Envejecer diez años en un día
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28 Marzo 2021

Envejecer diez años en un día

Estela, de 44 años, no puede caminar más de un minuto sin que el corazón se le dispare: «Llevo así desde marzo. ¿Por qué me ha tocado esto a mí?»

Mª Carmen se fatiga al hablar. Tiene que esforzarse para no caerse al caminar y sus músculos apenas tienen fuerza. Por no hablar de lo que le ha costado tener que renunciar a su gran pasión: la lectura. «No consigo concentrarme ni retener la información, así que he tenido que dejarlo», comenta mientras coge las cintas elásticas que le ha dado David, su fisioterapeuta.

Hace un año que se contagió de Covid y aún hoy no ha conseguido ser ni la sombra de la que era antes de la sufrir esta enfermedad. «Es como si hubiera envejecido 10 años de golpe, no me reconozco. De un día para otro cambió todo. El 20 de marzo me desmayé en casa, me llevaron al hospital y ya no recuerdo más. Cuando me desperté no sabía dónde estaba ni qué me había pasado. No distinguía lo que era realidad o ficción. No controlaba el brazo derecho, tenía un trombo en la pierna y me fatigaba a la mínima. Tampoco podía comer sola, se me caía todo encima. De un día para otro pasé a convertirme en una persona dependiente», describe mientras sus compañeros de clase se empeñan en ejercitar su musculatura y equilibrio.

«De un día para otro pasé a convertirme en una persona dependiente. Aunque ya he recuperado movibilidad, no me reconozco», asegura Mª Carmen González, de 73 años Foto: ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Esta madrileña de 73 años asiste dos días a la semana al nuevo servicio de rehabilitación que ha organizado el Hospital Gregorio Marañón para pacientes que han superado la Covid, pero que las graves secuelas les impiden retomar su vida previa a la infección. Marta Casallo es la médica que junto con el fisioterapeuta David Peña han implantado este programa, el cual lleva en marcha un mes y medio y por el que han pasado ya más de una veintena de pacientes: «Cuando pudimos abrir las consultas de rehabilitación nos dimos cuenta de que era necesario organizar algo para pacientes que mostraban serios problemas para recuperarse de las secuelas. La mayoría de ellos refieren fuertes dolores musculares, articulares, una sensación de fatiga contante que les imposibilita volver a su puesto laboral y que presentan falta de aire con mínimos esfuerzos», explica la doctora. La finalidad de este proyecto es dar a los pacientes las pautas necesarias para, después, en sus casas, realizar los ejercicios que aquí les han enseñado y poder así, poco a poco, ir mejorando.

El pitido del pulsioxímetro

David atiende a Estela, de 44 años, a quien la Covid le dejó una fuerte huella en el sistema cardiorespiratorio. Le coloca en el dedo un pulsioxímetro que nada más activarse muestra el elevado nivel de pulsaciones: «Hoy me he levantado fatal, incluso para venir al hospital he tenido que pararme a hacer un descanso porque no podía caminar. Y eso que vivo al lado», explica esta madrileña. Se sube a la bici, empieza a pedalear y el medidor del ritmo de su corazón se dispara. «Descansa un poco», le indica David. El fisioterapeuta reconoce que los paciente que tienen en este programa de, los cuales oscilan entre los 40 y los 75 años, «muestran un todo en uno, es decir, afectaciones de pacientes vasculares, neurológicos, pulmonares y cardiorespiratorios. Es una mezcla de todos ellos concentrados en una misma persona, eso implica tener que controlar muchos aspectos al mismo tiempo».

Estela, junto a su fisioterapeuta David: «Hay días que soy incapaz de levantarme de la cama. No puedo leer ni ver series porque ya no tengo memoria. Cada día es volver al punto de partida»Foto: ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Por ello, las sesiones son muy reducidas y solo hay cuatro pacientes en cada una de ellas. Hoy es el último día de Estela, que cayó enferma el 15 de marzo del año pasado: «La Covid me provocó una pericarditis, además de la neumonía bilateral. Una vez que me dieron el alta mi vida ya no era la de antes. Me ha cambiado todo, no puedo hacer nada, me canso, se me acelera el corazón... No sé cómo voy a amanecer cada día. Hay veces que me levanto y estoy bastante bien y me animo, pero al día siguiente no puedo salir de la cama y supone regresar al punto de partida de nuevo. Trato de ser optimista, pero es desesperante».

Tras bajarse de la bici se dispone a hacer ejercicios de fuerza. Los brazos le tiemblan y ella se desespera: «Esto ha provocado un terremoto en mi vida, yo era una persona muy activa, no paraba, caminaba mucho y a buen ritmo, ahora si llego a los 10 minutos ya es una buena noticia. Además, me da mucho miedo lo que me pueda pasar, por eso he venido a estas sesiones donde, aunque se me acelere el corazón al hacer un mínimo esfuerzo, me tienen controlada por si me pasa algo».

David hace referencia, precisamente, a esa sensación de temor que ahora tienen muchos pacientes ex covid. «Aquí ganan confianza, necesitan un entorno seguro y controlado. Hay que tener en cuenta que la mayoría ha perdido mucha masa muscular como consecuencia estar encamados durante un largo periodo. La recuperación es lenta, pero se puede conseguir. También se nota que varios han perdido capacidades cognitivas, de memoria y concentración. Aquí, incluso, se aprecia cómo les explicas los ejercicios y les cuesta retener las directrices».

Josefa, junto Marta Casallo, la médica de la unidad de rehabilitación de pacientes ex covid del Hospital Gregorio MarañónFoto: ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Cerca de Estela se encuentra Josefa López, de 71 años, que trata de mantener el equilibrio mientras camina protegida entre dos barras. «Ahora coge esta pelota, ponla a la espalda y camina sin agarrarte a la barra», le indica Marta. «Yo con tal de no retroceder, me conformo. He estado muy malita, no podía ni hablar, y a mis hijos les decían que no esperaba que saliera, así que, al menos, estoy aquí», explica mientras hace una pausa para sentarse. Relata que estuvo mes y medio en la UCI y que ahora «ya no puedo andar tan tiesa como lo hacía antes, necesito de un bastón y de andador. Gracias a que tengo un marido que me hace todo, porque yo ya casi ni cocinar puedo».

Juan Rincón asegura que "he cogido mucho miedo, me cuesta moverme y me fatigo. Sueño con poder volver ir a bailar con mi mujer"Foto: ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Su respiración se entrecorta y el cansancio después de dos paseos entre las barras es evidente. Se sienta y nos sigue contando: «Aquí hago bicicleta, cintas.... y luego mi marido me aprieta en casa para que haga todo lo que me manda el médico. Lo que más me cuesta es la bici». Juan, otro de los pacientes, hace sentadillas agarrado a las espalderas. David le indica que realice cinco bajadas y descanse, pero él quiere hacer diez para superarse. El fisioterapeuta le vigila: «Después de la enfermedad me he acobardado mucho. Antes era muy activo, no es que saltara vallas, pero caminaba bien y me gustaba ir a bailar con mi esposa», afirma con humor antes de apremiarnos para concluir la entrevista porque se acerca la hora de comer: «El apetito y las ganas de tomarme mi cervecita es lo único que no he perdido», sentencia.


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