El último milagro de los Rolling Stones en Madrid
02:15
2 Junio 2022

El último milagro de los Rolling Stones en Madrid

¿Un espectáculo gigante para cubrir carencias y limitaciones propias de la edad y la rutina? No para Jagger y Richards, que dieron una clase magistral de rock and roll, blues y rhythm and blues

En España Los Rolling Stones, de turismo por Madrid Hemeroteca Los Rolling según Scorsese

En la antigüedad, lo que sucedió anoche en el Wanda Metropolitano era descrito como un milagro. La antigüedad no en el sentido de 1982, cuando los Rolling Stones ofrecieron su primer y heroico concierto en Madrid bajo una violenta tormenta de verano, sino en la Edad Antigua, cuando algo tan extraordinario y emocionante parecía escapar de las leyes de la naturaleza y era atribuido a un fenómeno sobrenatural.

Porque era formidable y también inexplicable y, ya que lo están pensando, la analogía con la última Champions del Real Madrid o con ciertas victorias de Rafael Nadal es perfectamente aceptable.

Empecemos diciendo que su batería, Charlie Watts, pegamento humano en el complejo equilibrio de personalidades del grupo, murió en agosto de 2021 por un cáncer de garganta. El concierto comenzó con un bonito homenaje en su memoria y Mick Jagger recordó que era su «primer concierto en Europa sin Charlie». «Le echamos mucho de menos», afirmó. Digamos también que Mick Jagger es feliz de poder estar camino de los 79 años tras su operación de corazón de 2019, cuando le fue reemplazada la válvula aórtica. Que Ron Wood, quien justo anoche cumplió 75, superó su segundo cáncer el año pasado. Y sobre la salud de Keith Richards, de 78 años, ¿cuántas veces han oído, o incluso contado, el chiste sobre la donación de su cuerpo a la ciencia cuando fallezca? Y todo esto tras una pandemia que parecía haber acabado con las grandes giras mundiales para siempre.

Comprenderán por todo ello que ver anoche a Mick Jagger bailando, saltando, dando vueltas y sacudiendo el culito sin dejar de cantar con bravura entraba dentro del terreno de la taumaturgia o, como mínimo, de la mística. Algo mejor que todas las películas de superación que nos hemos tragado en nuestras vidas. Pero no fue solo una cuestión atlética: ahí estaba el enjambre de las guitarras entrelazadas de Keith Richards y Ron Wood, esa corriente eléctrica que fluye como un embrujo y que ejecutaban una vez más hasta convertirlo en un mantra subterráneo durante cada canción.

Así que en definitiva nadie daba un duro por ellos y sonaban como el mejor grupo de rock del mundo. No el mejor grupo de rock por su legado, que es consistente e influyente como pocos, no por la nostalgia, no porque «podía ser la última vez», sino por su presente. Aquí y ahora. A las 22:17, cuando en las pantallas apareció la imagen de Charlie Watts y de inmediato la guitarra de Keith Richards restalló en la voluptuosa noche de primavera como un látigo amplificando el riff de Street Fighting Man; a las 22:21, al sacudir 19th Nervous Breakdown como un avispero; a las 22:30, con el sonido cremoso de Tumbling Dice; y aún más cuando tocaron «por primera vez en directo» Out of Time, uno de sus primeros grandes singles, simpático, juguetón, tan pop como malicioso; a las 23:24, bombeando Miss You con el bajo palpitando disco-funk en el pecho; y desde luego a las 23:37, con una larga (12 minutazos) y muy incendiaria Midnight Rambler, núcleo del concierto como un diamante impenetrable. No, no era el milagro de que simplemente siguieran vivos, sino su glorioso presente.

Los Rolling Stones, esta noche en Madrid.JAVIER BARBANCHO

Casi todas las canciones que interpretaron anoche los Rolling Stones fueron escritas hace más de 50 años (muy en particular entre 1968 y 1972, el periodo del canon stoniano). La cuestión es cómo las tocan, porque cualquiera puede tocarlas, pero nadie lo hace mejor que ellos. Esto no es una opinión. Aquí y ahora ellos lo hacen de una manera portentosa, sientes que nadie en el mundo en este momento podría ofrecer un concierto mejor de rock and roll. Esto sí es una opinión, pero es también un dogma de fe.

La espina dorsal del repertorio fueron seis canciones que interpretan siempre. Pero siempre, siempre. Todas ellas sonaron en sus siete conciertos anteriores en Madrid, en 1982, 1990, 2003, 2007 y 2014: You Can't Always Get What You Want (anoche con la aceleración final más Nueva Orleans que nunca), Tumbling Dice (qué alegría, qué disfrute), Honky Tonk Women (la guitarra cubista, entrecortada de Keith Richards sonando a un volumen increíblemente alto, absurdo, excesivo, chirriante: maravilloso), Start Me Up (una fiesta, ¡un fiestón!), Jumpin' Jack Flash (apoteósica, saturada de electricidad y adrenalina) y por supuesto (I Can't Get No) Satisfaction en una catártica versión extendida con la que terminó el concierto (la felicidad suprema, el estribillo rompiendo la atmósfera). Y se podría ampliar con una más, que han interpretado en todas sus visitas salvo en la primera: Sympathy For The Devil (la gente saltó como un resorte nada más empezar a sonar el ritmo lascivo de los bongos). Los himnos paganos de esta fabulosa liturgia que culminó en una recta final portentosa.

El hecho de que se salieran poco del guion habitual permitía al aficionado más o menos fiel establecer comparaciones y contrastar sus recuerdos (probablemente emulsionados en sentimentalismo) con la cruda realidad. Y la realidad era cruda, pero cruda en la forma de una amalgama intensa y poderosa de blues, rhythm and blues, funk y rock and roll (mejunje particularmente apreciable en Beast of Burden y en Gimme Shelter, durante la que se proyectaron imágenes de los bombardeos en Ucrania y se mostró una bandera del país atacado por Rusia).

A ello contribuían de una forma decisiva el bajista Darryl Jones, el pianista Chuck Leavell (director musical de la banda) y el batería Steve Jordan, un chaval de 65 años usado por Richards en su carrera solista que tiene menos swing que Charlie Watts (nadie ha tenido más swing que él), pero que aporta más pegada y mayor densidad.

Mick Jagger, al frente de los Rolling Stones.JAVIER BARBANCHO

Las 54.000 personas que llenaban el estadio Metropolitano celebraban cada detalle con el asombro que sigue a un truco de magia.

Así comenzó el primer concierto de la gira Sixty, una gira muy similar a la que ofrecieron en EEUU el año pasado y que ahora usan para celebrar el 60º aniversario de los Rolling Stones; consta tan solo de 14 conciertos repartidos por Europa durante junio y julio, en fechas cómodamente espaciadas. De aquel quinteto de 1962 solo quedan dos, Mick Jagger y Keith Richards, que como en Diez negritos han ido viendo desaparecer a todos sus compañeros. Antagonistas, inigualablemente carismáticos, han logrado de manera increíble mantenerse como el último y más grande vestigio de la era dorada del rock. Alabados sean.


Etiquetas:  #El #último #milagro #de #los #Rolling #Stones #en #Madrid

COMENTARIOS