Elvis, más lejos, más alto, más fuerte... más kitsch
00:36
26 Mayo 2022

Elvis, más lejos, más alto, más fuerte... más kitsch

El director Baz Luhrmann presenta en Cannes su macroproyecto sobre el el rey del rock en un deslumbrante ejercicio visual y sonoro lastrado por, quién lo diría, la falta de ritmo

Competición 'Tori y Lokita', la película más triste y bella de los hermanos Dardenne, y de este mundo Proyección especial 'Moonage daydream', dentro del laberinto fascinante de David Bowie Competición 'Crimes of the future': Cronenberg se come a Cronenberg en una ortodoxa celebración de sí mismo

Decía John Waters que hace falta disponer de un paladar exquisito para apreciar en lo que vale el mal gusto. En su estudio clásico sobre lo 'kitsch', Susan Sontag añadía que la sensibilidad 'camp' (que no es equiparable al mal gusto, pero tampoco le hace ascos) ve todo entre comillas (o en cursiva). Y así el mundo entero deviene representación de la propia representación que le da sentido en un juego de espejos modelado por asuntos tales como la ironía, el humor, la parodia, el pastiche, el artificio, la teatralidad y la exageración. Y el brilli-brilli cabría añadir. Cuando nos quedamos delante de 'Puppy', el chucho gigante de Jeff Koons situado en la terraza exterior del Museo Guggenheim de Bilbao, en realidad no vemos un perro, vemos "un perro" (entre comillas y en cursiva), vemos un West Highland terrier gigante en flor que igual llama la cultural elitista de la galería que custodia que a la popular del sentimentalismo optimista que abandera. Es 'kitsch' por listo.

Baz Luhrmann es de todos los directores el que mejor y con más gracia (y dinero) ha sabido usar las comillas. Y era cuestión de tiempo que se encontrara con Elvis, el rey no sólo del rock and roll sino de todo lo que excita, de todo lo que se mueve, de todo lo que brilla. Ninguna figura, y de ahí su tamaño más descomunal aún que la de Puppy, ha dado la cultura tan excitantemente grimosa, tan feliz en el juego irónico de ser justo lo contrario de lo que era: un auténtico diablo llamado a revolucionar la moral, las costumbres y los ritmos en la piel de un ángel blanco nacido en Tupelo.

Desde el primer segundo, con las letras de la productora como si se tratara de una creación demente de Swarovski (mis conocimientos en joyería no dan para más), la película deja claro a lo que aspira. No es tanto un biopic al uso, como un BIOPIC, así todo en mayúscula. El director nos pide lo que siempre ha hecho su cine: que nos dejemos llevar tanto por la historia que se cuenta como por el sentido profundo de la caligrafía del texto. Todo, exactamente todo, en 'Elvis' está escrito en cursiva.

Sobre el papel, la película explora los veinte años de relación entre el joven cantante y su enigmático mánager, el "coronel" Tom Parker. De un lado, el actor, cantante y modelo Austin Butler como el rey; del otro, el por siempre mítico Tom Hanks embutido en una segunda piel en el papel de escudero que se lo comió todo. Uno cumple con criterio y esfuerzo máximo la misión imposible de acercarse a una criatura inimitable e insustituible. El otro simplemente se deja llevar feliz de poder ser (pocas veces le dejan) el malo de la película. Se cuenta todo: desde la primera vez que pisó Sun Records en 1954 hasta su fallecimiento en Memphis a la edad de 42 años a causa de un infarto agudo de miocardio (de eso y de mucha tristeza mezclada con codeína probablemente). Las paradas también son las habituales: su recorrido cinematográfico, el concierto mundial vía satélite de 1973, las drogas, el concierto de Navidad que no era tal, Las Vegas, su relación eterna con Priscilla de repente quebrada...

De nuevo, el director de joyas del barroco cinematográfico como 'Romeo + Julieta de William Shakespeare', 'Moulin Rouge' y 'El gran Gatsby', con que inauguró Cannes en 2013, vuelve a demostrar su facilidad para multiplicar la pantalla en un prisma digno de Escher en el que es imposible localizar los puntos cardinales, lo que está arriba y lo de abajo. El cine de Luhrmann es ingrávido en su abigarramiento y profundo en su superficialidad. Esférico y envolvente. La atención por cada detalle y por la forma correcta de hacer sonar cada nota convierten la película en un recorrido visual y sonoro que va desde la sinceridad analógica a la pulcritud digital. Y siempre consciente de que lo que se ve no es tanto la representación de nada como la representación de un sueño. Puro 'kitsch'. Puro Luhrmann.

Austin Butler en un momento de 'Elvis'.Austin Butler en un momento de 'Elvis'.

Sin embargo, poco después de iniciar la película, empiezan los problemas. Y todos ellos tienen que ver con (gran sorpresa tratándose de quién se trata) su absoluta falta de ritmo. La película navega de acontecimiento en acontecimiento con la desgana de un biopic cuyo único sentido fuera cubrir etapas. La figura de El Coronel, que sobre el papel es la que dota de ángulo o punto de vista a la historia, en realidad se limita a oficiar de 'némesis' o simple cubo de la basura en la que descargar de culpa a un ídolo de repente devenido santo y mártir. Lejos de lo que consiguiera el director en la adaptación de la novela Scott Fitzgerald donde el narrador no fiable del texto se incorporaba al estilo mismo de la cinta de manera magistral, ahora el guión se antoja cuanto menos reiterativo en su espectacularidad sin alma.

Bien es cierto que la luz es tanta y tan cegadora que por momentos no queda más que rendirse. Luhrmann entiende, y así lo hace saber en cada plano, el tamaño exacto y el sentido último de un mito que fue a la vez ironía, humor, parodia, pastiche, artificio, teatralidad, exageración y, por encima de todo, genio. Elvis más lejos, más alto, más fuerte... e infinitamente 'kitsch'. En latín, Elvis, citius, altius, fortius... kitschius.


Etiquetas:  #Elvis #más #lejos #más #alto #más #fuerte #más #kitsch

COMENTARIOS