Gebrselassie, voluntario para el frente en la guerra civil de Etiopía: ''Si no, serán ellos los que vengan a mi casa''
14:18
27 Noviembre 2021

Gebrselassie, voluntario para el frente en la guerra civil de Etiopía: ''Si no, serán ellos los que vengan a mi casa''

«¿Esperáis que diga ''hasta la muerte''? Sí, ese es el mayor precio que se paga», asegura el doble campeón olímpico, de 48 años.

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Desde hace más una década, antes incluso de aquel maratón de Nueva York de 2010 donde anunció su precipitado adiós al atletismo, Haile Gebrselassie venía coqueteando con una carrera política en Etiopía, la nación que le venera como a un mesías redentor. La extraordinaria popularidad del doble campeón olímpico se extendía por cada rincón del país gracias a su labor empresarial y solidaria, así que a nadie podía extrañar su acercamiento al primer ministro Abiy Ahmed durante los tres últimos años. Con lo que pocos contaban era con que Ahmed -Premio Nobel de la Paz de 2019 por poner fin a la guerra con Eritrea- fuese a declarar hace un año una despiadada ofensiva militar en la región de Tigray, mientras Gebrselassie, el atleta que pasó a la historia por su sonrisa perpetua, se mostraba partidario de marchar cuanto antes al frente.

«Los etíopes no debemos permitir que esto pase, así que estoy preparado para servir a mi país allá donde me necesite. ¿Esperáis que diga "hasta la muerte"? Sí, ese es el mayor precio que se paga en una guerra», anunció el miércoles Gebrselassie, de 48 años, a la agencia estatal de noticias ENA. Su incuestionable toma de partido no admitía matices. Tras un año de enfrentamientos armados contra los rebeldes norteños, liderados por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), se cuentan millares de muertos y casi dos millones de desplazados. Por no hablar de hambrunas y atrocidades. Algunos observadores internacionales pronuncian ya la palabra maldita: genocidio.

En este contexto de desesperación y odios exacerbados, la vida de Gebrselassie, como la de cualquier otro etíope, se ha desmoronado. Su fortuna, estimada en más de 40 millones de dólares, y su entramado comercial, que abarcaba desde el turismo a los automóviles, amenazan ruina. Él mismo sabe que dos de los primeros objetivos de los rebeldes serán sus oficinas y su mansión en Addis Abeba, hacia donde el TPLF avanza a diario a través de la autopista A2. Desde el monte Entoto, Haile ya casi podría divisarles. Es un lugar mágico para él y hasta hace unos meses aún seguía corriendo por allí. Así que ahora, en lugar de esconderse, hará frente a lo inevitable. «De ningún modo puedo quedarme sentado. Vendrán a mi puerta, vendrán a mi casa», adelantó.

Lilesa y los oromos

A la inflamada retórica de Gebrselassie se ha sumado Feyisa Lilesa, subcampeón olímpico de maratón en 2016. «Estoy preparado para inspirarme en la valentía de mis ancestros y repetir lo que hicieron en 1896 en la Batalla de Adua [donde las tropas etíopes derrotaron a los invasores italianos] para salvar a mi país desde la línea del frente», proclamó Lilesa, cuyo activismo político nunca pasó desapercibido. De hecho, durante aquel inolvidable domingo en Río de Janeiro, su gesto de cruzar los brazos por encima de la cabeza mientras atravesaba la meta desencadenó toda una tormenta en Etiopía. Era su manera de apoyar la causa de la etnia oromo, perseguida por el partido del entonces primer ministro, Hailemariam Desalegn, quien dimitiría en 2018.

La influencia de Lilesa en Etiopía, siendo importante, no se acerca ni remotamente a la de Gebrselassie, que venía desarrollando una importante labor social a través de la promoción del atletismo, la lucha contra el sida o la protección a la infancia. No sólo había creado Haile Resorts, donde reunía sus hoteles de lujo, sino también el YaYa Africa Village, un centro de alto rendimiento en el que llegó a alojarse Mo Farah. Sin embargo, en junio de 2020, todo empezaría a desmoronarse tras el asesinato de Hachalu Hundessa, un famoso cantante, conocido por su defensa de los derechos de los oromos. Apenas unos días más tarde, los agraviados se lanzaron a las calles, provocando terribles disturbios. Varios hoteles de Gebr fueron pasto del fuego.

Hoy, casi año y medio después, la leyenda que asombró al mundo con su correr de puntillas, señala sin rubor a las potencias occidentales. «Hemos visto cómo Irak, Siria, Yemen y Libia han sido destruidos o desintegrados, pero Etiopía es una nación con más de 120 millones de personas, así que cualquier intento de desestabilización irá en su contra», advirtió. De momento, el miércoles Francia, Alemania y Reino Unido conminaron a sus ciudadanos a abandonar la zona. «¿Qué harías cuando está en juego la existencia de un país? Dejarlo todo. Por desgracia, nada te ata ya a lo que tenías». Es la tragedia de Gebrselassie.


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