Gestos de McGregor y un único ''USA, USA'': la apática celebración del triplete en los 100 metros de Estados Unidos
15:22
17 Julio 2022

Gestos de McGregor y un único ''USA, USA'': la apática celebración del triplete en los 100 metros de Estados Unidos

Fred Kerley, Marvin Bracy y Trayvon Bromell logran oro, plata y bronce en la prueba, pero la falta de rivales, sus personalidades y el ambiente en Eugene impiden una gran euforia

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Diez minutos después, las gradas del Hayward Field estaban vacías. Hubo quien corrió tan rápido al parking que se cruzó con los protagonistas. Cuando los velocistas se fueron al vestuario ya no quedaba ni el encargado de las luces. Estados Unidos consiguió el triplete en los 100 metros del Mundial, el público coreó un único "USA, USA" y todos para casa.

Fue un éxito. Fue un éxito rotundo. Pero por varias circunstancias el oro de Fred Kerley, la plata de Marvin Bracy y el bronce de Trayvon Bromell no desató la euforia que merecía. El pleno fue prácticamente un trámite en Eugene por falta de rivales, por la personalidad de los medallistas y por el frío ambiente en esta llanura del noroeste de Estados Unidos. Nadie se emociona fácilmente por aquí, menos sin sorpresas.

Porque ganaron los estadounidenses, pero... ¿Quién iba a derrotarles? En un momento de transición en la distancia, con el enorme vacío que dejó la retirada de Usain Bolt, había dos hombres que optaban a romper el triplete y ninguno de los dos disputó la final. Tanto el italiano Marcell Jacobs como el canadiense André de Grasse, campeones olímpicos en Tokio en los 100 y 200 metros, quedaron eliminados, de hecho el primero ni corrió. Llegaban ambos con problemas físicos durante la temporada y no presentaron oposición.

El único capaz de hacerlo era el jamaicano Oblique Seville, de sólo 21 años, y finalmente terminó cuarto. Tampoco fueron excesivamente emocionantes las marcas logradas por Kerley (9.86 segundos), Bracy (9.88) y Bromell (9.88) y, sobre todo, desanimó su celebración.

Kerley quería estar solo

En cuanto cruzaron la meta, los tres se separaron y empezaron un festejo propio, muy personal, bastante frío. Kerley, un tipo serio, muy serio, se propinó infinitos golpes en el pecho y empezó a hacer demostraciones de ego como el luchador Conor McGregor. Bracy lo estuvo persiguiendo durante toda su vuelta de honor sin éxito. Y Bromell rompió a llorar recordando sus lesiones, sobre todo esa rotura del tendón de Aquiles de 2016 que arrasó con su trayectoria.

Para que los tres se juntaran con sus banderas de barras y estrellas tuvo que frenarles la organización y montar la foto; sin muchas ganas el terceto aceptó, pero ni tan siquiera se miraron. A simple vista era evidente que no acabarán en la misma fiesta.

La prueba, en fin, dejó sobre todo un ganador, Kerley, como él mismo se encargó de recordar en sus festejos. De su bronce en los 400 metros en el Mundial de Doha pasó a la plata en los 100 metros de los Juegos de Tokio y al oro ahora en una progresión insólita en el atletismo. De hecho, nunca antes hubo un medallista en los 100 y en los 400 metros.

Criado en Texas por su tía Virginia después del encarcelamiento de su padre, profundamente religioso, de adolescente practicó todos los deportes, especialmente el fútbol americano donde destacan varios primos, hasta que se decantó por el atletismo y por la prueba que creía suya, los 400 metros. No lo era. Desde este sábado es el nuevo rey de la velocidad. Aunque no levanta pasiones, ni él ni sus compañeros de generación.


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