrenamientos y no habrá más problemas». Se levantó y se fue.

«Puede que aquí se sintiera solo [su familia no llegó a adaptarse]. Incluso se notaba desde el punto de vista comunicativo, con un mensaje frío que convivía con el ego propio del gran ex jugador que había sido», analiza Pedro Barata, que recuerda la coartada con la que Koeman pasó sus últimas semanas en Lisboa antes de que el periplo llegara a su fin, un año antes de lo firmado: «Se aferró a cosas muy puntuales. Si en Barcelona se ha puesto la medalla de los jóvenes, aquí lo hizo con la trayectoria en la Champions y el dinero que el Benfica iba a ingresar».

Lo dicho. El fútbol es circular.


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