Guillermo del Toro: ''Vivimos en un tiempo de mentirosos, sólo creemos a quien confirma nuestra creencia''
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16 Enero 2022

Guillermo del Toro: ''Vivimos en un tiempo de mentirosos, sólo creemos a quien confirma nuestra creencia''

El director mexicano vuelve a la cartelera después de que ganara el Oscar con 'La forma del agua' en 2017. 'El callejón de las almas perdidas' es un 'remake' de una historia eterna sobre la verdad en un tiempo de mentiras

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Guillermo del Toro (Guadalajara, Jalisco, 1964) lleva una vida entera invitándonos a amar; a amar al monstruo. «El monstruo no miente», dice. «El monstruo se muestra siempre desnudo y no podemos dejar de mirarle», añade. Sin embargo, en su última película, que se estrena el próximo viernes, El callejón de las almas perdidas, no hay monstruos. O los hay, pero de otra manera. Éstos sí que engañan. La película, con Bradley Cooper, Cate Blanchett, Rooney Mara y Willem Dafoe en el reparto, es en verdad la reformulación de un clásico escondido del mismo título firmado por Edmund Goulding en 1947. En las dos, se cuenta la historia de un ilusionista que antes que mentir a nadie deja que sus víctimas se mientan a sí mismas. Y así, y de repente, las metáforas se hinchan y cobran sentido. Las metáforas, como los monstruos, no engañan.

Esta sería la primera de sus películas en la que no aparecen monstruos. O no en sentido más elemental y fantástico del término.

El monstruo es el hombre. Siempre ha sido así.

¿Tan mal estamos?

En realidad, seguimos como siempre. Poco han cambiado las cosas. La decisión no fue tanto producto de las circunstancias en las que vivimos, que también, como del desarrollo, digamos, de mi propia carrera. Cuando acabé La forma del agua, en la que el protagonista era indiscutiblemente el monstruo, te surge la pregunta más básica: ¿Qué hago ahora? Con la repercusión que tuvo La forma... [ganó el Oscar] no podía permitirme repetir. Tenía que asustarme. Esa es la regla siempre: asustarte con lo que haces.

Le gusta decir que el monstruo es la criatura más sincera, la que se ofrece sin máscaras...

Sí, pero ahora quería dejar de lado las bellísimas metáforas que siempre acompañan al monstruo para ofrecerme desnudo. A poco que uno se fije en mi cine, el verdadero monstruo es siempre el ser humano, no el monstruo en sí.

Todos los personajes de El callejón de las almas perdidas son mentirosos... ¿Lo tenemos que entender como una interpretación del presente?

Sin duda. Vivimos una época de mentirosos. Hay dos géneros que cuentan como ningún otro el presente. Y ninguno de los dos es el drama. El horror y el noir ofrecen siempre los mejores retratos de su tiempo. En Retorno al pasado, de Jacques Tourneur, se cuenta la herida de un país que acaba de salir de la Guerra Mundial y El largo adiós, de Robert Altman, es la viva imagen de la depresión después de Vietnam. El género está vivo porque refleja las pulsiones de su tiempo.

¿Cuál serían esas pulsiones ahora?

Estamos en una encrucijada muy seria como especie. Tenemos que ser capaces de enfrentar la mentira narrativa con la realidad. Vivimos un tiempo en el que sólo prestamos atención a quien nos confirma lo que queremos creer. La película simplemente ofrece un eco de hoy, pero basado en una película de época. Todos los tiempos se reflejan unos en otros, de ahí que el pasado nos enseñe.

No es tanto lo que nos embaucan como la capacidad de nosotros mismos para dejarnos embaucar...

Hay una regla en la magia, en la prestidigitación, de oro. Nadie cree que pueda ser engañado, pero espera y confía en que el mago le engañe. Este es el pacto tácito entre el ilusionista y el público. Nadie engaña a nadie, la gente se engaña sola. Este es el mundo que pisamos ahora mismo. Lo único que ofrece un mago, y por extensión un político, es amor, miedo, esperanza... Del resto nos encargamos cada uno de nosotros. Ahora mismo vivimos un revival del espiritualismo de principios de siglo. Entonces, la gente creía realmente -puesto que se había convencido de ello- que podía hablar con sus muertos. Era más que una ilusión una creencia firme. Ahora vivimos algo parecido con las mentiras y conspiraciones que hemos dejado de considerar ilusiones. Cuando la realidad entera te confirma lo que quieres creer, esa realidad tiene que ser puesta a prueba.

Cate Blanchett y Bradley Cooper en un momento de 'El callejón de las almas perdidas'.Cate Blanchett y Bradley Cooper en un momento de 'El callejón de las almas perdidas'.

¿Y cómo se sale de ahí? La decepción puede acabar con cualquiera.

Puede acabar con todos. Sin ánimo de reventar nada de la película, sólo diré que el momento más importante en la vida de cualquiera, de cualquier monstruo, es en el que se ve a sí mismo con claridad. Quizá por un éxito, por una mala relación, por la desaparición de un ser querido... O simplemente por la inminencia de la muerte. No todo el mundo sobrevive a ese momento de revelación.

El problema sería llegar demasiado tarde a la revelación.

Sin duda, es una de las posibilidades a la que nos enfrentamos como sociedad. La esperanza para el ser humano como especie es que toda nuestra historia obedece al mecanismo de un péndulo: tendemos a ir hasta el mismo borde y volvemos, al borde y volvemos... Algún día nos pasaremos del borde. Es un riesgo cobrar consciencia del abismo cuando se cae por él.

¿Puede ser la prueba de la pandemia esa señal que nos haga despertar antes de caer?

El covid estuvo muy presente en la película. Paramos en cuanto empezó la pandemia y luego, cuando reanudamos seis meses después, lo hicimos con todas las precauciones imaginables. Hicimos cerca de 15.000 PCR durante el rodaje. Creo que si para algo ha servido este drama es que, de repente, nos hemos dado cuenta de que como seres humanos necesitamos medicina, alimento, refugio e, igual de importante, narrativa. Necesitamos historias. Quizá esta claridad nos salve. Ahora estamos en una era postnarrativa y por eso creo que todos los narradores son ahora más importantes que nunca. Se consumen historias de forma tan rápida que la manera de encarrilar la psique colectiva es por medio de relatos que no sean desechables.

¿Diría, al hilo de la película y de la misma postnarrativa, que el manido sueño americano se enfrenta a su fin?

La tragedia va de la mano del cine negro. De otro modo: el cine negro es la tragedia americana. Si la tragedia griega funciona como una maquinaria inexorable que manejan los dioses y el destino, la maquinaria inexorable del sueño americano se encuentra en el noir. El sueño americano y la fatalidad del cine negro son lo mismo.

Una vez más, como es ley en su cine, detrás de todo palpita la pregunta por el origen del mal...

Forma parte de nuestra naturaleza. La brutalidad, la violencia o la desilusión son ideas que van de la mano de la posibilidad del éxito o el amor eterno. Habitamos, por así decirlo, en esa contradicción. Se diría que el origen del mal es también el principio de nuestro mayor bien. El error quizá es intentar negar esta paradoja. Tenemos que ser conscientes del potencial de producir el mal del que disponemos cuando lo que deseamos es provocar justo lo contrario. Al negar nuestra íntima maldad no hacemos otra cosa que ser peores. Lo que no se dice te guía, los que se niega crece. Aceptar la dualidad es el único camino. Y por ello es importante el cine de terror, porque te recuerda constantemente el material del que estamos hechos.

UNA DÉCADA CON 'PINOCHO'

"Por fin", exclama Del Toro. Y en su exclamación se va una década entera detrás de su proyecto más esquivo. Su muy particular versión de 'Pinocho' verá la luz el año que nos ocupa gracias a Netflix. "Han sido los únicos que han aceptado hacer la película sin mover una coma en el guión... ¿Que si lamento que no se vea en cine? Bueno, habrá un estreno limitado en salas... pero lo que cuenta en este caso es que la película se ha podido hacer tal y como la ideé... Por fin", dice.


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