Entrevista a Marcelino: ''Creo en Dios desde niño; sólo le tengo miedo a la muerte''
14:52
10 Julio 2022

Entrevista a Marcelino: ''Creo en Dios desde niño; sólo le tengo miedo a la muerte''

Sentado en el mismo banquillo donde empezó hace 25 años, esperando por un proyecto que le ilusione, uno de los mejores entrenadores españoles enseña su lado más personal, el más desconocido de alguien que no deja indiferente.

EDUARDO J. CASTELAO @EJCASTELAO Villaviciosa (Asturias) Actualizado Domingo, 10 julio 2022 - 03:04Enviar por emailVer 8 comentarios

A Marcelino se le escapan las lágrimas dos veces durante la entrevista. La primera, cuando recuerda el accidente de tráfico (se le cruzó un jabalí en una autopista) que pudo haber tenido un final mucho peor para él, para su mujer y para su madre en la previa de la Nochebuena de 2017. La segunda, cuando recuerda el fallecimiento de su padre (2014). En ambos casos, enseguida las reprime, suspira fuerte y continúa. Está sentado en el banquillo donde todo empezó hace 25 años. Es el campo de Les Caleyes, hogar del Lealtad de Villaviciosa, a 27 kilómetros de Gijón. Un campo de hierba natural, de los de margaritas junto al muro, de los del montículo en el área para drenar el agua, de los de barro bajo los pies del portero y porterías con algo de óxido. En una nublada mañana del verano asturiano, sentado en su cuna, Marcelino, 56 años, uno de los mejores entrenadores del momento, responde a todo, también a su fama, en cierto modo polémica. La conversación dura casi una hora.

Lealtad, ascenso. Sporting B, nada. Sporting, casi. Recre, ascenso. Racing, Uefa. Zaragoza, ascenso. 2ª etapa en el Racing salvación. Sevilla, no terminó. Villarreal de 2ª a Champions, Valencia Copa y 2 Champions y ahora el Athletic. ¿Una espina es el Sevilla?

No. La espina que tengo clavada es el no ascenso con el Sporting [temporada 2003-2004]. Esa es la verdadera espina como entrenador. En el Sevilla nos equivocamos ambas partes. Sobre todo yo, por aceptar algo de lo que no estaba convencido en lo que era confección de plantilla y perfiles de jugadores que la formaban. El Sevilla vivía una etapa de post-titulo y de agradecimiento a los futbolistas que lo habían logrado. Un par de años después, fichó 14 futbolistas para cambiar totalmente aquella plantilla, y ahí fue donde empezó a despegar de nuevo.

Está ahora con el campus para niños. ¿Qué opina de la formación de niños en el fútbol? A veces parece todo un poco desproporcionado. Niños de 12 años que tienen representante, la exigencia bestial a esas criaturas...

Desde hace ya bastantes años, resulta que los niños tienen agente desde muy pequeños. Eso es algo que está ahí. Lo que antes se conocía como el Torneo de Brunete, ese torneo de alevines, es muy posible que todos tengan representante. ¿Es lo mejor? No lo sé, pero es la realidad que vivimos. Desde muy pequeñitos, hay un exceso de exigencia, y existe la creencia de que cualquier niño que destaque con 12 años va a ser futbolista. Y no. Al contrario. Es un porcentaje muy pequeño el que lo consigue, porque al talento hay que unirle una serie de cualidades que no abundan en la sociedad de hoy en día.

Pero, ¿no cree que se presiona demasiado a esos niños?

Yo tengo la ventaja de que fui niño futbolista y estudiante. Y con mi hijo apliqué esa experiencia. Mi hijo jugaba muy bien al fútbol cuando era pequeño, pero yo siempre le puse el foco en lo prioritario, y lo prioritario en esas edades es estudiar. Y luego, hacer un deporte. ¿Ese deporte te llevará a ser profesional? Pues no lo sabemos. Los padres tenemos que intentar ayudar a nuestros hijos a estudiar, porque ese es su porvenir. Y luego ya con 18-19 años, tomar decisiones. Pero hasta esa edad... ¿Juegas al fútbol? Bien. ¿Eres bueno? Bien. ¿Te diviertes? Bien. ¿Disfrutas? Fenomenal, pero a la vez estudias. Estudiar, y aprobar y sacar buenas notas, genera obligaciones. Y las obligaciones son hábitos positivos. Mi hijo empezó a estudiar y a jugar, pero como me siguió a todas partes, eso le perjudicó, porque no tuvo una evolución normal en una cantera. Llegados a esos 18 años, él eligió estudiar y tiene una doble titulación en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y en Fisioterapia que hoy le valen para estar en nuestro cuerpo técnico por méritos propios.

Usted tiene 56 años. Con los chicos de 18, 19 y 20 años, ¿cómo es la comunicación con esa generación?

Los chicos han cambiado mucho. Es muy diferente entrenar hoy que entrenar hace 20 o 25 años a chicos jóvenes. La sociedad te va dando recursos diferentes y ellos así los admiten. Soy bastante paciente. Intento darles consejos prácticos que les sitúen donde de verdad están, les digo hacia dónde conducir su atención, les digo a qué tienen que prestar atención, a qué no hacerle caso... Eso es una labor de desgaste, pero a mí me gusta hacerlo porque creo que puedo ser importante en su futuro. Todos quieren ser futbolistas, y toda la información que reciben a su alrededor les confunde. Yo les tengo que dar esa información de la forma más veraz posible. Puedo ser incómodo para ellos, pero prefiero ser incómodo que decirle al futbolista todo lo que él quiere escuchar y que eso le lleve al error.

Porque para decirles lo altos, lo guapos y lo listos que son ya tienen mucha gente.

Claro. Ese mensaje lo escuchan en exceso. Pero ese mensaje no es la realidad. Las palabras vienen determinadas por los hechos, y los hechos son los que te ponen en tu lugar

Existe la creencia de que cualquier niño que destaque con 12 años va a ser futbolista. Y no. Al contrario. Es un porcentaje muy pequeño el que lo consigue

¿Cómo se definiría a sí mismo?

Como un tío muy normal, con una serie de valores humanos como son la sinceridad, el respeto y la humildad. Ahí me intento mover. Y a nivel profesional, me muevo en la equidad y en intentar tratar a todos por igual.

¿Cree que cae bien?

A los que me conocen, sí. A los que tienen relación diaria conmigo, sí. Todos vamos evolucionando, cambiando. Ahora tengo un grado de madurez muy considerable. La suma de experiencias a nivel profesional y personal te van ayudando a crecer si eres suficientemente analítico y responsable para saber que la equivocación es una parte de la forma de actuación. A partir de aquí, a la gente que me conoce, sabe de mis valores, y a un porcentaje muy alto le caigo bien.

Pero usted sabe que en algunos sectores se le critica mucho. Que si es un llorón, que si está todo el rato protestando, que si se ha peleado, verbalmente, con mucha gente...

Yo creo que eso hace años, sí, pero en los últimos seis o siete años creo que no. A ver, si empezamos a tirar de hemeroteca a una persona que se desenvuelve en el ámbito público, no creo que haya una sola persona al que no se le pueda tachar de algo en un momento puntual. Pero creo que soy una persona super respetuosa. Quizá hace años era mucho más impulsivo. Y luego a veces los entrenadores usamos frases que nos llevan al nivel competitivo. Lo hacen todos. Klopp, Guardiola, Simeone... Cuando compites al máximo nivel quieres ganar, ese es un gen que todos tenemos, y aprovechas determinadas circunstancias que crees que te pueden llevar, a ti y a tu equipo, al máximo nivel competitivo. Son frases donde seguramente lo que dices no lo piensas de verdad, pero te ayuda.

¿Se arrepiente de algo concreto en su carrera?

Hombre... Me arrepiento de todas las veces que me expulsaron los árbitros. Me arrepiento de algunas decisiones que tomé, pero en momentos puntuales me equivoqué, a la hora de elegir los equipos por ejemplo. Cuando estoy como ahora, sin entrenar, mi próximo proyecto seguro que me cuesta mucho tomarlo. Siempre actúo para tener la conciencia tranquila, y la tengo, porque todas mis decisiones vienen de un análisis profundo y desde el máximo respeto.

¿Usted se cae bien?

Sí, porque soy como quiero ser, no intento aparentar nunca lo que no soy, y eso me lleva siempre a actuar de frente. Soy un tipo muy normal, no necesito estridencias ni grandes situaciones para ser feliz.

¿Qué necesita Marcelino para ser feliz?

Lo que tengo. Vivir bien, pero sin grandes lujos. Tener salud, por supuesto. Tener una familia unida y... poco más. Y tener amigos que sé que puedo ir con ellos al fin del mundo.

¿Conserva sus amigos de siempre?

La mayoría de mis amigos de ahora no son del colegio. Son los padres de los niños que eran amigos de mi hijo. Desde entonces los conservo. Tengo tres o cuatro grupos de amigos que los conservo desde hace mucho. Donde voy a trabajar voy aumentando esa familia de amigos. Pero los de aquí de Asturias son mis amigos. Yo, cuando no trabajo, aquí es donde vivo y donde voy a vivir cuando deje mi profesión. Me gusta Asturias, mi tierra, me gusta Villaviciosa, me gusta Careñes, donde me criaron mis padres... Yo voy a una sidrería y nadie me dice nada, porque me conoce todo el mundo desde hace muchos años. El fútbol me hizo una persona muy conocida, pero ellos ven que soy el mismo que hace 25 años.

¿Qué queda del Marcelino que empezó en este mismo banquillo donde estamos sentados?

Pues los valores que te decía. Por aquel entonces era mucho más impulsivo, más nervioso, era un latiguillo. Era incómodo de pitar. Recuerdo que me expulsaban más de lo deseable.

¿Dónde busco mañana a Marcelino si está de vacaciones?

Pues por ahí andando en bicicleta, o en la playa, o saliendo con los amigos en pandilla. También me gusta el Mediterráneo y Baleares.

En el fútbol profesional, ¿es posible hacer amigos?

Sí, sí, sí. El mundo de los entrenadores es complicado, porque somos muchos para muy pocos banquillos. Al final tienes más afinidad con unos que con otros, pero como en cualquier ámbito de la vida. A mí la vida me enseñó que las personas adquirimos la amistad en función de la suma de nuestros valores. Si tenemos valores diferentes, podemos ser conocidos, pero quizá no amigos.

No sé si le cuesta hablar de esto pero, ¿qué le enseñó el accidente de tráfico?

Me enseñó que la vida me dio una segunda oportunidad [aquí se emociona y para unos segundos]. Y que al volante, eres responsable de tu vida y de la de los que viajan contigo, en este caso mi mujer y mi madre. Pero también me enseñó que fue el destino el que me puso una situación inesperada, fíjate, que desde la mediana, un jabalí saltó al coche. Venía a velocidad alta, una noche espléndida, acabábamos de parar a cenar un poco... Veníamos a Asturias a pasar la Nochebuena. Ese jabalí pudo hacerlo definitivamente.

¿Cree en Dios?

Sí.

¿Eso le ayuda?

Creo desde niño, y sí me ayuda. Creo mucho en el destino, y Dios, el destino o la suma de ambas cosas quiso que todo se quedara en un gran susto. Porque para la aparatosidad del accidente salí muy poco dañado, mi mujer un poco más y mucho más mi madre, pero mira, ahí está, con 85 años, con muy buena salud.

¿A qué le tiene miedo Marcelino?

Yo sólo tengo miedo a la muerte. Todo lo demás forma parte de la vida. A medida que van pasando años piensas 'me queda un poquito menos', y eso es a lo único que le tengo miedo, sí. Lo demás forma parte de la vida. Tienes momentos de felicidad, personal y profesional, y momentos de enorme dificultad, como fue la muerte de mi padre... [se vuelve a emocionar].

¿Ha tenido ofertas en estas semanas?

Alguna hemos tenido, pero creo que estamos ahora en una situación en la que queremos ver, si nos surge, la posibilidad de un proyecto muy ilusionante que este cuerpo técnico se merece. Nuestra trayectoria en los últimos años, con esos logros de forma reiterada y en diferentes equipos, creo que nos merecemos un muy buen proyecto. Y si no llega... Pues el tiempo nos dirá si somos muy optimistas, poco realistas, o si realmente hemos hecho méritos para conseguir ese gran proyecto, que yo creo que sí.

La última está clara. ¿Va a ser el próximo seleccionador nacional?

No tengo ni idea. La realidad dice que tenemos un muy buen seleccionador y que tiene contrato en vigor, así que merece mi máximo respeto y apoyo. Una vez que Luis decida no estar, para mí, igual que creo que para el resto de entrenadores españoles, sería una grandísima ilusión y todo un orgullo ocupar ese banquillo. Pero insisto, eso es una ilusión y está muy alejada en este momento de la realidad.


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