Homenaje y collage de Javier Marías: ''Estoy orgulloso de haber jugado a ser niños con Javier''
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30 Septiembre 2022

Homenaje y collage de Javier Marías: ''Estoy orgulloso de haber jugado a ser niños con Javier''

30 amigos del escritor recuerdan su personalidad, cálida y bromista, tres semanas después de su muerte

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La escritora Montserrat Iglesias dijo anoche que Javier Marías deseaba representarse a sí mismo como un personaje de ficción y que eso, en realidad, es lo que anhelan todos los escritores. Si es cierta la hipótesis, el homenaje que ayer recibió en el Círculo de Bellas Artes el escritor, fallecido hace tres semanas a los 70 años, fue perfecto. La despedida pública al autor de Todas las almas fue un collage de 30 testimonios, narrados desde la amistad más que desde el ensayo, que construyeron al personaje perfecto: uno y su contrario: un bromista y un intelectual, un adulto dado a los juegos de espadachines y un enemigo de la tontería sentimental, un maniático genial y un seductor de película antigua. Javier y el rey Xavier.

El método del homenaje fue sencillo. Primero, sonaron algunas líneas bien elegidas de Tu rostro mañana: «Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo». Después, el poeta y periodista de EL MUNDO Antonio Lucas hilvanó la intervención de los amigos de Marías que dispusieron de tres minutos para dar su pincelada.

Se podrían definir algunas categorías con las laudatios marianas que se leyeron anoche en el Círculo. Primero: los testimonios que descubrían la calidez secreta de una persona que se construyó un personaje irónico y retador. El editor Juan Díaz se refirió al lema del Reino de Redonda, «Ríe si sabes», y fue la invitación para referir el humor, puñetero pero dulce, en muchas de las intervenciones. Eduardo Mendoza se acordó de los regalos, las cartas y los faxes de Marías, amigo atentísimo y guasonamente madridista; Agustín Díaz-Yanes lo retrató como un personaje casi de carnaval y el mismo Antonio Lucas dijo de Marías que era Lemmon y Matthau al mismo tiempo. Su asistente, Mercedes López Ballesteros, se acordó de sus riñas, que en realidad eran una invitación al juego y Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española, recordó que el discurso de acceso de Marías a la RAE fue un monólogo hilarante.

Siguiente categoría: el esbozo intelectual del escritor. Otro colega del escritor en la Academia, Pedro Álvarez de Miranda, recordó el trabajo en la comisión de lexicografía, en la que defendió palabras como chilena, piscinazo, digresivo, sieso, moñas, endiñar y patanesco, entre otras. El escritor José Carlos Llop, en el mismo hilo, habló de Marías como un personaje nabokoviano, de sensibilidad extraordinaria para detectar la belleza del lenguaje. Guillermo Altares esbozó una hipótesis sobre la fascinación de Marías por los fantasmas y Alexis Grohmann, hispanista en Edimburgo, hizo lo más parecido de la noche a una tesis y dijo que la obra de Marías estaba escrita «en europeo».

Hubo también piezas de desagravio: María Lynch desmintió la imagen del personaje anacrónico y misógino; Jorge Fernández Díaz se acordó de la amistad de Borges con el padre, Julián Marías, para confrontar al hijo, Javier, con el populismo y Jesús García Calero insistió en esa línea con una frase del escritor: «Nunca hemos sido pobres en enemigos».

Pero los collages, en el fondo, están hechos de anécdotas que terminan por cobrar sentidos. Elide Pittarello recordó que Marías hablaba un italiano más o menos inventado y encantador y Pérez-Reverte retrató al amigo perdido a través de sus mitomanías compartidas: John Ford y John Wayne, además de las pistolas. «Estoy orgulloso de haber jugado a ser niños con Javier». Después, habló Luis Antonio de Villena, amigo de Marías desde 1978, el año en el que murió su madre. Leyó un soneto al Javier «del fracasado amor».

Y al final, Álvaro Marías, hermano de Javier, interpreta la Pavana Lachrimae de John Dowland, en la versión glosada para flauta sola de Jacob van Eyck (h. 1590-1657).


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