Irán radicaliza su línea política entre una elevada abstención
19:06
18 Junio 2021

Irán radicaliza su línea política entre una elevada abstención

Los iraníes votan entre la apatía a un presidente del ala dura, mientras el régimen clama que cada voto es ''una bala al corazón del enemigo''

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Los rayos inmisericordes del Sol del mediodía deslumbraban a los peregrinos que acudían hoy a ofrecer sus plegarias al templo del Sha Abdol Azim y, de paso, depositar su voto en las urnas dispuestas en el patio. Era viernes, día de rezo y de elección del próximo Presidente de Irán, y el imán no desperdició la ocasión para convertir el sermón en una llamada insistente al voto. "¡Vayamos todos a votar para contentar al Imán Zaman -el Mesías chií- y al Líder Supremo!", instó el clérigo por la megafonía, que resonaba por todo el recinto. "No todas los actos son correctos, pero al menos uno de cada diez lo es y, para cada cuál, el correcto puede ser uno u otro. Nuestra presencia en la urna enfurece al enemigo. Cada voto es una bala al corazón del enemigo. ¡Cada voto es una ofrenda a Dios", sentenció. "¡Dios es el más grande! ¡Dios es el más grande!", replicaron los fieles.

Aquella llamada no era baladí. Ante las previsiones de una participación magra, el sistema convirtió el voto en un deber no sólo político, sino religioso. La Guardia Revolucionaria, cuya influencia en el aparato de Estado va al alza, había enviado mensajes a los móviles de los iraníes equiparando el acudir a las urnas con la labor de defensa del país ejercida por el general Qasem Soleimani, asesinado por EEUU el año pasado en Irak. Fue en vano.

A las 19:00 hora local, la participación, según la agencia semioficial Fars, era del 37%. Según medios, el Gobierno decidió prolongar la apertura de los colegios hasta la medianoche, a fin de atraer a todos los votantes posibles.

Paseando tras depositar su voto estaba Amin, un fornido funcionario: "Pertenezco a una familia con mártires de la guerra contra Irak. Claro que estamos tristes por la situación actual, pero no creo que la solución pase por no participar en las elecciones. Hay que elegir a alguien capaz de resolver las cosas, sobre todo en lo económico", opinó. Según él, este era el clérigo rigorista Ibrahim Raisí. El posible vencedor, de confirmar las urnas lo que predijeron las encuestas. En otro colegio electoral, un anciano, Husein, enfatizó: "Si tu casa tiene defectos no la tiras abajo, sino rindes cuentas con el dueño".

Las numerosas entrevistas que realizó este periodista a pie de urna, en distintos puntos de la capital iraní, dieron cuenta de un amplio descontento tanto por la precaria situación económica -desde la imposición de sanciones, en 2018, la moneda se ha devaluado continuamente y la inflación se ha disparado- como por la gestión que de la contienda electoral hizo el sistema. El Consejo de Guardianes, que veta a los candidatos, había dejado a los electores reformistas huérfanos de aspirantes. Fueron muchos de estos últimos quienes, ante lo sucedido, optaron por no votar. "Todos son iguales", se ha convertido en una queja común contra el sistema.

"Entre el malo y el peor, elijo el malo"

Esta situación pudo reflejarse en colegios como el de Yamarán, que suele congregar a líderes reformistas y simpatizantes. A primera hora de la mañana, había más personal de seguridad que votantes. Pero, pese a que el reformismo no había logrado consensuar una llamada al voto para alguno de los candidatos permitidos -el más moderado era el tecnócrata Abdolnaser Hemmatí-, e incluso alguno de sus líderes había llamado al boicot, allí apareció el ex presidente Mohammad Jamatí para depositar su papeleta. No lo hizo otro exdirigente, el populista Mahmud Ahmadineyad, quien recientemente ha acusado al nizam, el régimen, de fallar a quienes lo materializaron.

Aunque la tónica en las zonas menos conservadoras eran votantes llegando con cuentagotas, personas como Ramin, un ingeniero, decidió confiar una vez más en las urnas. "Las sanciones no han permitido a Hemmati mantener la economía a flote", opina, recordando que el candidato es el exgobernador del Banco Central Iraní. "Es una pena la ausencia de un sistema de partidos fuertes en Irán, pero todavía hay margen para que los candidatos hagan un buen trabajo", sostuvo. Lejos de ahí, en la mezquita Nabi, un bastión de la línea dura que sí registraba una breve cola de votantes, una de ellas admitía su preferencia por Raisí: "Entre el malo y el peor, elijo el malo".


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