Javier Bardem, el puto amo de Cannes
20:06
27 Mayo 2022

Javier Bardem, el puto amo de Cannes

El actor recibe el homenaje del Festival de Cannes ante un auditorio completamente entregado. ''Tener enemigos no es malo, te hace crecer'', ha afirmado

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Decía Marlon Brando que a un actor se le identifica por su tema de conversación no tanto preferido como único: sí mismo. No está claro que eso sea así en el caso de Javier Bardem, un intérprete que no duda un segundo en chapotear con placer en cualquier charco, pero el viernes por la tarde fue tal cual.

Durante poco más de una hora y ante un auditorio entregado, el protagonista de El buen patrón ha ejercido (igual que en la película de León de Aranoa, pero de forma mucho menos cínica) de puto amo. "Asghar Farhadi se reía cuando le decía esta mañana que iba a dar una masterclass. Por favor, para que él lo oiga, cuando cuente tres me llamáis todos 'máster'", comentó en un momento de la comparecencia. Y así ocurrió. Es más, buena parte de las preguntas del público, acabada la charla con el periodista Didier Allouch, fue encabezada directamente con el título recién adquirido: Máster Javier.

Le dio tiempo a todo. O casi. Al contrario que su colega Tom Cruise que hace unos días ocupó el mismo escenario para no decir nada que no fuera una y otra vez lo mismo, el español se mostró generoso, eufórico y encantado. "El mundo es feo, oscuro y desagradable. El cine está ahí para combatir eso, para recordarnos que somos seres humanos", dijo a modo de introducción y como agradecimiento al Festival de Cannes.

Y desde ahí, recordó su primer beso con Penélope Cruz; su primer papel ni siquiera como actor sino "como un trozo de carne"; recorrió sus papeles más importantes desde Anton Chigurh en 'No es país para viejos', por el que ganó el Oscar, a Uxbal en 'Biutiful', por el que se llevó el premio aquí mismo en Cannes, pasando por su última nominación de la Academia a cuenta de 'Ser los Ricardo'; recordó el fracaso de 'Diré tu nombre' sobre la alfombra roja también de Cannes; se metió en política ("A Franco no le gustaría mis películas, porque sólo le gustaba odiar", se le escuchó decir), y hasta tuvo tiempo para tirarse de cabeza al charco más profundo de todos a cuenta de su idea de masculinidad. La parte más emotiva llegó con el recuerdo de su madre ("Lo más duro que me ha pasado en la vida") y, aquí sí, el auditorio se vino abajo. Y así.

Por empezar por lo que da 'clicks', su afición a las polémicas. Javier Bardem dejó claro que su compromiso con cualquier causa que considera justa lo mamó en casa. Se lo vio a su tío, el genial director Juan Antonio Bardem del que el próximo 2 de junio se celebra el centenario de su nacimiento y, sobre todo, lo vivió en casa. Siempre y en todo momento merced a Pilar, Pilar Bardem. "En mi caso", dijo, "es como tener los ojos y el pelo castaño. Forma parte de mí. Y sé que opinar sobre las cosas que me interesan me hace tener enemigos, pero no creo que sea malo. Eso te hace crecer. Pasar los conflictos te obliga a madurar. Me gusta tener opinión y darla, porque eso genera discusiones y debate. Hoy es especialmente complicado, pero no me importa. Si te limitas a decir lo que se supone que tienes que decir y que dice todo el mundo, no pasa nada. Pero...". Y en la adversativa y los puntos suspensivos una ovación cerrada. Otra.

Donde más se vio dudar, retractarse incluso sin hacerlo del todo, es cuando entre el público surgió la pregunta por los papeles tan masculinos que demasiadas veces le tocan. ¿Cómo entiende la masculinidad? "La buena masculinidad tiene un 50% de mujer", arrancó y sobre la idea de la proporción en dos partes iguales se enredó en un discurso sobre la necesidad de sumar --"de combinar", dijo-- y no oponerse entre hombres y mujeres. Y aquí es donde se arriesgó: "El ultramachismo es tan perjudicial como el ultrafeminismo... Somos parte de lo mismo". En plancha. Y dicho lo cual, insistió en que formamos un mismo viaje, que estamos aprendiendo juntos "en esta sociedad patriarcal" y hasta confesó "estar un poco perdido". "Cuanto más radicales nos mostremos, mayor será la reacción", añadió justo después de pronunciarse en contra de las cuotas a la hora de seleccionar películas para festivales: "El criterio que tiene que valer es que sean buenas. Nada más".

Ya con la carrera en mente, que es a lo que había venido, descubrió detalles o poco contados o desvelados de manera inédita. Conocido es que su primer papel en 'Las edades de Lulú', de Bigas Luna, le llegó por su planta. "La primera parte de mi carrera la ha determinado mi físico. Yo estuve en esa película sin ser actor porque estaba ahí. Me dijeron que me quitara la camiseta y debuté. Bueno, entonces era un trozo de carne", recordó. Menos pública es la jugada de su primer beso con la que es ahora su mujer, Penélope Cruz. No fue en 'Jamón, jamón', donde se conocieron, sino años después en el set de 'Vicky Cristina Barcelona', de Woody Allen. "Nos empezamos a besar porque así lo pedía el guion y ahí nadie decía que paráramos. Cuando nos dimos cuenta, el equipo se había ido. Estábamos solos... Luego cuando nos casamos, Woody nos envió la grabación como regalo de bodas". Memorable.

De 'Biutuful' rememoró el inmenso trabajo junto a González-Iñárritu; de 'Perdita Durango', se quedó con la fiebre de una película vivida como una fiesta; de 'Mar adentro', el descomunal esfuerzo de no moverse para contarlo todo; de 'Loving Pablo', la incomodidad de ser el más villano de todos delante de la que es su mujer tanto a la hora de rodar como a la compartir el sofá de casa; de 'Antes que anochezca', lo que supuso rodar en inglés cuando no sabía inglés... Y así, a la velocidad de un inglés expresivo como pocos, Javier Bardem dio cumplido repaso de sí mismo. Como buen actor. Como le hubiera gustado a Marlos Brando.

"No sé si el cine puede cambiar algo, pero puede ayudar. La ley de eutanasia se acaba de aprobar en España y el debate empezó en el cine", dijo en un esfuerzo por resumir el sentido de todo esto y de sí mismo incluso. "Cuando murió mi madre, yo estaba haciendo un musical. Recuerdo que mi madre, ya enferma, me insistía en que tenía que seguir. Le agradezco a mi madre el consejo y a mi profesión el ayudar a curarme de una herida así". Pues eso. Máster Javier.


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