Emmanuel Carrère, escritor de villanos inolvidables, Premio Princesa de Asturias de las Letras
19:00
9 Junio 2021

Emmanuel Carrère, escritor de villanos inolvidables, Premio Princesa de Asturias de las Letras

El autor de 'El adversario' y 'Limónov' ha dedicado sus mejores libros al género mixto que cruza biografía, crónica y novela

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El cine y la tele, el surrealismo, la espiritualidad, el periodismo, la fascinación por la Unión Soviética, los trastornos psicológicos, la tendencia al narcisismo, la literatura de género, la melancolía de la clase media, el surrealismo, el síndrome de Peter Pan, la cultura gore, la autoficción, las actitudes adversativas... Si mezcláramos todas esas ideas en un solo escritor, el retrato robot se parecería mucho al del autor francés Emmanuel Carrère. Si las empleásemos para caracterizar una época, funcionarían bien para identificar las dos primeras década del siglo XXI. Esta mañana, el jurado de los Premios Princesa de Asturias ha elegido a Carrère para su categoría de las Letras.

En realidad, la carrera del escritor empezó mucho antes, en los años 80. Carrère, nacido en 1958, hijo de Hélène Carrère (insigne historiadora del socialismo) y vecino de los suburbios burgueses del oeste de París, llegó a la literatura desde la crítica cinematográfica. Por eso, su primera novela, L' amie de Jaguar (1983, inédita en español) suena casi a los libros de Manuel Puig, a una mezcla de melodrama hollywoodiense y absurdo surrealista.

Por ese hilo, el del surrealismo, es fácil llegar hasta El bigote (1986), la primera obra bien difundida de Carrère. El bigote es un texto muy breve y, a la vez, es muy amplio. Un hombre se afeita un día su bigote y su idea de sí mismo se derrumba, como si se hubiera despertado en el cuerpo de una cucaracha. La paranoia, la depresión y la alienación son los temas de una novela que, vista en la distancia, parece remitir a los libros casi contemporáneos suyos de David Foster Wallace.

Aquel Carrère de ficción pura, casi teatral, ya llamaba la atención, aunque aún no había encontrado la personalidad por la que hoy lo conocemos. Una semana en la nieve (1995) era aún una novela casi pura, oscura pero bonita, más o menos convencional. En sus páginas, un niño de nueve años, un poco deprimido por el descubrimiento de las mezquindades de sus padres, viaja a la nieve, hace algunos amigos a medias encantadores y a medias siniestros, y se cruza con un crimen.

El núcleo duro llegó ya en el siglo XXI, en dos libros que en parte son paralelos y, en parte, se explican por oposición el uno al otro. El adversario (2000) y Limonov (2011) se parecen en la medida que son dos crónicas periodísticas/novelescas dedicadas a dos hombres escalofriantes: Jean Claude Romand (El adversario) y Edvard Limónov (Limónov).

El primero fue un farsante, un hombre que se presentó ante el mundo como médico y como ejecutivo, que vivió suntuosamente gracias a sus engaños, que rumió en solitario el final de su farsa y que, al no saber muy bien cómo salir de su atolladero, mató en 1993 a su mujer, sus dos hijos y sus padres. En su momento, El adversario se leyó en paralelo a A sangre fría de Capotepor la ambigua barrera entre la crónica de los hechos probados y la especulación literaria. Con el tiempo, el libro de Carrère parace más relacionado con la sensación de pánico de la cultura de clase media en Europa.

Limónov era algo parecido pero, a la vez, era un libro más ambicioso. La voz y la experiencia del narrador está más presente y la personalidad del protagonista es más contradictoria que la de Romand. Al principio, Limónov se presentaba como un émulo de David Bowie en una ciudad de provincias de Ucrania: era tierno y un poco ridículo. Después, cruzaba al munso capitalista y se convertía en un vagabundo, un chapero y un superviviente que convertía su aventura en un par de libros admirables. A esas alturas, Limónov era un personaje transgresor y casi heroico. En su tercera vida, Limónov aparecía alistado con el ejército de la República Serbia de Bosnia, bombardeando Sarajevo. Y, en la cuarta, convertido en un líder de la oposición más under contra Vladimir Putin. Tan under, que era a la vez fascista y comunista. ¿Qué hacer con un personaje así?

En la duda, estaba el encanto del libro.

Hay más calles paralelas en la carrera de Carrère. Una novela rusa y De vidas ajenas son textos biográficos que se esconden bajo la forma de la novela y de la colección de semblanzas. Una novela rusa (2008), escrita en los años dorados de la autoficción, es un libro especialmente interesante: empieza como un realto costumbrista en las amables calles de Neuilly-sur-Seine y después gira hasta convertirse en un quiz en la historia familiar y en una sátira sexual sobre su propia vida, sobre sus propios genitales.

Ese último hilo lleva hasta los últimos libros de Carrère. Yoga trata de la pelea del escritor con sus trastornos de la personalidad (electrochoques incluidos), de sus agarraderas a la vida a través de la espiritualidad. El escritor, un hombre duro y arrollador, muestra ahora sus fragilidades.

El jurado del Premio estuvo presidido por Santiago Muñoz Machado e integrado por Xuan Bello Fernández, Blanca Berasátegui Garaizábal, Anna Caballé Masforroll, Gonzalo Celorio Blasco, José Luis García Delgado, Jordi Gracia García, Lola Larumbe Doral, Antonio Lucas Herrero, Carmen Millán Grajales, Rosa Navarro Durán, Leonardo Padura Fuentes, Laura Revuelta Sanjurjo, Carmen Riera Guilera, Iker Seisdedos García, Jaime Siles Ruiz, Diana Sorensen, Sergio Vila-Sanjuán Robert y Fernando Rodríguez Lafuente (secretario). La candidatura de Carrère fue propuesta por Pedro Miguel Echenique Landiríbar, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1998. El acta del jurado ha destacado la "obra personalísima" de Carrère, "generadora de un nuevo espacio de expresión que borra las fronteras entre la realidad y la ficción. Sus libros contribuyen al desenmascaramiento de la condición humana y diseccionan la realidad de manera implacable. Carrère dibuja un retrato incisivo de la sociedad actual y ha ejercido una notable influencia en la literatura de nuestro tiempo, además de mostrar un fuerte compromiso con la escritura como vocación inseparable".


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