Facebook y el drama de la frontera de Polonia: una historia de clics, confusión y 'fake news'
06:06
25 Noviembre 2021

Facebook y el drama de la frontera de Polonia: una historia de clics, confusión y 'fake news'

La segmentación de las audiencias de la plataforma es la entrada perfecta para quien quiera utilizar Facebook para la manipulación.

En 2015, los grupos de apoyo a Donald Trump (o, más bien, de rechazo a Hillary Clinton) se multiplicaron por las redes sociales y más concretamente por Facebook. ¿Por qué la plataforma de Mark Zuckerberg? Bueno, desde su creación, Facebook se había vinculado a la amistad y al encuentro de desconocidos con gustos afines.

En ese sentido, el paso de la relación individual entre viejos amigos de colegio, compañeros de universidad o conocidos de alguna noche loca al establecimiento de comunidades fue decisivo. Del toque se pasó al comentario, del comentario al mensaje privado y aquí llegaba por fin la posibilidad de compartir experiencias y noticias con multitudes muy definidas.

Esa definición es la que vende Facebook a sus anunciantes aficionados a la música de los ochenta, aficionados a Harry Potter, aficionados a determinadas marcas de ropa o de coche o de establecimiento de comida rápida… y es a su vez una entrada perfecta para aquel que quiera utilizar el medio para la manipulación.

Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

Si capto a todos los votantes blancos, de contextos rurales o suburbanos, con gustos muy concretos, y los animo a unirse a mi grupo de discusión política, bastará con llenar dicho grupo de falsas noticias sobre tal candidato para convertir a varios tranquilos ciudadanos en moderados (o no tanto) activistas en muy poco tiempo.

En eso, Rusia es un país experto. Pocos dominan el juego subterráneo en la diplomacia como ellos. Los vínculos del gobierno de Putin con la campaña de Trump fueron probados por la investigación abierta en el Senado y se basaban en Facebook y en muchas otras redes.

La desinformación en busca del odio y el enfrentamiento. Lo que Rusia hizo en 2015 y 2016 parece que lo está haciendo en 2021 con las tensiones en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Unas tensiones con escudos humanos de por medio que han sido colocados ahí por alguien… pero a los que probablemente ese mismo alguien engatusó de mala manera para morder primero el anzuelo.

La frontera que nunca se abrió

Insistir en el conflicto migratorio entre ambos países, es decir, en el conflicto migratorio con la Unión Europea y con la OTAN, pues Polonia pertenece a ambas organizaciones y Bielorrusia no, es contar solo una parte muy pequeña de la verdad. Los inmigrantes son sólo peones dentro de una enorme partida de acoso a Europa por parte de sus vecinos orientales, especialmente el gran país oriental presidido desde hace décadas por Vladimir Putin.

No es casualidad que gran parte de los migrantes que han sido trasladados de la verja fronteriza a una fábrica gigante sean kurdos iraquíes a los que se ha animado a venir con grandes ofertas en vuelos de aerolíneas rusas y bielorrusas… y con anuncios en Facebook prometiendo una pronta apertura de la frontera con Polonia.

Vladimir Putin, presidente de Rusia.

Vladimir Putin, presidente de Rusia. Reuters

Esta misma semana, el New York Times publicaba la ilustrativa historia de Mohammed Faraj, quien habría viajado de Bagdad a Minsk en avión con la idea de cruzar la frontera sin problema alguno, todo para encontrarse con un ejército defendiendo posiciones e impidiendo la entrada.

Faraj habría vuelto a Minsk viendo el panorama, se habría hospedado en un hotel y habría vuelto al campamento de inmigrantes al ver, también en Facebook, que, esta vez sí, la frontera estaba a punto de abrirse. En la actualidad, está con el resto de engañados esperando a ver qué hace Bielorrusia con ellos. La posición de Polonia al respecto está muy clara.

¿Cuántos de los hacinados en la frontera con Kuznica han llegado ahí a través de los reclamos en las redes sociales? Imposible saberlo. Hace tiempo que Facebook se comprometió a verificar cada noticia compartida en su plataforma y dedicar especial cuidado a aquellas que podían incitar al odio o causar daños morales o físicos en terceros.

Aunque es probable que la red social en cuestión haya hecho alguna clase de esfuerzo al respecto, lo cierto es que sus tentáculos ya son demasiado largos e incontrolables. Y sabemos, por la investigación abierta en el Congreso de los Estados Unidos, que incluso cuando se puede controlar, no siempre se hace con el celo necesario.

El problema no es Facebook, es la guerra híbrida

En cualquier caso, cebarse con el medio recuerda la historia del dedo que señala la luna. En primer lugar, dice mucho del mundo actual que la gente no solo se informe, sino que tome decisiones que afectan a su vida, según lo que alguien cuelgue en su muro de Facebook.

Aunque se aproveche del tráfico generado, Facebook no es un medio de comunicación ni mucho menos un medio fiable. No es cuestión de pelearse con Zuckerberg hasta que lo sea, sino de filtrar uno mismo las informaciones y elegir mejor las fuentes. Pensar que eso no se puede hacer en Iraq sería caer en un paternalismo irritante.

Guardias fronterizos ucranianos durante un entrenamiento en la frontera de Bielorrusia y Polonia.

Guardias fronterizos ucranianos durante un entrenamiento en la frontera de Bielorrusia y Polonia. Reuters

En segundo lugar, nos dice algo del estatus de estos inmigrantes. Frente al tópico clasista que ve en el inmigrante a un inadaptado o a alguien inferior en algún sentido, lo cierto es que hablamos de gente de clase media-alta en sus países con acceso a la tecnología, algo que ya vimos en la crisis migratoria de 2015, protagonizada principalmente por sirios con suficiente dinero como para pagarse los viajes hasta los límites de Europa. En este caso, al dinero se une la información o, si se quiere, la desinformación. No son mafias o no son solo mafias que captan a desesperados para traerles a Occidente. Son ciudadanos libres que deciden morder el anzuelo.

Por último, y con esto volvemos al principio, este tipo de noticias no hacen sino reforzar la imagen de determinados países como generadores constantes de inestabilidad. Le ha tocado a Polonia como le tocó en su momento a Estados Unidos o como probablemente le toque en cualquier momento a Ucrania, posible próximo objetivo de la política exterior de Putin. Enfrentas, divides y aprovechas la circunstancia para arrimar el ascua a tu sardina sin pegar un tiro ni lanzar un misil. La famosa guerra híbrida que tan de moda se ha puesto.

Un conflicto que amenaza con enquistarse

La resolución del conflicto entre Polonia y Bielorrusia no parece que vaya a tener un fin cercano. Sí puede tenerlo esta crisis en concreto. Bastaría con informar a los refugiados de que su acceso a Polonia será imposible y financiar de alguna manera la vuelta a sus países como se financió su marcha de los mismos. El asunto es que eso cuesta dinero y Lukashenko, una vez hecha su demostración de fuerza, no parece tener intención de ocuparse de los perjudicados. Otra cosa es que se rebelen o que generen algún tipo de problema. En ese caso, quizá, dejaría aparte tanta complacencia.

En cualquier caso, el ejemplo ya está ahí. En cualquier momento, esos dos mil inmigrantes pueden volver a sus países… pero, al mes siguiente, pueden aparecer otros dos mil que los sustituyan. Sea fletando vuelos, sea mediante la ayuda de mafias o sea mediante anuncios falsos en redes sociales. El método, en realidad, da lo mismo. Se ha hecho una vez, se ha visto que suponía una enorme incomodidad para el enemigo, y se puede amenazar con ello siempre que el tablero político así lo exija. Poco más o menos, lo que hace Marruecos con España.

En ese sentido, Facebook nunca será más que una herramienta. Una herramienta peligrosa en lo que tiene de global y una herramienta que tendrá que responder del uso que permite a ajenos, pero el problema real estará en otro lado. Las redes sociales son ideales para los mensajes de odio, pero el odio es previo. Son ideales para el engaño o para la explotación de una necesidad, pero tanto la credulidad como dicha necesidad existen de antemano.

Marta Peirano, en su excelente libro El enemigo es el sistema recoge varios ejemplos de mala praxis de Facebook, más allá del escándalo de Cambridge Analytica. El asunto, en cualquier caso, es la necesidad tribal del ser humano y su comportamiento una vez se siente entre los suyos. Dentro de ese comportamiento gregario, los Mohammed Faraj del mundo siempre serán carne de cañón y su desesperación, un arma arrojadiza.

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