Jair Bolsonaro, en busca de la fidelidad de las Fuerzas Armadas
21:16
30 Marzo 2021

Jair Bolsonaro, en busca de la fidelidad de las Fuerzas Armadas

Los comandantes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica dejan el gobierno descartando aventuras golpistas

Brasil Renuncia el ministro de Defensa de Brasil tras la dimisión del titular de Exteriores

Jair Bolsonaro ejecutó esta semana la mayor reforma ministerial desde que gobierna Brasil. Hubo cambios en seis ministerios, entre ellos el de Defensa, una pieza clave en la estrategia del presidente. Bolsonaro apartó al general Fernando Azevedo y colocó a otro militar, el general Walter Braga Netto, un hombre de su confianza que hasta ahora ejercía de ministro de la Casa Civil (una especie de primer ministro).

En su carta de dimisión, Azevedo no explicó porqué dejaba el cargo, pero subrayó que durante su periodo al frente del ministerio "preservó las Fuerzas Armadas como instituciones de Estado". Sus palabras se interpretaron como una confesión de las presiones que recibió para que la cúpula militar abrazase el proyecto bolsonarista.

Este martes, la primera (y tensa) reunión del nuevo ministro con los comandantes de las Fuerzas Armadas se saldó con un movimiento inédito en la joven democracia brasileña: la dimisión en bloque de los máximos representantes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica. El ministerio aún no informó quiénes serán los sustitutos, pero se espera que estén más alineados con las ideas del presidente.

Varios analistas brasileños apuntan que Bolsonaro estaba especialmente frustrado con el comandante del Ejército, Edson Pujol, del que esperaba que se posicionara públicamente a su favor en sus embestidas contra otros poderes.

Según la columnista Thais Oyama, de UOL, la gota que colmó el vaso se produjo hace unos días, cuando la Justicia anuló las condenas por corrupción que pesaban contra el expresidente Lula da Silva, lo que abrió la puerta a su más que probable candidatura presidencial el año que viene. Bolsonaro esperaba que, de alguna forma, el líder del Ejército expresara su malestar por la decisión del Tribunal Supremo, pero el general optó por mantenerse en silencio.

Tras la histórica desbandada en las Fuerzas Armadas, el vicepresidente del gobierno, Hamilton Mourão, un general de la reserva, intentó calmar los ánimos: "Se puede poner a quién sea, no hay una ruptura institucional. Las Fuerzas Armadas se guiarán por la legalidad, siempre", afirmó al portal G1.

En general, Bolsonaro cuenta con la simpatía de soldados y sargentos, pero entre los mandos superiores hay más recelos y ciertos reparos en el posible daño que pueda causar a la imagen del cuerpo militar identificarse demasiado con el presidente e incluso embarcarse en aventuras anticonstitucionales.

A pesar de que el gobierno brasileño está repleto de militares, en el alto escalafón no gustaban los excesos de Bolsonaro, que el año pasado, al principio de la pandemia, llegó a participar en manifestaciones golpistas que pedían una intervención militar que cerrase el Tribunal Supremo y el Congreso.

En los últimos meses, Bolsonaro ha cargado duramente contra los gobernadores de los estados, a los que acusa de estimular la ruina económica, el hambre y el caos social con las restricciones que están implantando para intentar evitar el colapso sanitario por el covid-19.

Hace unos días, comparó medidas como el toque de queda nocturno con un estado de sitio, y advirtió que es algo que sólo él puede autorizar. En los pasillos de Brasilia se empezó a comentar si Bolsonaro no estaría ya preparando el terreno para una posible suspensión de las garantías constitucionales. El presidente del Tribunal Supremo, Luiz Fux, llegó a pedirle explicaciones.

Más cambios en el gobierno

El terremoto en los cuarteles (que causalmente se produce justo cuando se cumplen 57 años del golpe que dejó a los militares dos décadas en el poder) eclipsó una reforma de gobierno en la que hubo otros cambios importantes.

En el ministerio de Justicia y Seguridad Pública, Bolsonaro colocó a Anderson Torres, un comisario de la Policía Federal amigo de la familia presidencial, sobre todo de sus hijos. Es un nombre que agrada al mismo tiempo a la bancada de la bala (los parlamentarios con intereses en la industria de las armas) y a los policías militares, una corporación en general muy bolsonarista pero que empezaba a mostrar cierta decepción por la congelación de sus salarios. Bolsonaro intenta así dejar atada otra importante base de apoyo.

El otro gran cambio se dio en el ministerio de Relaciones Exteriores, hasta ahora ocupado por Ernesto Araújo, artífice del actual aislamiento de Brasil en la escena internacional. Su salida es una concesión al Congreso, que en los últimos tiempos aumentó la presión por el fracaso de la diplomacia de las vacunas. Bolsonaro se deshizo de uno de sus ministros favoritos para contentar a los parlamentarios, que en última instancia siempre tienen en sus manos la carta del impeachment.

El nuevo canciller será Carlos França, un diplomático de carrera que hasta ahora trabajaba como asesor directo de Bolsonaro. Antes fue jefe de protocolo del Palacio del Planalto, donde se ganó la confianza del presidente. Quienes le conocen alaban su talante conciliador, pero también advierten que quizá le falte experiencia para el cargo. Nunca estuvo al frente de una embajada, aunque trabajó en las representaciones diplomáticas de Brasil en EEUU, Paraguay y Bolivia. Se espera que actúe de forma pragmática, intentando reconstruir los puentes de diálogo rotos en los últimos dos años.


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