Italia aplasta a Turquía y lanza un canto a la esperanza
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12 Junio 2021

Italia aplasta a Turquía y lanza un canto a la esperanza

La selección de Mancini golea en Roma, una de las capitales más golpeadas por el Covid, con el público en las gradas. Muestra la mejor versión de su reconstrucción (0-3) frente a un rival decepcionante.

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Roma fue la primera capital del dolor cuando el Covid llegó a nuestro mundo. Wuhan era entonces una imagen lejana que no podía ser verdad. Un año y medio después, esa Roma canta a la esperanza en la voz de Andrea Bocelli y pone en movimiento la herramienta de la esperanza: la pelota. En realidad, no se ha detenido durante la pandemia, pero ahora hablamos de mucho más, de un gran torneo, de los colores del público en las gradas, de equipos que son países y países que son tribus. Fútbol, en una palabra, fútbol que grita a todo pulmón 'vincerò', como lo hace esta Italia renacida de su peor pandemia futbolística, joven y valiente. La Eurocopa del miedo empieza con una buena metáfora.

Las mejores cosas de la juventud compensan siempre a las peores. La ambición empuja más de lo que resta la bisoñez. Esta selección levantada de las cenizas de aquella Italia que no alcanzó el último Mundial, lo hace sin dudar, con fe, juego y goles. Lo bueno que tiene no sabemos si es suficiente para aspirar al título, pero abre un camino muy representativo de la evolución del calcio actual. Ataca desde el principio, pero conserva a algunos de los mejores intérpretes del oficio de la defensa, como Chiellini y Bonucci. La combinación es inteligente por parte del técnico.

En el debut, no estuvieron muy exigidos, porque Turquía se limitó a resistir. La selección otomana tiene recursos para algo más de lo que dejó en el Olímpico, como demostró en la fase de clasificación de la Eurocopa, en la que hizo cuatro puntos de los seis que se jugó con Francia, la campeona del mundo y gran favorita. La única voluntad de Senos Gunel, en cambio, era la de no encajar, sin plan alguno en la transición al ataque. No presionó a Italia en la salida de balón y utilizó los lanzamientos largos de su portero, uno de sus mejores argumentos, en busca de Yilmaz, delantero del Lille. La estrategia le dio para aguantar medio partido. Nada más. Pobre, muy lejos de la versión de la selección a la que el mismo entrenador llevó a las semifinales de un Mundial, en 2002. Aquella Turquía, como otras posteriores, era frenesí. La actual es disciplina, con el buen Calahnoglu atenazado por la maraña. La diferencia no sólo se debe a los futbolistas. Fue una decepción.

El sistema de Turquía se comprimió rápidamente por el acoso italiano, volcado a la izquierda, gracias al protagonismo inicial de Spinazzola e Insigne. Replegada sobre sí misma, las paredes del pequeño futbolista del Nápoles se perdían en el área. Era como centrar en un bosque. Si algo hizo bien el técnico turco fue cerrar el espacio de maniobra a Jorginho, el mediocentro más creativo de los de Mancini, dada la lesión de Verratti. Ello provocó que fuera Chiellini el que iniciara el juego, algo mucho más previsible. El central se incorporó en el balón parado y tuvo una de las mejores ocasiones del primer tiempo, salvada por el vuelo de Cakir, un arquero de 25 años y 1,91. Un tipo a seguir, aunque acabara con el borrón que supuso el tercer gol italiano. Mancini parte del 4-3-3, el sistema de los conjuntos más ofensivos de Europa. Presiona en campo ajeno y ataca con mucha gente. Nada que temer y nada que envidiar. Es en todo un equipo moderno que ha dejado excelentes números en su camino al torneo, con un pleno de 10 victorias en la fase de clasificación. En este arranque no defraudó, aunque debiera esperar a la victoria. Lo hizo sin desesperarse, salvo por una mano clara de Celik en el área que no señaló el colegiado ni advirtió el VAR. Esto cada vez está peor. Nadie lo entiende.

A medida que Italia multiplicó su ataque y Berardi acompañó por la derecha, la defensa turca empezó a hacer aguas. El primer gol, iniciado ya el segundo tiempo, fue la prueba. El centro del italiano, después de una recuperación, sólo pudo detenerlo Demiral, pero hacia adentro. Acabó en la red. De ahí en adelante, sólo hubo un equipo sobre el campo, a pesar de algún intento infructuoso de Ünder.

Immobile, que ya lo había probado en el primer tiempo, encontró por fin el remate limpio, después de un rechace de Cakir, y lo mismo sucedió con Insigne, que se benefició del único fallo del portero turco para el 0-3, aunque la transición a partir de ahí del ataque italiano fue de libro.

Con ninguno de los goles, Italia cambió su plan. Fue la misma, presionante, ofensiva y a un nivel físico espectacular. Mancini relevó a sus atacantes para poner en el campo a Chiesa, Bellotti y Bernardeschi, excelentes recambios. No posee a ninguna de las grandes estrellas del torneo, pero su clase media, su plan de juego y su forma son una gran carta de presentación. Un buen motivo para la esperanza.


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