Gaspar Noé: ''Ahora canalizo mi personalidad adictiva en Ebay''
23:57
30 Julio 2022

Gaspar Noé: ''Ahora canalizo mi personalidad adictiva en Ebay''

El cineasta argentino, director de la turbadora 'Irreversible', aborda con 'Vortex' una nueva etapa de su carrera marcada por un derrame cerebral que casi acaba con su vida y que lo ha vuelto virtuoso. Más o menos

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Clímax, el magnífico largometraje anterior de Gaspar Noé (Buenos Aires, 1963), resultó ser profético. Empezaba con un fiestón al son de Supernature, de Cerrone, el dios de la música disco. Pero, en la segunda parte, la droga caníbal que una alemana con incontinencia urinaria había espolvoreado en el ponche colectivo resultaba letal para todos los asistentes. Y la fiesta se convertía en una carnicería. En la vida real, un domingo cualquiera, al cineasta argentino afincado en París le dio un derrame cerebral.

«Cuando llegué al hospital me dijeron que tenía pocas posibilidades de sobrevivir, y que lo iba a pasar muy mal al tercer o cuarto día, que es cuando mucha gente se muere de eso, o que mi cerebro iba a quedar dañado» cuenta ahora Noé. «Era como estar en la guerra, en medio de un bombardeo, aunque me daban cantidad de morfina. Pero salí indemne, tras tres semanas de hospital empecé a ver la vida como una prolongación feliz. Me voy a cuidar, me dije. Dejé de fumar, no tomo nada químico, y evito los excesos de alcohol. Aunque cuando te has pasado la vida saliendo cuatro días por semana, te empiezas a aburrir. Las situaciones se hacen muy repetitivas».

Noé se libró por los pelos, es un decir, y Vortex, que es una película que habla de deterioro, enfermedad y muerte, podría inaugurar una nueva etapa vital: «Ahora tengo una relación más tranquila con la muerte. Me parece lo más natural del mundo. Nacer, eso sí que es contra natura», bromea.» En todo esto también influyó mucho la pandemia. En un año perdí a gente muy cercana: Philippe Nahon, el protagonista de mis primeras películas, que había perdido la capacidad de comunicarse; el cineasta Fernando Solanas, gran amigo de mi padre [el pintor argentino Luis Felipe Noé], o el padre de Lucille [Hadzihalilovic, cineasta y ex pareja de Noé]. A todos los vi poco antes de morir, y una vez muertos. Luego está el recuerdo de mi madre [Nora Noé], que falleció hace 10 años. Cuando se estaba muriendo se ahogaba. Tenía alzheimer agravado con epilepsia no convulsiva. Son estados de terror que no le deseo ni a mi peor enemigo. A veces, la muerte es lo más deseable. Para sufrir, mejor no vivir».

De este coctel de impresiones digamos que no excesivamente risueñas, nace Vortex, una película protagonizada por dos auténticas leyendas: el cineasta Dario Argento, director de Suspiria (1977) entre otras joyas del giallo (terror italiano), y Françoise Lebrun, una de las protagonistas del clásico La maman et la putain (Jean Eustache, 1973), cuya copia restaurada también se ha visto estos días en el Atlántida Film Fest de Mallorca.

En realidad, ellos dos encerrados en un piso abarrotado de libros, discos y otros vestigios polvorientos de la era analógica son la película. Pero Noé, siempre amante de los trucos -desde una historia de violación y venganza rodada al revés (Irreversible) a una porno en 3D con eyaculación en la cara del público (Love)-, sigue a cada uno de los personajes con una cámara distinta, y la pantalla aparece partida en dos. Un recurso ya utilizado en la historia del cine -El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1973), por ejemplo-, aunque nunca de manera tan justificada: «Aquí tiene un sentido emocional evidente. Son dos soledades que comparten el mismo techo, cada uno está en su burbuja, en su propio túnel. Ya no pueden volver a cruzarse».

El personaje de Françoise pierde la cabeza, no sabe muy bien donde está, se automedica. Él, mientras tanto, intenta acabar un ensayo sobre el mundo de los sueños en el cine: «En el confinamiento todos vimos eso tan surrealista de las calles desérticas. Era como un sueño. Como me dijeron que tenía que hacer deporte, salía a pasear con la bici. París era una ciudad fantasma, una película de zombis: en la calle sólo quedaban yonquis buscando droga o lo que fuera. Yo también tengo una personalidad muy adictiva. Pero ahora la canalizo con mi vena coleccionista. Puedo pasarme la noche conectado a eBay o Todocoleccion para ver si encuentro un cartel de cine que no tengo. Con el confinamiento también recuperé el ritmo de ver una o dos películas al día. Vi muchos melodramas japoneses. Ahora estoy con el cine iraní. Descubrí una vieja película que se llama El ciclo. Es una historia durísima, como una versión desesperada de Los olvidados, de Buñuel. Va de un tipo cuyo padre está enfermo, y para ayudarlo, porque no tiene dinero, va vendiendo su sangre. Ves el centro donde todos van a vender su sangre para comprarse un sandwich. Estoy tratando de que la comercialicen, la gente tiene que verla». Por sus gustos lo conoceréis.

A Noé no le interesan las plataformas, ni las series, ni el entretenimiento amable. Por si no ha quedado claro, lo suyo son las sensaciones fuertes. El mundo ha cambiado, pero él se adapta: «Hay proyectos que antes era complicados, y que ahora son imposibles, como Irreversible. Pero Saint Laurent me propuso hacer un corto de seis minutos a mi rollo, contando con Charlotte Gainsbourg, e hice Lux Aeterna que dura 52 minutos. La rodé en solo cinco días, y estoy súper contento con el resultado».


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