España lanza una moneda al aire
23:34
31 Marzo 2021

España lanza una moneda al aire

La selección se deshace de Kosovo, pero vuelve a dejar algunas dudas y ofrece unas sensaciones agridulces

Directo Así lo vivimos Polémica Los malabares de TVE y RFEF para no tratar a Kosovo como a un igual

España es una moneda al aire. Y como todas las monedas al aire, puede caer por cualquiera de los dos lados. Puede ser cara, y tiene hasta opciones de ganar la Eurocopa si cogen la senda y tienen algo de suerte. Pero también puede ser cruz, y quedar eliminada a las primeras de cambio en un grupo donde estarán Suecia, Polonia y Eslovaquia (caer en esta fase de grupos es casi imposible porque pasan tres de esos cuatro). De canto, la moneda no puede caer. España es una moneda al aire desde la alineación, que Luis Enrique agita como un cubilete mueve un dado durante una partida de parchís. España es una moneda al aire ante cualquier rival, también ante uno tan débil como el de ayer, que le zarandeó durante 20 minutos en la segunda parte. España es una moneda al aire, en fin, y la duda es si puede ser algo más que eso con los mimbres que tiene. Seguramente sí, pero tampoco está claro el cómo. Con este entrenador, desde luego, va a seguir siendo lo que es. Una moneda al aire.

Superada la intendencia que recomendó el Gobierno para evitar llamar Kosovo a Kosovo, y superada también la estupefacción de no ver a Sergio Ramos en el once cuando, teóricamente, no tiene ningún problema de salud, el partido fue lo que todo el mundo esperaba que fuera. Algo más entretenido que las sesiones ante Grecia y Georgia, fundamentalmente porque Kosovo (que se llama Kosovo) juega mucho más abierto que los anteriores rivales, y claro, cuando eres tan inferior y encima te abres, facilitas la labor a un equipo como España, que aún así tardó más de media hora en romper el marcador.

Lo hizo con dos goles de sus dos extremos, Dani Olmo y Ferran Torres, dos de las apuestas más decididas de Luis Enrique, si es que tal término se le puede aplicar al seleccionador. El resto de la primera parte apenas sirvió para intuir por dónde van a ir los tiros en la próxima Eurocopa. El técnico asturiano redujo los cambios en el once de siete a cuatro, y lo primero que quedó clara es su apuesta en la portería. Unai Simón es el portero titular de la selección española. Ese sería el titular. Pero eso sólo quiere decir que, si mañana no empieza la Eurocopa, Simón sería el portero. Pero claro, a saber qué pasará por la cabeza del seleccionador dentro de dos meses y medio, que es cuando se juega el torneo.

Otras de las convicciones, hoy firmes, mañana quién sabe, del entrenador son Eric García, que ha jugado todo en esta serie de partidos, Ferrán y Olmo, Morata (que han participado en la mayoría de los minutos) y hasta Koke o Busquets, con dos partidos cada uno. ¿Y Pedri? Pues Pedri jugó la última media hora contra Grecia y luego encadenó dos titularidades, y eso que ante los griegos, el primer día, fue mucho más discreto que su compañero Bryan Gil, cuyo fogonazo en Granada sólo le sirvió para ser titular contra Georgia y durar media parte. Son idas y vueltas del dueño del banquillo, encantado con su propuesta fija de que no haya nada fijo.

Ante Kosovo (que se llama Kosovo), pues, el equipo empezó con más dinamismo, pero poco a poco se fue apagando. Se alegró, cómo no, con los goles, pero no descubrió ningún brote, ni verde ni de ningún color, que haga sospechar qué versión de este equipo nos vamos a encontrar en la Euro. En la segunda parte, la moneda siguió por el aire. No hay otra forma mejor de definir cómo Kosovo zarandeó a España durante 20 minutos, y cómo gracias a un error grosero, muy grosero, de Unai Simón (quién sabe si esto alimentará de nuevo el debate de la portería) la pequeña selección balcánica llegó a ponerse en disposición de empatar el partido. No lo hizo porque en un córner Gerard Moreno marcó el tercero para dejar paso desde ese momento a la otra atracción de la noche: Sergio Ramos.

El capitán jugó los últimos cuatro minutos para sumar 180 internacionalidades. Cabe preguntarse si un partido oficial es un escenario asumible para hacer semejante concesión, que no es la primera. Cabe preguntarse por qué el capitán, indiscutible siempre, ha sido dos veces suplente de forma consecutiva si, como dicen todas las partes, estaba bien físicamente. Cabe preguntarse por qué, si ha sido suplente, ha de jugar esos últimos cuatro minutos. Cabe preguntarse, en fin, todo lo que ha rodeado a Ramos esta semana. Es difícil gestionar peor una presencia o no presencia en el campo de un mito, manchado se quiera o no por el show.


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