Joan Subirats, el catedrático que saltó del maragallismo exquisito a dirigir el proyecto de Ada Colau
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17 Diciembre 2021

Joan Subirats, el catedrático que saltó del maragallismo exquisito a dirigir el proyecto de Ada Colau

El nuevo ministro de Universidades es partidario de la autodeterminación de Cataluña y acudió a votar al referéndum ilegal del 1-O

Cambio en el Ejecutivo Manuel Castells abandona el Gobierno con su reforma educativa a medio hacer y le sustituye Joan Subirats Reforma El presidente de los rectores acusa al Gobierno de "desmembrar el Estado" con su nueva ley universitaria

Actuando desde el 2014 como ideólogo en la sombra y maître penseur de Ada Colau, a la que dirige de la mano hasta a la alcaldía de Barcelona, Joan Subirats personifica esa izquierda caviar catalana, hermana pequeña de la gauche divine que combatió los estertores del franquismo en Bocaccio y el Flash-Flash, que con el paso del tiempo fue acomodando su marxismo de salón al maragallismo ilustrado del PSC y, tras el fracasado proyecto tripartito, al soberanismo institucional.

Defensor del derecho de autodeterminación de Cataluña, acudió a votar al referéndum ilegal del 1-O, este catedrático jubilado de Ciencias Políticas por el Universidad Autónoma de Barcelona señalaba el pasado mes de agosto, en una entrevista en Catalunya Plural, la necesidad de que el Gobierno del PSOE "tenga un reconocimiento más claro de la España periférica y avanzar hacia una estructura más federal. Es inevitable. Si resolverá o no el problema del reconocimiento de Cataluña es otro tema" .

Fundador de su Instituto de Gobierno y Políticas Públicas (IGOP), articulista de El País y colaborador de la SER, Subirats (Barcelona, 1951) inicia su militancia política en el PSUC y Bandera Roja. Pequeño partido marxista-leninista, formado básicamente por universitarios catalanes de casa bien, del que saldrían otros destacados dirigentes como Jordi Solé Tura, Pilar del Castillo, Alfonso Carlos Comín, Jonda Tardá, Jordi Borja -otro lazarillo intelectual de Colau- y Manuel Castells, su predecesor en el Ministerio.

Semejante efervescencia revolucionaria le durará a Subirats hasta 1980, cuando deja la política activa de trinchera. Si bien seguirá vinculado toda su carrera intelectual y académica a la cuestión pública y la sociología. Autor de una decena de libros, como España/Reset. Herramientas para un cambio de sistema junto a Fernando Vallespín, y profesor visitante en numerosas universidades internacionales, a principios de los noventa se convierte en uno de los pensadores de referencia de la izquierda catalana. Pero no será hasta el año 2014 cuando se decida a regresar al fango de política junto a Colau, primero con la fundación de Guanyen y posteriormente en Barcelona en Comú.

Al proyecto populista de Colau, huérfano de referentes y con unos cuadros muy jóvenes, Subirats le sirve como coartada intelectual y símbolo de cierto prestigio, además de permitirle dibujar un vínculo con el viejo PSUC, partido que el colauismo dice ser su heredero natural. Durante los primeros pasos de la alcaldesa, Subirats permanece en un discreto segundo plano, pero será tras la aplicación del artículo 155 por parte del Gobierno de Mariano de Rajoy, en octubre de 2017, como respuesta al golpe del independentismo al orden constitucional -Subirats llegó a votar en el referéndum ilegal del 1-O, cuando Colau le pide que entre en el Consistorio con el cargo de comisionado de Cultura.

En las elecciones municipales de 2019 ocupó el número dos de la lista electoral, confirmando que su implicación con el proyecto es absoluta. "En un momento de cierta crisis, cuando se planteó la salida de PSC del Govern, Colau me pidió que me incorporara. Yo vivía muy cómodo de profesor universitario y he salido de la zona de confort", afirmaba en una entrevista a EL MUNDO poco después de su incorporación al gobierno municipal.

Esta confianza ciega que Colau deposita en él es la que, a la postre, le impide ser él elegido por los comunes para ocupar el cargo ministro de Universidades en el segundo gobierno de Pedro Sánchez. Escogen como alternativa a Manuel Castells, menos implicado en el día a día del partido de Colau, lo que molestó y mucho a Subirats, quien hizo notar su honda decepción.

La llegada del catedrático al Ayuntamiento de Barcelona en 2018 despertó ciertas esperanzas en el castigado sector cultural de la ciudad por su prestigio académico, sus buenas maneras y su talante moderado. No obstante, cuando el pasado verano decidió abandonar su cargo al cumplir los 70 años, coincidiendo con su jubilación como catedrático, muy pocos lloraron la pérdida, ni lamentaron su adiós.

Pobre legado

Deja tras de sí un pobre legado, alejado del esplendor cultural de la Barcelona de Maragall que algunos creyeron que traería bajo el brazo, y con un sector cultural levantado en armas contra la polémica alcaldesa. Aunque destacan de Subirats que es una personal "conciliadora" y con la que se puede hablar. Mientras que en el mundo académico se le considera un hombre que conoce bien las interioridades y el funcionamiento de la universidad española. "Lo hará mucho mejor que Castells, sin ninguna duda", aseguran algunos antiguos colaboradores.

Entre las decisiones más cuestionadas de Subirats en el consistorio de Barcelona destacan su sectaria política de "limpieza de nombres" de cualquier referencia a la monarquía española del callejero de la ciudad condal o el rechazo al proyecto de la construcción de una sede del museo Hermitage. También el gasto de 290.000 euros en la llamada "primavera republicana", una serie de actos para conmemorar el 90 aniversario de la proclamación de la II República Española, y el despilfarro en un monumento consistente en seis piedras de gran tamaño en el barrio de Les Corts, que simbolizaban los muros de una antigua cárcel de 1936.


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