Elecciones en Chile: ''Nos jugamos los 50 próximos años''
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18 Diciembre 2021

Elecciones en Chile: ''Nos jugamos los 50 próximos años''

El país andino cierra la campaña electoral y afronta una segunda vuelta marcada por la polarización

Chile Muere Lucía Hiriart, viuda del dictador Augusto Pinochet, en el día de cierre de la campaña electoral en Chile Chile Congresistas estadounidenses y la ex presidenta Bachelet piden frenar al derechista José Antonio Kast

El hombre se acerca al enviado de EL MUNDO con gesto preocupado. Señala el trozo de césped flamante y las flores recién plantadas.

- ¿Ustedes están a cargo? Porque me mandaron a regar.

Regar flores se convirtió este viernes en Santiago en la perfecta metáfora de cómo llega el país a las cruciales elecciones presidenciales del domingo: tenso, dividido y desconfiado, porque, suceda lo que suceda, la mitad derrotada de la población sentirá en la noche del domingo que el peor de los pasados regresa. O vuelve el comunismo o vuelve el pinochetismo, dice el trazo grueso, muy grueso.

Las flores y el césped fueron instalados en la madrugada de este viernes en la emblemática Plaza Baquedano por los seguidores de José Antonio Kast. Esa plaza, también conocida como Plaza Italia o, en la izquierda, como plaza de la Dignidad, fue el epicentro del estallido social iniciado en octubre de 2019, y que terminó cambiando la política chilena de raíz. Hoy sesiona una Convención Constituyente presidida por una líder mapuche y la izquierda y la derecha moderada quedaron fuera de la segunda vuelta. Chile ya no es país para tibios.

La intervención de los seguidores de Kast a la Plaza Baquedano, que exhibe un muy mal rostro tras dos años de manifestaciones permanentes, fue un mensaje de sencilla factura a la sociedad: si nos votan a nosotros, esta plaza (y el país) van a estar limpios y ordenados. Si votan a Gabriel Boric y la izquierda dura alineada con él, el país va a estar tan desordenado y sucio como esta plaza.

"No estamos jugando mucho,nos jugamos los 50 próximos años de Chile", dice a EL MUNDO Mauricio Droguett, un abogado de 37 años que fue a la plaza a tomarse fotos. No hace falta ni preguntarle por su voto el domingo. "El futuro es de prosperidad o de estancamiento político y social para terminar como Venezuela, Cuba, Nicaragua y Corea del Norte".

A sus espaldas está José Hernández regando. Lo envió el ayuntamiento de Providencia, una de las comunas del área metropolitana de Santiago, gobernada por Evelyn Matthei, de la derechista Unión Democrática Independiente (UDI), el partido tradicionalmente ligado al dictador Augusto Pinochet, que murió en 2006. Hernández nunca habría recibido ese encargo de Irací Hassler, la alcaldesa comunista de Santiago. La plaza está justo en el límite entre las dos comunas.

Un rato después, la policía detiene a dos personas en la plaza. Un hombre, simpatizante de Kast, había golpeado a un fotógrafo. Cinco horas más tarde, un grupo anti-Kast quitó el césped y las flores de la plaza.

Pese al luminoso viernes a días del inicio del verano austral, Santiago es pura tensión.

"Lo que se juega este domingo es avanzar en el proceso de cambio con la Convención Constituyente o ir a una involución, a un retroceso histórico con José Antonio Kast", dijo a este diario el senador Juan Ignacio Latorre, nexo de Boric con la izquierda y la socialdemocracia europea.

Lo único claro del domingo es que no está claro quién ganará. Aunque en Chile están prohibidas las encuestas en las dos semanas previas a las elecciones, los medios extranjeros no están alcanzados por ese veto. Así, dos encuestas circularon en las últimas horas. Una le da 50% a Boric y 50% a Kast. La otra, 48,5 a Kast y 48,4 a Boric. Otras, sin embargo, hablan de una ventaja considerable del candidato de la izquierda.

Kast, que en el inicio de la campaña para la segunda vuelta perdió parte de la energía y la frescura que lo llevó a ganar la primera vuelta, ha ido aparentemente recortando distancias con Boric, que carga con un estigma: la segunda vuelta en Chile siempre fue ganada por aquel que obtuvo más votos en la primera vuelta.

Pero Chile entró hace ya dos años en una nueva era, que incluso se deglutió a la centroizquierda y la centroderecha, las dos coaliciones que se repartieron la presidencia desde 1990. No sería entonces una sorpresa que otra tradición más se quebrara.

Kast llegó a las horas finales antes de la elección con un problema inesperado: la corporización del fantasma de Pinochet. Cuando el jueves, horas antes del cierre de campaña, se supo que Lucía Hiriart había muerto a los 99 años, la imagen del dictador regresó. La izquierda celebró, pero Kast, de claras simpatías con el pinochetismo, en especial su credo económico, debió salir a decir que no tenía vínculo de amistad alguno con la viuda de Pinochet.

Con la intención de perjudicar lo menos posible al hombre que desean ver en La Moneda desde el 11 de marzo próximo, la familia Pinochet organizó un funeral profundamente discreto y privado en su residencia cuatro horas al sur de Santiago. Todo un contraste con el funeral público y masivo que le dedicó al dictador 15 años atrás.

Agotados, los dos candidatos se llamaron a sosiego este viernes, y por primera vez en meses no hicieron declaraciones públicas. Boric, de origen croata, 35 años, amplios tatuajes en sus brazos, sin hijos y líder de las manifestaciones estudiantiles de hace diez años. Kast, de origen alemán, 55 años, juvenil defensor de Pinochet y padre de nueve hijos.

Uno de los dos será presidente el domingo, en un recuento que se prevé veloz, pese a las insinuaciones de fraude de algunos satélites de Kast. Y la Plaza Baquedano volverá a ser protagonista, con o sin flores. Si hay euforia allí, el nuevo presidente se llamará Gabriel Boric. Si se impone el silencio, La Moneda será de José Antonio Kast.


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