En la cuna de Carlos Alcaraz: ''En el patio se comía unos bocatas como el antebrazo''
17:08
13 Septiembre 2022

En la cuna de Carlos Alcaraz: ''En el patio se comía unos bocatas como el antebrazo''

El MUNDO viaja a los orígenes murcianos del número 1 del tenis en la pedanía de El Palmar

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De los cuatro número 1 del tenis español, Carlos Alcaraz es el único que ha nacido en una pedanía. No hay vecino que no conozca a la familia del nuevo héroe, pero la vida en las calles transcurre con la misma calma que la que muestra el ganador del US Open fuera de la pista. 24.174 habitantes tiene El Palmar y, entre ellos, el mejor tenista del momento, pero sólo lo recuerda un mural de 400 metros con su imagen en el camino Mota Reguerón, una de las principales entradas del pueblo, a la Calle Mayor que vertebra su vida. Fue el homenaje que le rindió el Ayuntamiento de Murcia el pasado mes de mayo y la única imagen de jugador que hay, de momento, en comercios y lugares públicos.

A esta pedanía de Murcia, en plena huerta, junto al puerto de La Cadena, le ha pillado a contrapié el éxito del zagal de Carlos y Verónica, nieto de otro Carlos, delineante en los 60, y de Paquita, que regentó la Librería 2000. Una familia normal, muy conocida, pero que sigue viviendo en un tercer piso de un edificio de la calle Pintor Muñoz Barberán, con nombre casi premonitorio: Coloseum II, una mezcla de Coloso y Coliseum, lo que es Carlitos y en qué convierte las pistas de tenis. Del domicilio de los Alcaraz no cuelga nada que denote que allí es donde vive la estrella del tenis. Un par de vecinos sí tienen colocada la bandera de Murcia con el lema 'Vamos Carlitos'. Su balcón, sin rastro. De la casa sólo salió ayer bien temprano su abuela materna, Victoria Escandón, que con acento sevillano que delata su procedencia, recordaba el «sufrimiento de la madrugada» y «la nube» en la que vivía la familia, con hondas raíces que les aguantan en el pueblo... y en la vida sensata. Carlitos no pierde la cabeza porque no lo hace nadie a su alrededor.

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A pocos metros de allí, cruzando la Plaza de la Democracia donde se siguió la final en pantalla gigante, está el Instituto de Enseñanza Secundaria Marqués de los Vélez. «Ahí en esos bancos del patio lo he visto yo venir y comerse unos bocatas que eran como un antebrazo», cuenta orgullosa la secretaria del centro. Hay pocos alumnos, porque el curso arranca el miércoles, pero no se habla de otra cosa. «Algún día me he encontrado a profesores ojerosos porque se han quedado a verlo en un torneo», apostilla Mariano Soto, el director del centro, mientras recorre un pasillo repleto de orlas de antiguos alumnos. Allí está Carlos con una beca azul rodeado de sus compañeros de 4º de la ESO hace cuatro días, en el curso 2018/19.

La orla de Carlos Alcaraz y sus compañeros de ESO del IES Marqués de los Vélez.La orla de Carlos Alcaraz y sus compañeros de ESO del IES Marqués de los Vélez.SONIA MUÑOZARABA PRESS

«En este mismo despacho he tenido reuniones con su padre para ver cómo le adaptábamos el horario y los exámenes para que pudiera compatibilizarlos con el tenis. A veces tenía que irse a media mañana a entrenar, pero él respondía y lo iba sacando todo a pesar de que ya iba a Villena varias veces a la semana», explica el profesor. «Para el Bachillerato cursamos la solicitud para poder hacer una adaptación curricular por ser deportista de alto rendimiento, pero con la antigua ley sólo se permitía para enseñanzas superiores de música, danza o alumnos con necesidades especiales. Quizá porque es poco frecuente ser deportista de élite con 15 años y querer seguir estudiando en tu instituto», reflexiona y valora Soto.

Llamadas desde México

No hay nadie que no defina a Carlos como un chico «absolutamente normal, que hasta hace cuatro días iba con sus amigos a pasar ratos en el parque». Eso cuando no estaba en la Real Sociedad Club de Campo de Murcia, un club deportivo y social a espaldas del hospital Virgen de la Arrixaca fundado en 1923.

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Cuenta su historia que primero fue club de tiro de pichón para la Sociedad de Cazadores, fundada por Juan de la Cierva, hijo del inventor del autogiro. Cuando se decidió cambiar las escopetas por raquetas de tenis, el abuelo paterno de Carlos, el de las tres C -«cabeza, corazón y cojones»-, no dudó en apuntarse. Allí creció el padre de Carlitos, que rozó el profesionalismo y llegó a ser el 42º de España, subcampeón infantil y campeón de Murcia, pero también su nieto. Lo curioso es que no hay en el club ni un trofeo ni una imagen de Alcaraz. Sólo la Escuela de Tenis se llama Carlos Alcaraz, «y es por su padre, que es el director». «Pero la gente llama y se piensa que esto es como la academia de Rafa Nadal. Ha querido venir gente desde México, que allí Carlos tiene mucho tirón. Pero esto es sólo su club», explica Kiko Navarro, que fue su primer entrenador,. Nada ha cambiado pese a que, desde 2019, este recinto es la cuna de una estrella mundial.

Carlitos, con su primer entrenador, Kiko Navarro.Carlitos, con su primer entrenador, Kiko Navarro.K.N.

Allí todavía es Carlitos las veces que pasa. De cómo creció entre la tierra batida se acuerda Santos, el encargado de mantenimiento del club los últimos 12 años. «Veía por los pasillos de las pistas a su hermano Álvaro y a una mochila con dos pies y decías, ahí va Carlitos. No se le veía porque era más pequeño que la bolsa», explica.

Prueba de crecimiento

Con cuatro años, el padre de Carlos, ya director de la escuela, tomó la decisión de no entrenar directamente a su hijo y dejarlo en manos de Navarro, primero junto a Carlos Santos, y después en solitario. «Con esa edad ya era capaz de pelotear cuando otros no podían ni con la raqueta. Tenía algo especial, pero aún temíamos que fuera bajito y la altura en el tenis profesional es importante. Así que le hicimos una prueba de crecimiento y Juanjo López, que es aún su médico, la clavó: 1,80 con margen de error de cinco centímetros, que los ha alcanzado», relata.

Alcaraz muerde un trofeo como Rafa Nadal ganado en su academia.Alcaraz muerde un trofeo como Rafa Nadal ganado en su academia.K.N.

Para Kiko, la cabeza del padre de Carlitos fue vital. «Es un técnico y se interesaba por todo, pero siempre desde un segundo plano y confiando en los demás, definiendo que entre ellos no se hablaba de tenis». «Sin ese entorno, no sería número 1 con 19 años». Con Navarro, Carlitos viajó por torneos infantiles con la ayuda del empresario y dueño de Postres Reina, Alfonso López Rueda, y hasta participó en la grabación de un spot de Nintendo jugando contra Rafa Nadal. «De Carlos eran los golpes del personaje de Mario Bros que retaba contra Nadal. Fueron dos días en Barcelona de los que estuvimos sólo cinco horas con Rafa, pero Carlitos estaba feliz», recuerda.

Después vino el control de whatsapp, «para que no se pasara las horas enganchado», las conversaciones sobre chicas y una complicidad que les ha llevado a ser muy amigos. Pero El Palmar ya se quedaba pequeño. «No había rivales que hicieran mejorar a Carlos y empezamos a llevarlo a Villena. Yo lo subía dos o tres veces a la semana, trabaja allí con Ferrero y conmigo y luego tenía que contárselo todo a su padre, con detalles técnicos», se sonríe.

Kiko Navarro, en la pista dura de la Real Sociedad Club de Campo de Murcia.Kiko Navarro, en la pista dura de la Real Sociedad Club de Campo de Murcia.K.N.

Otra vez la visión del padre fue determinante, en marzo de 2020. «Recuerdo que volvíamos Carlitos y yo de Turquía, donde habíamos visto las noticias de la muerte de Kobe Bryan y el virus de China sin ser conscientes aún de lo que era. Cuando aterrizamos su padre me cogió y me dijo: 'llévatelo a Villena, que esto se va a poner feo'. Gracias a esa agudeza, Carlitos pasó el confinamiento sin dejar su preparación, aunque nos costó, fue un año muy chulo, donde teníamos wild cards para el Conde de Godó y para otros torneos que nos hacían ilusión».

En un pestañeo, Carlitos había salido para siempre del control de El Palmar para convertirse en una estrella mundial.

¿Jugáis aún cuando viene por aquí?

No, ya sólo charlamos. Ya no tengo nivel ni para pelotear con él (sonríe).


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