Errejón se confiesa: fue víctima del ''estalinismo cuqui'' de Iglesias en el Podemos de ''las sonrisas''
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23 Septiembre 2021

Errejón se confiesa: fue víctima del ''estalinismo cuqui'' de Iglesias en el Podemos de ''las sonrisas''

El fundador de Podemos y ahora diputado de Más País relata en ''Con todo'' (Planeta, 2021) las peripecias de los ''años veloces''.

Errejón llegó a un pacto con su editora durante la preparación del libro. Por un lado estaría la narración de los "años veloces" y por otro las disquisiciones sobre los "núcleos irradiadores". Por un lado la crónica ágil de la "confrontación civil" –la expresión es suya– que asoló Podemos y por el otro la teoría política.

Las páginas de color gris acogen los llamados "excursos". Un palabro que ha sido algo así como el antojo que se ha permitido el autor para narrar a cambio, despojado de todo intelectualismo, el auge y la caída de Podemos. De la luz a la oscuridad. Con una oscuridad absoluta, donde lo peor de la política es mucho peor de lo que hubiéramos imaginado. Como dice el propio Errejón, el episodio lo tiene todo: celos, envidias, odios, traiciones, asesinatos...

Se queja Errejón de que la guerra civil de Podemos fue tratada por los medios como una telenovela, aunque en un momento dado viene a reconocer que ese tratamiento es inevitable por la naturaleza del conflicto. Los amigos –y parejas– de la adolescencia acaban en un tiroteo continuo. En realidad, mucha pistola con silenciador. No es Juego de Tronos, sino El Padrino. Ya verán los ejemplos que recoge esta crónica: no tienen desperdicio. ¡Cuánta esquela!

El resumen del evangelio de Podemos según Errejón podría ser el siguiente: el entonces número dos y director de campañas electorales diseñó la "trampa" que acabaría matándolo –sí, utiliza el verbo "matar"– al colocar la cara de su amigo "Pablo" en la papeleta de aquellas elecciones europeas.

Aquel gesto alumbró el acaudillamiento de la formación y dio lugar a una "camarilla" –ahí encuadra a Irene Montero o Juanma del Olmo– que convirtieron la organización en una auténtica máquina de purgar. Ni Stalin en su mejor momento. Errejón habla, por cierto, de "estalinismo cuqui". Porque dice que Iglesias y su camarilla les asesinaban mientras sonreían de puertas hacia fuera.

Su libro, sobra decirlo, es la versión de Errejón. Una versión de parte, tan dura y precisa que seguro obliga a Iglesias, ahora que tiene tiempo, a escribir otro libro sobre lo mismo. Es justo decir que el ahora diputado de Más País ha escrito las cuatrocientas páginas solo y con buena pluma. La narración –sea cierta, falsa, exagerada o verosímil– funciona. Engancha. Asistimos a un thriller que desvela al lector lo más resguardado de la política. Todo aquello que los líderes procuran esconder.

El principio

Vayamos al principio. Estamos en la universidad. Errejón ya ha dejado de ser un joven libertario. Ha conocido el sexo y la farra. Cuando era anarquista, el "deseo" estaba vilmente postergado: "No bebíamos, no nos preocupábamos por ligar, creíamos que el deseo nos despistaba de lo importante".

Conoce a Pablo, que tiene cinco años más que él: "Me insiste en que tengo que hacer una carrera académica (...) Viene de las Juventudes Comunistas (...) Tiene ya obsesiones que serán clave después; la más importante, la cuestión comunicativa".

Iglesias, de pronto, se convierte en una suerte de "hermano mayor" para Errejón: "Ejerce mucho de centro vital y de orden para mí". Se hacen tan amigos que, cuando Íñigo está de Erasmus en Utrecht, Pablo va a verle. La cosa empieza a carburar. Dice Íñigo que Pablo es tan disciplinado como para, sin apenas hablar inglés, aprenderse todo un discurso casi fonéticamente.

Por el camino, Errejón se enamora de una chica de Gerona. Aprende el catalán a toda pastilla. Ese es el secreto de los mítines que después dará en Cataluña. Pero no nos desviemos. Avancemos varios años. Errejón pasa por Bolivia y los países latinoamericanos. Aprende, pero también se desencanta de la revolución. Sale con Rita Maestre, que le enseña a discutir.

La relación entre Errejón e Iglesias es básicamente esta: "Pablo mete el espectáculo y yo las turras". Su primer trabajo serio juntos es dirigir la campaña de Izquierda Unida. Son uña y carne, pero se percibe una diferencia que a la larga será fundamental: Errejón no siente por los partidos comunistas y los aparatos el mismo romanticismo que Iglesias.

Podemos, de hecho, iba a ser la candidatura de Pablo Iglesias a las europeas como líder de Izquierda Unida. Por fortuna para Errejón, los de IU ven que eso tiene una pinta muy rara y los mandan a freír espárragos. A Íñigo le daba miedo verse envuelto en otra campaña en la que discutir la altura de la hoz y el martillo en el cartel –el ejemplo es suyo–.

La papeleta

Total, ya estamos en Podemos. Son todo chavales de apenas treinta años. En las primeras fotos reúnen a los canosos y los colocan en lugares visibles para insuflar seriedad al proyecto.

Errejón –huelga decirlo, pero todo esto siempre es su versión– choca con los anticapitalistas: "Efectivamente, no hemos empezado y ya soy el ala derecha de Podemos".

Estamos lejos de la ruptura, pero ya vuelan algunos puñales: "Cada vez que hacemos lo contrario de lo que los manuales de izquierda dicen, crecemos. Mucho tiempo después, cuando la izquierda que antes nos criticaba comience a aplaudirnos, empezaremos a decrecer".

El autor ubica el principio del fin en la papeleta de esas primeras elecciones. Una idea que, por cierto, fue suya; de Íñigo: "Si Podemos ya no es la papeleta, sino que la papeleta es Pablo, el partido se ha entregado al soberano. Al menos simbólicamente se caudilliza. Un modelo que yo mismo constitucionalizaré después en Vistalegre y al que daré soporte intelectual... Como un ratón que diseña la trampa que luego lo matará (...) Ahí se funda el caudillismo podemita".

Esa decisión fue un acierto electoral. Un porrón de votos y cinco escaños en Europa que nadie esperaba. Errejón descubre el ego. Deja la sombra y se sube al escenario: "Había descubierto que me gustaba mucho hablar y darlo todo; que me ponía –los mítines–, vaya".

Cuando la cosa se pone seria, Errejón pronostica que, si se lanzan definitivamente a la política, se les va a "joder la vida": "No existen líderes alegres de grandes procesos de transformación social. Nuestros referentes acaban todos tristes". Al final del libro acabará por admitir que todo fue mucho peor de lo esperado.

Se "jode" la vida

Vamos con el nacimiento de la "camarilla" y la distancia que se comienza a crear entre Iglesias y Errejón: "Pablo tiene condición de ídolo de masas y, como ocurre con toda persona muy admirada, eso lo separa de la gente y lo aísla. Y ahí nosotros cometemos un error humano y político tremendo, porque cuando empieza ese proceso, Pablo pide ayuda y nosotros no cumplimos. Necesita que alguien le acompañe a las tertulias, que haga equipo con él, que le cuide (...) Rafa Mayoral, Irene Montero y Juanma del Olmo ahora sí entran. Se pegan a Pablo, le acompañan, asienten. Comienzan a decir que no está cuidado, que ellos le cuidan. No hay sistema caudillista sin corte". ¡Bum!

Así presenta Errejón a los que van a ser sus cruentos enemigos en la batalla final de Podemos. En septiembre de 2014, en un retiro espiritual de Podemos en Ávila, Iglesias ya propone ir en coalición con IU a las generales y a las autonómicas. "Todos" le dicen que no, que esa "idea interrumpe lo que está naciendo", el movimiento transversal.

"Tras aquellas jornadas, Pablo me dirá: 'Esta es la última vez que me pasa esto'. Aquel espacio, aquella asamblea, no volverá a ser el espacio de decisión", rememora Errejón. "La reunión termina mal y Pablo se marcha con la certeza, estoy seguro, de que se encuentra solo en su propio partido y de que necesita gente que le obedezca (...) O dicho de otra forma: si se viene un partido, necesito comunistas. Porque nadie mejor que un comunista para habitar un partido". Ya puede leer la derecha este libro porque el traje que se le hace al comunismo... ni el mejor sastre.

Se presenta a las elecciones "un Podemos de forma vertical con todo el poder construido en torno al secretario general": "Un podemos que yo ayudé a diseñar y que finalmente terminó por matarme".

El auge de la "camarilla"

Errejón lamenta que mientras él se dedicaba al discurso y a dirigir campañas, la "camarilla" trabajaba para "concentrar recursos de poder interno". Comienza la dialéctica de la división. Los unos y los otros. Pero con hache, que decía Unamuno.

Tras las elecciones andaluzas, "Pablo y yo dejamos de quedar en casa de uno y del otro, de cenar juntos, de contarnos, con lo que perdemos un espacio informal para charlar, negociar diferencias y pactar acuerdos".

Ahí se resquebraja la amistad, aunque todavía continúa la sintonía política. Eso sí, Errejón ya se percata de lo que llama "una legión de fontaneros que va a los mítines no a emocionarse o aportar ideas, sino a hablar mal de unos y ofrecer prebendas a otros".

La primera gran diferencia política aparece cuando Podemos arrasa en las generales y empieza una negociación con el PSOE. Errejón quería negociar de verdad y dice que Iglesias hizo todo lo posible para abrir una negociación que fracasase.

"Una prueba de que para la ejecutiva de Podemos la comisión negociadora no iba en serio es que la llevo yo". ¡No me digan que el tío no es un cachondo! En el libro también hay mucho de eso, de un humor un poco Allen.

"Era como exponerme al fuego abrasador del PSOE para que la verdad de su perversidad me hiciera volver a una especie de redil del que se ve que me había salido", rememora.

Iglesias quiere repetir las elecciones y cumplir su sueño: una coalición con Izquierda Unida. Errejón se lleva las manos a la cabeza. Discuten con muy mala hos... por primera vez delante de varios compañeros.

Llega Irene

Errejón se vuelca con el trabajo parlamentario. Es portavoz de Podemos. Le colocan a Irene Montero como sombra: "Con Irene es una pelea constante entre mi autonomía como portavoz y la necesidad de someterlo todo a la ejecutiva; es decir, trasladar las cosas a un espacio en el que me encuentro en minoría".

Es decir: Errejón critica que, allí donde mandaba él, el Congreso; Irene procuraba hurtar las decisiones importantes y llevarlas al ámbito del partido, donde mandaba Iglesias.

En ese momento, esta era la dinámica en Podemos según Errejón, una auténtica guerra entre pablistas y errejonistas: "¿Me matas un secretario general en no sé dónde? Te tumbo el grupo municipal de no sé qué. ¿Me quitas a no sé quién? Dimiten ocho no sé dónde. ¿Incendias un territorio para forzar unas primarias? Te meto otra parecida en otro sitio". ¡Nueva política... al más puro estilo soviético!

Todo se reviste de un ambiente policiaco. Se crean los grupos de WhatsApp paralelos a los oficiales. Se producen reuniones secretas en lugares alternativos a la sede.

Iglesias se entera de los grupos paralelos porque Sergio Pascual, un íntimo de Errejón, se deja la tablet abierta en la sede. Iglesias se lo carga. Errejón le dice a Iglesias que su delito es el mismo. Iglesias responde: "Es verdad, pero contigo no puedo aún". ¡Con las cosas que hemos escrito los medios! La realidad –si es que ésta es la realidad– fue mucho mejor.

En la Nochebuena posterior a la repetición electoral, afines a Iglesias lanzan en Twitter el hashtag #ÍñigoAsíNo. Errejón llama a su ¿amigo? y le pregunta: "Hablo con él y no me lo niega".

La "mierda"

"A partir de ahí el camino es una espiral descendente de mierda. Las ejecutivas eran los lunes. Ya he comentado que, del tiempo que me pasé en América Latina, se me jorobó el estómago, pues me levantaba cada lunes con arcadas", relata.

"Todo lo de Vistalegre fue triste. Llegamos cada uno por un lado, los camerinos estaban uno al lado del otro, pero luego no nos hablábamos. Una mierda", apunta.

Después llega el nombramiento, por llamarlo de alguna manera, de Errejón como candidato a la Comunidad de Madrid. El autor se queja de que le quitaron "todas las ventanas mediáticas". Él aceptó, pero pidió seguir yendo a una tertulia de la Ser, en Hora25, con Ángels Barceló.

"Irene se encaprichó (...) Juanma del Olmo se empeñó en un conflicto con el programa que acabó con Irene Montero intentando entrar en una tertulia donde no estaba invitada", critica.

Errejón denuncia que, en un acto de Podemos en la Puerta del Sol tras la moción de censura a Rajoy, al no haber sido invitado al escenario, hizo una conexión con su móvil... ¡y fue abroncado por el partido!

Así una detrás de otra, cuenta Íñigo, hasta que una gota colma el vaso. Echan a su amiga Rita del partido. Al parecer porque se negaron a que el aparato impusiera varios miembros en la lista de Madrid ciudad.

La realidad siempre supera a la ficción. Cuando la expulsión se comunica en el chat del Consejo Ciudadano, Rita responde: "Recibido, hasta luego, Maricarmen". ¡¡¡Hasta luego, Maricarmen!!! Manuela Carmena –verán, es maravilloso– no comprende. ¿Los de Podemos han echado a los de Podemos? Pregunta: "Pero cómo los van a echar si son de ellos".

Errejón hace lo mismo. Hasta luego. Bueno, hasta nunca. Y monta Más Madrid. Consigue aguantar las embestidas. La organización, aunque pierde el Ayuntamiento y no gobierna en la Comunidad, queda por delante de Podemos. Una situación que se repite en los últimos comicios, aquellos en los que desaparece... Pablo Iglesias.

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