Isabel Allende: ''Ser mujer y tener éxito, eso no te lo perdonan''
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26 Enero 2022

Isabel Allende: ''Ser mujer y tener éxito, eso no te lo perdonan''

Allende, que en agosto cumplirá 80 años, echa la vista atrás y critica la envidia de sus colegas y el machismo del 'boom', un club donde nunca fue aceptada

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Hace 40 años, cuando vivía en Venezuela, Isabel Allende empezó a escribirle una carta a su moribundo abuelo sobre todo lo que había dejado atrás en Chile tras el golpe de estado. Esa carta acabó transformándose en La casa de los espíritus, la primera de las casi 30 novelas que han convertido a Allende en una de las escritoras más leídas en todo el mundo. Ahora vuelve con Violeta (Plaza & Janés), otra novela-carta que recorre las conquistas de la mujer en el siglo XX.

¿Violeta tiene algo de su madre?

Mi mamá es el amor más largo y seguro que he tenido en mi vida. Siempre estuvimos muy unidas pero vivimos separadas porque se casó con un diplomático y viajaba, luego llegó el exilio. Nos escribíamos todos los días: primero por correo, luego por fax y por correo electrónico. Cuando inventaron el email mi mamá se volvió loca, a veces me escribía dos o tres veces al día, le parecía milagroso. Ella me entregaba al final del año todas las cartas que yo le había escrito y yo las guardaba con las suyas, en una caja por año. Tengo décadas. Calculo que hay como 24.000 cartas de ella, la vida entera de mi madre, al detalle. Cuando murió, mucha gente me dijo que escribiera un libro sobre ella. Pero no pude. Estaba muy cerca y se necesitan distancia e ironía para una novela. Pero salió un personaje, Violeta, que tiene muchas cosas de ella, aunque su vida sea mucho más interesante.

¿Por qué?

Porque Violeta consigue mantenerse sola y mi mamá fue siempre dependiente. Primero del padre, después del marido. Siempre he pensado que si hubiera tenido independencia económica hubiera tenido una vida extraordinaria.

La novela es un alegato a favor del amor libre.

Violeta es una mujer apasionada y romántica que nace en una sociedad muy conservadora en los años 20, donde la mujer no tenía la libertad que tiene hoy. Su manera de pensar es bastante original, se atreve a separarse de su marido y no olvidemos que el divorcio no se aceptó en Chile hasta 2014, fue uno de los últimos países del mundo en aceptarlo. La vida fue muy dura para esa generación.

Habla del clasismo, del lesbianismo, de la píldora y hasta de esterilización.

Sí, porque antes, cuando no existía la píldora, muchas mujeres se ligaban las trompas para no volver a tener más hijos. Había hombres que incluso lo exigían, aunque a ellos nunca se les pasaba por la mente hacerse la vasectomía. Todavía se practica en muchas partes. El clasismo es el gran pecado de América Latina, es igual que el racismo en otras partes.

La violencia es casi otro protagonista más.

Las violaciones y la violencia doméstica no han disminuido mucho. La guerra contra las mujeres sigue ahí. La diferencia es que ahora lo hablamos, no permanece oculto. La violencia doméstica se consideraba antes un asunto íntimo del hogar, algo como la religión, lo que facilitaba unos abusos tremendos. Luego se legisló sobre eso y ahora al menos hay consecuencias legales, aunque no siempre se aplican. La mujer muchas veces es acusada de haber provocado la violencia. Es como cuando una mujer es violada y lo primero que se le pregunta es: qué hacías a esa hora por la calle, por qué ibas vestida así.

A Violeta la maltrata una de sus parejas, pero ella siempre vuelve.

Mira, yo tengo una fundación para ayudar a las mujeres golpeadas que escapan de una situación espantosa y tienen que esconderse. Ellas mismas, a veces, vuelven porque existe una relación de dependencia con el victimario. Y sienten que pueden redimirlo, que las cosas pueden cambiar. Algunas vuelven y las matan. He visto mucho. Eso le pasa a Violeta pese a que es una mujer con educación. Tarda años en darse cuenta de que está en una relación tóxica y solo cuando lo ve en otras personas se da cuenta de que ella estaba ahí.

Habiendo pasado por la experiencia, ¿cómo ha sido escribir sobre la muerte de una hija, el personaje de Nieves?

El modelo de Nieves lo saqué de mi hijastra, Jennifer, que era drogadicta. Estuve casada 28 años con un hombre que tenía tres hijos, los tres eran adictos y los tres murieron. Viví la tragedia de la adicción año tras año, tras año... Todos murieron: uno por sobredosis, otro por violencia causada por la droga. El personaje de Nieves lo saqué casi exacto de Jennifer, que también dio luz a una niñita y después murió. Afortunadamente la niña vivió y hoy está bien. Claro que es fuerte para mi escribir esa escena de la muerte, pero yo sé lo que sentí cuando murió Paula, no fue difícil ponerme en la piel de Violeta porque lo he vivido. Una novela siempre es una combinación de memoria, experiencia, imaginación e intuición.

¿Cómo es la relación con sus lectores?

¡Dicen que he vendido 75 millones de libros, una cifra que se escapa de mi imaginación! Recibo mucha correspondencia, cada día recibo un montón de correos, la mayoría en castellano e inglés. Mis editores me han dicho que la mayor parte de lectores son mujeres entre 25 y 55 años y desde hace unos años me están empezando a leer hombres más jóvenes porque enseñan mis libros en la secundaria y en las universidades. ¡Lo que me faltan son hombres viejos! Y he de decir que en 40 años de carrera nunca me han dicho nada pesado o incómodo en ninguna de mis lecturas, supongo que porque los que no me quieren y odian mis libros no vienen. La verdad es que tengo una idea muy parcial de mi aceptación. Es como el psiquiatra que piensa que todo el mundo está loco porque todos los que le van a ver lo están.

Hablando de los que odian sus libros, ¿cómo lleva las críticas? Roberto Bolaño dijo que usted era "una escribidora".

Siempre vas a tener enemigos, sobre todo entre los colegas, gente a la que no le gusten tus libros. Lo simpático de Bolaño es que mi agente le preguntó que a qué libro se refería y él contestó que no me leería por ningún motivo. Juzgan sin ni siquiera leer por el hecho de ser mujer y tener éxito, eso no lo perdonan.

¿Cómo vivió el boom latinoamericano, un fenómeno tan masculino?

No había ni una sola voz femenina en el boom. Cuando salió La casa de los espíritus en 1982 fue casi a la cola del boom y se apresuraron a decir que yo no pertenecía al boom y que era pos-boom. Bueno, no importa como te califiquen, pero que el boom fue un fenómeno absolutamente masculino es cierto. Las voces femeninas en América Latina existían, llevaban siglos escribiendo, pero siempre fueron acalladas, silenciadas, publicadas en ediciones mínimas, sin crítica, sin ser analizadas ni enseñadas en las universidades. Una total falta de respeto. Eso ha cambiado.

Mucho. ¿Qué le parece el éxito de Mariana Enríquez, Valeria Luiselli, Fernanda Melchor o Brenda Navarro?

Son buenísimas y escriben una literatura fuertísima, ¿de dónde sacan todo eso? Yo tengo un respeto inmenso por esa generación de escritoras jóvenes y atrevidas. Me alegro mucho de que estén haciendo una literatura tan diferente y de que, finalmente, hayan tomado por asalto el mundo del libro.

Publicó La casa de los espíritus con 40, un debut que podría considerarse tardío, ¿por qué?

Yo era periodista, me tuve que ir a Venezuela donde no pude encontrar trabajo y tenía que mantener a mis dos hijos. La idea de la escritura era de locos, nunca la formulé. Pero me llegó un momento de desesperación, cerca de los 40, cuando mi abuelo se estaba muriendo en Chile. Le empecé a escribir una carta que se transformó en La casa de los espíritus. Pero ni siquiera sabía que estaba escribiendo una novela. Fue una especie de catarsis, de sacarme de adentro toda la nostalgia por mi país, de recuperar todo lo que había perdido: mi casa, mi familia, mi trabajo, mis amigas, todo mi pasado. Y así salió el libro, que fue un éxito casi instantáneo y me dio una voz. Pero hasta el tercer libro no pude dejar mi trabajo.

¿Eso hizo que el éxito no se le subiera a la cabeza?

No tenía ningún plan de convertirme en escritora porque no había modelo. Nadie le prestaba atención a nada que estuviera escrito por ninguna mujer. Todo se ninguneaba. ¿Cuáles eran los modelos, unas escritoras inglesas antiguas que se habían suicidado? No había nadie a quien mirar y decir: yo voy a ser como ella. Ellos sí que podían decir: voy a ser como José Donoso o Gabriel García Márquez. La nuestra era una generación que estaba acallada en muchos aspectos.

¿Qué tal ve la nueva era de Boric como presidente de Chile?

El entusiasmo de la gente en la calle se congeló porque vino la pandemia pero los sentimientos siguieron allí y por eso ganó por una gran mayoría, por suerte. Si hubiera ganado Kast le hubiera sido imposible gobernar. Solo hace falta ver la foto de los ministros de Boric para ver que estamos delante de otra generación, otro espíritu y otra energía. Hay un deseo de cambiar las cosas sin violencia, de un modo razonable, sin echar a perder la economía, de redistribuir la riqueza y los beneficios de los recursos del país. Está todo privatizado en Chile, la educación, la sanidad... la gente vive en deuda. En Defensa han puesto a una nieta de Salvador Allende que se crio en Cuba. Creo que va a ser muy fuerte para las Fuerzas Armadas tenerla en Defensa.


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