Gloria, pena y cábalas en las finales de Argentina: el gol de un manco, el whisky de la dictadura, los policías de Bilardo y los insultos de Maradona
22:28
16 Diciembre 2022

Gloria, pena y cábalas en las finales de Argentina: el gol de un manco, el whisky de la dictadura, los policías de Bilardo y los insultos de Maradona

La agonía, el sufrimiento y las supersticiones fueron el hilo conductor de las cinco finales que jugó Argentina en la historia de los Mundiales

«Los europeos no tienen ni idea de qué va esto de Argentina. Cantamos porque nos sale de dentro. No sólo alentamos a los jugadores, lo necesitamos. Cantando respiramos. ¿Y si Messi no gana el Mundial? ¡Nada cambia! Téngalo claro. ¡Nada cambia! Él para nosotros ya es Dios. Es nuestro dios. Pero, oiga. Es que eso no va a pasar. El Mundial lo vamos a ganar, eh». Y a Eduardo, bonaerense de 33 años al que la cerveza en vaso de plástico se le iba calentando sin remedio mientras hablaba, se le ponen por fin los ojos bien rojos. «Es imposible que no ganemos».

La convicción de Argentina tiene un componente emocional y esotérico que trasciende a la calidad de sus plantillas o al estado de sus futbolistas referenciales. Este domingo disputará contra la vigente campeona, Francia, su sexta final de la historia. Desde su primera vez hace 92 años, el hilo conductor de todos aquellos partidos fueron la agonía y el sufrimiento. Perdiera (1930, 1990 y 2014) o ganara (1978 y 1986).

URUGUAY 4 ARGENTINA 2 (1930)

La angustia que sufrieron los argentinos en el encuentro definitivo disputado en el estadio Centenario de Montevideo quedó reflejada en Luis Monti. «Durante aquel partido tuve mucho miedo. Amenazaron con matarme a mí y a mi madre. Estaba tan aterrado que ni pensé en lo que estaba jugando», explicó Monti, según recoge el periodista Luciano Wernicke en la obra Historias insólitas de los Mundiales de fútbol. De nada sirvió a los argentinos irse al descanso con ventaja (1-2) gracias a los goles de Peucelle y Stábile porque sus históricos enemigos, en un encuentro repleto de patadas, voltearon la situación. Y el verdugo y autor del último gol uruguayo fue un futbolista manco, Héctor Castro, que se había cortado el antebrazo derecho a los 13 años en un accidente con una sierra eléctrica. «Clavó su muñón en la humanidad del guardameta [Juan Botasso]», recoge Wernicke.

ARGENTINA 3 PAÍSES BAJOS 1 (1978)

César Luis Menotti no atendió a razones. El niño de Villa Fiorito de 17 años y pelo ensortijado acababa de marcar tres goles en el entrenamiento de la mañana. Pero el seleccionador estaba convencido de que ese no era el momento de Maradona. Y aquella Argentina que jugaba entre papelitos en el estadio Monumental mientras, a 400 metros, la dictadura militar continuaba con las salvajes torturas en el centro clandestino de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, venció en la final, y tras una prórroga, a la minimizada Naranja Mecánica. Porque Johan Cruyff, su gran estrella en el 74, se negó a viajar a Argentina después de sufrir un intento de secuestro en su domicilio de Barcelona. Dick Nanninga arrastró el partido a la prórroga a ocho minutos del final en otro duelo en el que las entradas rozaron el salvajismo ante la permisividad arbitral. Y Kempes, que aquel día marcó dos goles (el último lo tomó Bertoni), acabó la noche dándose el capricho de celebrarlo con un vaso de whisky escocés. Algunos periodistas, cuenta Wernicke, pidieron al día siguiente autógrafos al dictador Videla en el centro de prensa.

ARGENTINA 3 ALEMANIA FEDERAL 2 (1986)

En el Mundial de México, el de la mejor jugada de todos los tiempos y la mano de Dios, el partido icónico se jugó en cuartos, con el triunfo de Argentina ante una Inglaterra que había hundido la moral de un pueblo en las Malvinas. Ni Maradona marcó en la final frente a Alemania Federal ni hubo lugar para la poesía. Porque Rummenigge y Völler igualaron un 0-2 (Tata Brown y Valdano) en siete minutos. Pero antes de que el seleccionador Carlos Bilardo pudiera maldecir sus cábalas, Burruchaga ya había resuelto el choque. Bilardo, según escribe Wernicke, estaba tan obsesionado con las cábalas que las situaciones extravagantes fueron norma. Tanto que los policías motorizados Tobías y Jesús, que fueron quienes escoltaron el autocar del equipo en el primer partido, tuvieron que seguir haciéndolo hasta la final. Pero debían ir ellos dos solos al frente, con el resto de motocicletas a los lados o detrás.

ALEMANIA FEDERAL 1 ARGENTINA 0 (1990)

«Hijos de puta, hijos de puta». Maradona comenzó la final del Mundial de Italia al límite de la cordura, con los hinchas italianos impidiendo con sus abucheos que el himno argentino se escuchara en el Olímpico de Roma. Héroe suburbial de esa Nápoles despreciada y olvidada por el norte, y en una celda emocional en que la cocaína y la mafia eran sus carceleros, Maradona no pudo impedir que Argentina se convirtiera en la primera finalista que se quedaba sin marcar en el partido definitivo. Todo se decidió gracias a un polémico penalti de Sensini a seis minutos de final. La pena máxima la ejecutó Brehme porque a Matthäus, el gran especialista, se le partió un taco del botín en el primer tiempo y no quiso exponerse al portero Goycoechea con las botas de recambio.

ALEMANIA 1 ARGENTINA 0 (2014)

Gonzalo Higuaín debe recordar bien la final de Maracaná, porque sus graves errores condicionaron a una Argentina que, pese a ser un equipo con grandes dificultades para la construcción -Biglia y Mascherano eran los pivotes-, rozó su tercera copa en la primera final de Messi. El gol en la prórroga de Mario Götze tumbó a la selección de Sabella. Aunque quien no recuerda nada de todo aquello es el alemán Christoph Kramer. Garay le golpeó con el hombro en la cabeza. Kramer, después de ser atendido, jugó 15 minutos más hasta que, desorientado, tuvo que ser sustituido. Llegó a preguntarle al árbitro Nicola Rizzoli, en pleno partido, si aquello era la final. Y si se podían intercambiar ya la camiseta.


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