Fernando León de Aranoa: ''En la sociedad actual imperan el miedo, la jerarquía y el vasallaje''
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22 Septiembre 2021

Fernando León de Aranoa: ''En la sociedad actual imperan el miedo, la jerarquía y el vasallaje''

Casi dos décadas después, el director de 'Los lunes al sol' presenta el contraplano de aquella aventura de parados en busca de su identidad con de 'El buen patrón', una comedia trágica el mercado y sus alrededores

Crítica 'El buen patrón': cómo un inmenso Javier Bardem fija, pule y da esplendor a la ironía corrosiva de León de Aranoa

Fernando León de Aranoa (Madrid, 1958) regresa al escenario no exactamente del crimen. Hace casi dos décadas, su película 'Los lunes al sol' se alzó con la Concha de Oro en San Sebastián y se convirtió de paso en el acontecimiento cinematográfico de su año. Ahora vuelve y lo hace con el contraplano de aquella historia de parados desesperados. La desesperación sigue ahí, Javier Bardem sigue ahí, pero el que cuenta es el que manda, el empresario. 'El buen patrón' es una fábula ácida y divertida de nuestro tiempo, pero desde arriba. Desde lo más alto quizá.

Hace 19 años 'Los lunes al sol' ganaba la Concha de Oro. Era una historia de parados. Ahora es la historia del que no les daba trabajo. ¿Cómo hay que interpretarlo?

No había nada planeado. La historia surge de manera natural. De hecho, empecé hace años con esta historia, la dejé, la volví a retomar... Pero sí es cierto que surgen las conexiones y es verdad que esta película tiene algo de reverso tenebroso de aquélla. Aunque hablen de temas muy distintos, se puede decir que una es complementaria de la otra. El paisaje del empleo precario sigue ahí.

Cambia, lo primero, el sentido del humor...

Ya en 'Los lunes al sol' lo había. A veces a costa incluso del drama desmedido de los propios personajes. Pero ésta no es una película de género, no es una comedia, pero sí tiene la manera de comedia sin fagotizar lo importante. La película se va oscureciendo poco a poco, pero sin perder la sonrisa.

¿Puede, a la vista de la película, que la mejor manera de contar el drama sea la comedia?

El humor no se fuerza. El humor lo emana el personaje, y el personaje es un hombre que tiene el control de toda su vida hasta que dejar de tenerlo. Y ahí, en la desgracia, en la pérdida de equilibrio, aunque sea de un privilegiado, siempre nos encontramos todos.

¿El empresario de 'El buen patrón' quiere ser la imagen del empresario hoy?

No. Nunca he querido hacer películas coyunturales que se limiten a hacer un comentario de su tiempo. O ése es mi deseo. El cine es un trabajo demasiado laborioso para dejarlo en una anécdota. La idea es que lo que haces te transcienda y vaya a las raíces o las consecuencias de lo que estás contando.

Lo normal en esto del arte es dar la voz al que normalmente carece de ella, no al que de forma digamos real tiene suficiente poder y medios para hacerse escuchar. ¿Por qué hacer una película del que ya tiene voz?

El protagonista de El buen patrón sufre mucho, cuidado. No por su estatus sino porque él es la víctima de sus propios manejos. Pero sufrir sufre. Nunca quise dibujar a un villano. Desde el principio teníamos claro que el espectador tenía que tener empatía con el personaje que interpreta Bardem, con el señor Blanco. Y ése era el reto. Tenía que ser un personaje cálido, cercano... Sus problemas son reales, aunque en su manera de resolverlos se extralimite.

De otro modo, hay infinidad de películas sobre los padeceres de la clase obrera y muy pocas sobre los que se supone que no tienen tanto que padecer...

Sí, el empresario siempre es un personaje de reparto, al contrario que en la vida real que es el protagonista. Normalmente es el que da la réplica al protagonista. Es más fácil la empatía con el trabajador por razones obvias.

¿Se puede ser un buen patrón?

Estoy seguro de que sí. Pero es verdad que la lógica del sistema es otra. Prima el beneficio y la plusvalía y el empresario puede ser todo lo bueno que le deja el mercado. Ahí hay una tensión que es muy complicado que se resuelva nunca a favor del trabajador. Pero quiero pensar que es posible, aunque el sistema fuerce al patrón a la maldad. Generalizar es malo aunque soy consciente de que decir que generalizar es malo es ya una generalización.

¿Es humanizable el mercado? o, de otro modo, ¿hay alternativa?

Soy optimista y creo en el ser humano. Dicho esto, en la lógica del mercado está la imposibilidad de corregirse y de corregir determinadas situaciones abusivas.

¿Qué le podría decir el señor Blanco al parado Santa, los dos, con dos décadas de diferencia, Javier Bardem?

Lo hablamos muchas veces. Imaginamos lo interesante que sería el encuentro de estos dos personajes. Los dos son carismáticos, los dos tienen ingenio, los dos saben moverse en sus medios respectivos... Y a los dos les encantaba perorar. Santa siempre responsabiliza a la empresa y Blanco no para de repetir que los trabajadores nunca están contentos...

La película es bastante pesimista en todos los sentidos pese a todo...

Sí, lo curioso es que entre los trabajadores no hay ningún amago de solidaridad ni conciencia de clase.

¿Quiere ser un retrato de lo que ocurre?

Sí y esto es una diferencia muy clara con 'Los lunes al sol'. Cuando el trabajo de preparación anterior, constaté que entonces la conciencia y sentimiento de clase estaba muy presente. Eso sigue existiendo en la industria pesada. Pero en el sector servicios o terciario no existe en absoluto. La movilidad laboral hace que no se generen vínculos ni lazos de resistencia. Y eso ya es así, los personajes de la película son un reflejo de la realidad en el sentido de que no esperan solidaridad de nadie, pero tampoco la ofrecen.

¿Cree que vivimos una situación de bloqueo de cambio social pese a todo?

Hay excepciones, pero en general imperan el miedo, la jerarquía, el vasallaje... Por eso he recurrido al humor en mi película. La única manera de decir ciertas cosas sin que te maten después es usando el sentido del humor. No creo que haya posibilidad real de cambio. Las redes sociales, por ejemplo, nos dan una falsa sensación de libertad, pero su alcance es nulo. Se crea un espacio para la protesta que es completamente inútil. Hasta la protesta está articulada. La gente es santa, aguanta en exceso unas situaciones insostenibles. Otro problema es que ya nadie se siente clase trabajadora. Todos nos sentimos clase media, como si eso nos colocara del lado contrario al que estamos. Hemos asumido que vivir con una hipoteca es lo normal y casi un éxito. Te tienen atrapado y, a la vez, te sientes libre. Es un mecanismo perfecto. Me recuerda a la máxima aquella de que si te dicen "obedéceme" siempre puedes llevar la contraria y no hacerlo. Pero si te dicen que desobedezcas, hagas lo que hagas obedeces. En ésas estamos.


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