James Cameron, director de Avatar: ''No tengo cinco clones para hacer películas sin parar como Marvel''
17:06
7 Diciembre 2022

James Cameron, director de Avatar: ''No tengo cinco clones para hacer películas sin parar como Marvel''

El director de 'Avatar: El sentido del agua', la película más esperada del siglo, reflexiona sobre el futuro del cine, justifica la espera de 13 años y promete tres películas más que, una vez más, cambiarán la historia

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Todos los cineastas de alguna manera o son hijos de Méliès o lo son de los hermanos Lumière. O ven en el cine el más deslumbrante artefacto para huir de la realidad o la herramienta más útil y precisa para retratar y, llegado el caso, transformar el mundo. James Cameron (Ontario, 1954) es de los primeros. Y así lo hace saber, aunque con reparos, a poco que se saque el tema. "En Hollywood existe la idea de que son dos polos excluyentes, o se fabrican efectos visuales o se cuentan historias. No creo que sea así, pero claro que el cine nació como un técnica para hacer volar la fantasía. Lo interesante del tiempo que vivimos es que todo es posible. Hasta ahora siempre había límites, había cosas que se podían hacer y otras no, y la historia se tenía que plegar a estas restricciones. Ya no es así, el único límite para el cine es la imaginación... y el dinero", dice el director ufano y hasta feliz. Lo dice en Londres en la presentación mundial de la que puede ser considerada, sin amago de dudas y sin más exageración que la justa, la película más esperada del siglo. Un total de 13 años han pasado entre el éxito incontestable de 'Avatar' y su continuación 'Avatar: El sentido del agua' que se estrena el próximo 16 de diciembre. Por fin. Estamos, de nuevo, ante una cinta que nos coloca del otro lado. Sin límites.

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¿Exageración? Primero los datos. La nueva producción llega a los cines con el compromiso moral y financiero de alcanzar a su predecesora. Aquella completó una recaudación en todo el mundo de casi 3.000 millones de dólares, consiguió nueve nominaciones a los Oscar incluida la de mejor película y animó la conversación social hasta unos límites pocas veces antes logrados ('The New York Times' llegó a publicar que Cameron había conseguido de una tacada y gracias a todos sus descubrimientos: a) cambiar la historia del cine, b) alterar el cerebro del espectador, y c) curar el cáncer. Era ironía. O no tanto). Logró, además, lo que nadie: colocarse como la más vista de la historia no una sino dos veces (en 2021, con el reestreno, superó a 'Vengadores. Endgame'). Su secuela vive toda instalada en unas cifras desmedidas, en una desproporción que todo lo arrasa. Se calcula que el coste de la nueva entrega ronda los 350 millones de dólares. Pero en realidad esto no es más que principio de la gran ola (o marea) que arrastra tanta agua. Vendrán tres películas más con un desembolso de alrededor de 1.000 millones en total. La tercera, prevista para 2024, y la cuarta, para 2026, ya estarían rodadas. De la quinta y última, se sabe que hay guión y que su fecha, si todo va según el plan, es 2028. ¿Alguien da más? "Sabemos lo que hacemos. No me gusta lo fácil y aborrezco ir por donde todo el mundo... En cualquier caso, será el público quien decida si lo planeado es lo correcto", comenta el director con el mismo gesto del que se asoma a un precipicio convencido, por la razón que sea, de que vuela.

Para situarnos, la primera película contaba la historia del marine tetrapléjico Jake Sully interpretado por Sam Worthington. Nuestro héroe se colaba en el avatar alienígena azul-pitufo para poder moverse en el exuberante planeta de Pandora habitado por el pueblo indígena Na'vi. Pronto llegaría los problemas por culpa de una humanidad, la nuestra, que codicia el preciado y muy escaso recurso de nombre unobtanium. Ahora han pasado 15 años desde la gran batalla aérea entre helicópteros y dragones. Estamos en los océanos del Pandora, Jake es padre y esposo de la princesa Neytiri (Zoe Saldaña) con sus cuatro hijos entre los que se encuentra una hija adolescente interpretada, merced a la magia de los efectos visuales, por Sigourney Weaver, de 73 años, y un hijo humano adoptado, Spider, al que da vida Jack Champion, que ahora tiene 18 años pero tenía 13 cuando la película comenzó a rodarse. Vuelven los humanos y ahora lo hacen para no queda claro qué, el caso es que regresan todos, incluido un villanísimo Stephen Lang resucitado en cuerpo Na'vi. Kate Winslet, que vuelve a colaborar con Cameron después de naufragar en 'Titanic', interpreta a la reina guerrera de otro clan donde se refugia la familia protagonista huyendo de todas las maldades de todos los mundos. Y ya.

El mundo de 2009 en el que 'Avatar' voló poco o nada tiene que ver con el de 2022. Y pocos tan conscientes de ello como el propio Cameron. "La primera entrega llegó en el momento adecuado. Había otras cintas en 3D, pero ella, por así decirlo, lanzó la conciencia de las tres dimensiones", dice, se toma un segundo y saca la calculadora: "Entonces habría cerca de 6.000 pantallas en todo el mundo con la tecnología adecuada. Hoy hay 120.000 proyectores disponibles". Sí, pero entonces, al final de la primera década, la conversación sobre el futuro del cine giraba en torno al 3D y, ahora, admitámoslo, parece olvidado. Es más, de lo que se habla es del 'streaming', de las franquicias de superhéroes y, atentos, del declive de las salas en cualquiera de las dimensiones. "Creo", replica, "que en realidad es un problema de oferta. Hay datos que invitan al optimismo. Cuando se reestrenó 'Avatar' hace un mes, el 97% de las entradas que se vendieron fue para la proyección en 3D cuando lo normal ahora en cualquier película suele ser el 25%". A lo que se refiere Cameron, y así lo hace explícito, es que la cuestión no es el sistema sino lo que se hace con él: "La cuestión no es 3D sí o no, sino la calidad del 3D que ofreces". Queda claro.

Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'.Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'.DISNEY

Lo que, en su opinión, no deja dudas es que pese a todo lo sucedido desde el primer 'Avatar' (plataformas, Marvel y pandemia, básicamente), el tiempo de 'Avatar' no ha pasado. "Siempre he tenido claro que la experiencia del cine en la sala de cine se mantenía contra todo. La única vez que empecé a dudar fue con el confinamiento. Ésa sí que la viví como la primera amenaza existencial real. Por un momento, me sentí como un dinosaurio que contempla la llegada del meteorito. Pensé que había llegado del momento para los pequeños mamíferos y que yo iba a morir. Veremos ahora qué pasa y quién tiene razón. El público decidirá", insiste y esta vez la imagen que se antoja más fiel es la de un Cameron retador mientras da vueltas al tambor de su revolver justo antes de colocárselo sobre la sien. Otra exageración, sin duda.

Sea como sea, hay argumentos para exaltarse, para dudar y para entusiasme con las dudas. La experiencia del primer 'Avatar' sigue ahí, pero esta vez, una década después, multiplicada por 100. O por mil. Cameron consiguió en 2009 lo que nadie antes. Si la historia de la representación (sea en pintura o en imágenes grabadas) se podría describir como una apropiación cada vez más precisa de la conciencia humana (la perspectiva, el movimiento, el sonido, el color...), lo que se logró el canadiense fue ir más allá hasta construir la propia realidad desde dentro, desde su condición de posibilidad vital: la hiperrealidad más allá de la realidad y, apurando, de la conciencia misma. La anécdota apócrifa de los espectadores alarmados por el tren que pasaba la pantalla de la primera proyección se vivió renovada. Aquello fue lo que fue y lo que ahora viene con la captura en movimiento dentro del agua, lo es aún más. Damos fe. "Disfruto resolviendo problemas técnicos", dice. Y sigue: "Siempre quise compartir la Epifanía que sentí cuando vi por primera vez con 14 años '2001: una odisea del espacio'. Era una película y algo más. Había efectos especiales, truco, pero era una experiencia que sentí como algo mucho más profundo que un simple espectáculo", dice para justificar de algún modo su deriva, su trabajo y hasta a sí mismo.

Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'.Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'.DISNEY

Y pese a todo, en lo que parece que hay unanimidad es en el triste o inexistente rastro que tanto derroche ha dejado en eso que genéricamente llamamos cultura popular. Ni una frase memorable, ni un personaje inolvidable (¿alguien se acordaba antes de leer el tercer párrafo cómo se llamaba el protagonista?), ni un simple muñeco que llevar a la carta de los reyes. Definitivamente, 'Avatar' no es 'Star Wars'. Ni, de nuevo, Marvel. "Hay una explicación. No tengo cinco clones de mí para hacer películas sin parar como hace Marvel. Ellos hacen una película detrás de otra con el único propósito de mantener vivo el mercado. La verdad, yo tengo otros intereses también. Tuve que elegir entre el trabajo científico de exploración y seguir con el cine. Elegí lo primero", se justifica. En efecto, suyo es el récord de descenso al fondo más hondo del océano en la fosa de las Marianas con una Esfera sumergible de su invención.

Cuenta Cameron que pese a los avances técnicos y los logros visuales, la película que ahora vemos es también otra cosa. Es más, es básicamente otra cosa. "Una película es entretenimiento, pero si quiere perdurar en el tiempo ha de ser muchas cosas más. Mi preocupación por la sostenibilidad del planeta y por la degradación del los mares forman parte del argumento. Pero además es una película sobre la familia, su importancia básica... Soy padre de cinco hijos y toda mi experiencia está ahí. Creo que hemos pasado del negacionismo climático al catastrofismo, y ahora lo que toca es algo de esperanza", afirma. Y añade: "Los Na'vi representan nuestra conciencia con respecto a la naturaleza. Representan tal vez lo que éramos y a lo que anhelamos volver. Quizá representan nuestra infancia y el modo en el que cuando somos niños nos relacionamos con la naturaleza, los animales, el bosque, el mar... No, definitivamente, no hablo de una raza alienígena".

Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'. A la izquierda el personaje de Kate Winslet.Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'. A la izquierda el personaje de Kate Winslet.DISNEY

Todo esto lo declara solemne para no perderse él y que no nos perdamos nosotros. Y lo hace justo antes de reflexionar sobre las armas. Sí, de nuevo, como es ley en la filmografía del director de 'Aliens' o 'Terminator' la espectacularidad de las escenas de acción son siempre sinónimo de cosas que explotan. "No he querido convertir las armas en un fetiche como quizá hice en películas anteriores. Lo que está pasando actualmente con las armas en nuestra sociedad me revuelve el estómago. Rechazo la fetichización de las armas y me alegro de vivir en Nueva Zelanda que ha prohibido los fusiles de asalto", dice. Tajante.

Cuando la semana que viene se estrene 'Avatar: El sentido del agua' se completará un círculo no queda claro si virtuoso o vicioso. Sí, eso sí, gozoso. Volverá a escena una producción de la que se empezó a hablar en 1996. Primero en forma de rumor revolucionario (cine 'ex nihilo' donde la imagen nace desde la propia pantalla) y luego como simplemente un milagro. Se inventó una lengua de casi tres mil palabras, se imaginaron nuevas plantas inexistentes, se diseñó un set de rodaje seis veces más grande que el más grande hasta la fecha... Ahora, lo mismo, pero más y debajo del agua. Nuevas criaturas, más cosas que ver, más de todo. Lo que se anunció como dos secuelas en 2010, llega a los cines en paquete doble: son cuatro ("Fue como construir la Presa de las Tres Gargantas", dijo en su momento Cameron). Y llega cuando han pasado 30 películas de superhéroes, media docena de canales en 'streaming', la compra de Fox (la productora original) por Disney y, ya se ha dicho, una pandemia. 'Avatar' vuelve del pasado, como el propio George Méliès, anunciando el futuro.

Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'. El personaje de Sigourney Weaver.Una imagen de 'Avatar: El sentido del agua'. El personaje de Sigourney Weaver.DISNEY

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