Emma Cline: ''A las chicas se les enseña a verse a través del deseo de los demás''
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12 Julio 2022

Emma Cline: ''A las chicas se les enseña a verse a través del deseo de los demás''

La autora de 'Las chicas', una de las escritoras jóvenes más destacadas de EEUU, vuelve con 'Papi', diez relatos sobre mujeres en busca de aprobación y hombres que han perdido su sitio en la sociedad

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Emma Cline tenía 26 años en 2016 cuando su primera novela, Las chicas, se publicó en 40 países tras una feroz puja entre editoriales y un cacareado adelanto de dos millones de dólares. La novela recreaba el culto alrededor de Charles Manson y su cohorte de seguidores desde el punto de vista de las adolescentes que abandonaron sus hogares para seguir, embelesadas, al asesino que las empujó a cometer horribles crímenes.

La perspectiva del relato sorprendió a muchos entonces (eran tiempos previos al MeToo), igual que lo hizo la de su penúltimo libro, Harvey, en el que Cline exploraba el día a día de un superproductor de Hollywood caído en desgracia y acusado de abuso sexual que exprime sus últimas horas antes del juicio que marcará el resto de su vida. Si escribir es empatizar, ¿por qué hacerlo sobre un monstruo como Weinstein?

Las dinámicas de poder y los grises en una sociedad cada vez más marcada por el blanco y negro siguen interesando a Cline, que definitivamente pertenece a esa estirpe de escritores dedicados a extraer los demonios más oscuros que todos llevamos dentro. Su último libro, Papi (Anagrama), es una colección de diez relatos entre la decadencia y la perversión que reflejan lo mucho y poco que ha cambiado el mundo en un breve lapso de tiempo.

"Casi todas las historias comienzan con un momento, una imagen o algún tipo de dinámica que quiero explorar", explica Cline al otro lado del teléfono desde La Bisbal d'Empordà, en Girona, donde participa en una residencia de escritores. "De los cuentos me gusta que escribirlos es como hacer acupuntura, mientras que la novela es cirugía mayor, hay mucho más en juego. En los cuentos todo opera a una escala más pequeña y sutil. Cada frase tiene un peso, funciona casi como un poema", cuenta la escritora, alabada por la crítica por su majestuoso estilo.

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Varios de los relatos de Papi están protagonizados por hombres de mediana edad que asisten, descolocados, al devenir del mundo. Lo hacen con cierta perplejidad y nostalgia por un tiempo pasado que, en su caso, fue mejor. "Es cierto que hay muchas historias sobre tipos maduros que miran el mundo que los rodea y sienten que se están quedando un poco atrás, que las reglas del mundo están cambiando a una velocidad más rápida de lo que pueden procesar", explica Cline. Los protagonistas varían: hay un escritor encargado de redactar las memorias de un gurú de Silicon Valley, un director de cine en declive que ha perdido el carisma y la chispa de su juventud, un padre de familia con problemas de ira que reúne a su distanciada progenie en Navidad...

"Me interesaba explorar ese sentimiento: el sentirte fuera del tiempo que estás viviendo, la tristeza y desconcierto que van aparejadas a ello. La ficción siempre proviene de la tensión y poner el foco en aquellos que no encajan en un momento cultural como el actual me parece muy estimulante. Me interesan esos hombres que tuvieron el poder en un tiempo determinado y lo han perdido. Cómo tratan de recalibrarse emocionalmente después de eso". Cline no juzga a sus personajes, por odiosos o miserables que sean. "No es lo que me interesa como escritora. El tipo de libros e historias que amo suelen ser sobre personas terribles por las que el escritor no siente desprecio", apunta.

Hay bastantes padres (padres decepcionantes y también padres decepcionados con sus hijos) en estas historias de frustración y desorientación masculinas. ¿Es la paternidad un tema que le interesa especialmente? "¿Lo dices por el título? Cuando me pregunté qué podría cubrir todas las historias me di cuenta de que el tema que las engloba a todas es el poder. Y la palabra "papi" es muy interesante porque por un lado tiene el significado familiar e inocente, es la palabra que usa un niño para llamar a su padre y puede ser muy inocua. Pero también tiene esa connotación sexual, que tiene que ver con el poder y nuestra extraña sublimación del sexo, con cosas que normalmente no dirías en voz alta. Con ciertas dinámicas de cómo se pervierte la inocencia".

Emma Cline.Emma Cline.E. M.

En efecto, varios de los relatos reunidos en Papi exploran la relación de las mujeres, algunas muy jóvenes, con el deseo. Es el caso de Marion, publicado hace casi una década en The Paris Review y que leído ahora parece un estudio previo a Las chicas. El cuento está protagonizado por dos preadolescentes que viven en una comuna, suspiran por llamar la atención del líder cueste lo que cueste y fantasean con tener un novio que las desee "tanto como para saltarse la ley", como Polanski. "A las mujeres, desde muy jóvenes, se les enseña a crear su propia identidad a través del deseo de los demás. Eso hace que el ser deseada adquiera una centralidad en la vida de las chicas desde muy pequeñas. A los hombres jóvenes no se les inculca eso de la misma manera", afirma Cline. "En Marion, la manera que tienen los personajes de ubicarse en el mundo está condicionada por si los hombres las encuentran atractivas. Es lo que les ha enseñado la cultura, así es cómo descubren quiénes son, cuál es su lugar el mundo. Me parece una manera muy confusa y desorientadora de encontrar tu identidad", reflexiona.

En Los Angeles, dos chicas muy jóvenes se conocen trabajando como dependientas en una tienda que vende "ropa cutre y putona de colores básicos, ropa con un aire gimnástico de baja intensidad, como si el sexo fuese un deporte más". No hace falta leer demasiado para intuir que, aunque no la mencione, Cline se refiere a American Apparel, la marca que se hizo famosa por sus polémicas campañas sexistas hace una década. "En aquel momento lo teníamos normalizado y, mirando hacia atrás, es difícil creer que fuera así, que se comercializara de ese modo", opina Cline, quien, por cierto, trabajó brevemente como dependienta en una tienda de la firma fundada por Dov Charney, que fue despedido tras un reguero de acusaciones de abuso de sus empleadas. "No estuve demasiado tiempo, afortunadamente. Me fui tras un mes o dos porque era demasiado. Algunas de las cosas que vi allí las usé en esa historia. La verdad es que saqué buen material".

En A/S/L (las siglas de age/sex/location, las tres primeras preguntas de muchos usuarios al iniciar una conversación online), la protagonista es una mujer de 35 años ingresada en un centro de rehabilitación que disfruta fingiendo ser otra en chats eróticos, a veces una inocente adolescente, a veces un hombre. "El sexo es una lente fascinante a través de la cual ver a los personajes", opina Cline. "Es una fuerza dominante para todos los seres humanos y me resulta muy interesante cómo la cultura es capaz de sublimarlo, de convertirlo en algo oculto, vergonzoso, en ocasiones inexplicable. Me interesan los personajes tridimensionales, con sus peculiaridades, dinámicos en su forma de relacionarse con el mundo y su sexualidad. El tipo de personaje que siente un deseo que no puede explicar. Lo que no me interesa es escribir un libro en el que los hombres sean los malos y las mujeres las víctimas, esa es una lectura demasiado fácil".

Pese a ser alérgica a las redes sociales, Cline es una escritora muy pendiente de la conversación cultural del momento. Si Harvey se publicó en pleno MeToo, Papi explora el rastro de frustración, hipocresía y humillación que ha dejado la explosión del escándalo y sus rincones menos fotogénicos. "Pienso mucho en la cultura de este momento. Ya sabes, en cómo se alienta a las personas a tomar una decisión en caliente, instantánea, sobre si las personas que nos rodean son buenas o malas. ¿Debería esta persona que no conoces, que hizo esto, perder su trabajo? Se supone que todos debemos tener una respuesta inmediata sobre si alguien es bueno o no. Como escritora, me gustan los personajes que se resisten a esa dinámica", confiesa. "No tengo Twitter, sí Instagram, aunque no publico regularmente. Puedo entender por qué son atractivos, la sensación de conectividad. Pero, ¿qué tipo de matiz o profundidad puede tener algo tan limitado como un tuit? Hay limitaciones en todas las cosas que hacemos, pero un tuit es la forma más limitante que se me ocurre para la mayoría de relaciones humanas".


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