Eliud Kipchoge, el superhombre que cerró el debate sobre las zapatillas con su rutina
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29 Diciembre 2022

Eliud Kipchoge, el superhombre que cerró el debate sobre las zapatillas con su rutina

En 2018, batió el récord del mundo de maratón y le afearon sus zapatillas 'mágicas'. En 2020, sufrió su única derrota. Este año, gracias a su método, regresó con otra plusmarca mundial y el fin de la polémica tecnológica.

Crónica Eliud Kipchoge bate su propio récord del mundo de maratón y se planta ante la frontera de las dos horas

Entre 2014 y 2019, Eliud Kipchoge ganó 10 maratones de manera consecutiva y acercó el récord de la distancia a la barrera de las dos horas. Nunca nadie corrió igual, tan rápido, por supuesto, pero tampoco tan fácil, tan liviano, tan bonito. Pero llegó 2020 y, después del parón por culpa de la pandemia, el keniano perdió. Por primera vez en su vida, falló, sufrió, lo dicho, perdió. En el maratón de Londres de aquel otoño terminó octavo, registró un tiempo modesto, y con sus 36 años la jubilación hubiera sido entonces una decisión lógica. ¿Por qué no dejarlo?

Su currículo ya era inmejorable, qué ganas de sufrir más. Muchos otros se hubieran marchado y, si no, en busca de la velocidad perdida, hubieran transformado su preparación. Otro entrenador, otro equipo, otro método, otra comida, otro material. Kipchoge, no. Pese al tropiezo, con la obstinación que le hizo quien es, mantuvo la rutina y, poco a poco, regresó. En 2021 se colgó su segundo oro en estos Juegos Olímpicos y este 2022 que acaba... este 2022 que acaba...

A una edad improbable, este 2022 que acaba Eliud Kipchoge no sólo venció en los maratones de Tokio y Berlín, si no que volvió a batir su récord mundial de los 42,195 kilómetros y lo hizo ampliamente. Medio minuto menos. El ser humano ya está a sólo 70 segundos de bajar de las dos horas en maratón, la frontera que un día se creyó imposible.

Correr, dormir, la rutina de siempre

Desde su centro de entrenamientos en Kiptagat, a las órdenes de Patrick Sang, con su equipo de siempre -formado por ejemplo por el fisioterapeuta español Marc Roig-, corriendo lo que ya corría antes, comiendo el eterno ugali -una especie de gachas, una pasta hecha de maíz-, durmiendo sus siestas, en definitiva, haciendo lo suyo, Kipchoge volvió a ser el mejor de la historia, mejor incluso que él mismo. En una entrevista en la cadena alemana Deutsche Welle, el keniano proclamaba que su vuelta se había basado en la «confianza» -«en mí mismo y en mi entorno»- y no le faltaba razón. Desde hace un tiempo ansía lo inalcanzable y hoy está cerca.

Su carrera ya no se centra en rebajar aún más el récord mundial si no en dejar un palmarés que nadie pueda igualar. Sus 16 victorias en 18 maratones son un objetivo difícil para cualquiera, pero quiere más. Ser el primero que ha ganado los seis majors (Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York y Tokio): sólo le quedan Boston y Nueva York. Ser el primero que logra tres oros en unos Juegos Olímpicos: en París 2024 tendrá su momento. Después se retirará, aunque tampoco cambiará mucho.

Ya no vivirá en Kiptagat, como hasta ahora, lo hará junto a su familia en la cercana Eldoret, pero seguirá corriendo y mantendrá un estilo de vida bastante humilde. En entrevista con EL MUNDO explicó que cuando abandone la competición continuará viajando por el mundo para inspirar a los más jóvenes, para animarles a que hagan deporte, aunque en medios de su país ya le asumen una carrera política o, como mínimo, una labor en la Federación de Kenia de Atletismo, un ente hoy erosionado por el dopaje.

¿Las zapatillas? ¿Qué zapatillas?

En todo caso, pase lo que pase, Kipchoge se mantendrá por los siglos como uno de los mejores deportistas de la historia, el hombre que llevó a la humanidad al futuro. Incluso quien consiguió cerrar un debate, algo complejo hoy en día. La primera vez que rebajó el récord mundial, las zapatillas que vestían sus pies fueron protagonistas. Fue la revolución de Nike y su placa de fibra de carbono. ¿Otorgaban demasiada ventaja? ¿Debían ser prohibidas?

Durante mucho tiempo las Vaporfly, luego Alphafly, estuvieron en boca de todas, pero transcurridos cinco años, Kipchoge se quitó de encima tantos interrogantes. Todos los corredores profesionales del mundo han probado ya esa tecnología, perfeccionada año a año, copiada por el resto de marcas, y él, sólo él, fue capaz de volver a rebajar la plusmarca mundial. Sin duda la tecnología ayuda. Sin duda no ha habido, no hay y no habrá un maratoniano como Eliud Kipchoge.


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