John Malkovich: ''Los movimientos identitarios son más bien 'idiotitarios'''
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6 Agosto 2022

John Malkovich: ''Los movimientos identitarios son más bien 'idiotitarios'''

El actor interpreta en el ciclo los Veranos de la Villa de Madrid al homicida austriaco Jack Unterweger, dentro del espectáculo 'The infernal comedy. Confesiones de un asesino en serie'

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Después de varios intentos, frustrados por la pandemia, de presentar en Madrid su espectáculo Just call me God -sobre un dictador crepuscular-, John Malkovich (Illinois, 1953) llega finalmente a la ciudad con un montaje teatral. The infernal comedy. Confesiones de un asesino en serie se representa los próximos días 11 y 12 en el patio central del Palacio del Conde Duque, dentro de la programación de los Veranos de la Villa. Dos oportunidades para ver en acción a uno de los intérpretes más aplaudidos del cambio de siglo, desde películas como Las amistades peligrosas (1988) y Cómo ser John Malkovich (1999) a sus últimos proyectos escénicos.

El título de la pieza se refiere, elocuentemente, a la historia de Jack Unterweger, un austriaco condenado por el asesinato de una prostituta (a la que asfixió con el sujetador de la víctima) a los 18 años y condenado a cadena perpetua. Mientras se encontraba en prisión escribió varios libros que llamaron la atención de escritores como los futuros premios Nobel de Literatura Günter Grass y Elfriede Jelinek, quienes participaron en un movimiento para solicitar su puesta en libertad. El argumento: su caso era un ejemplo de reinserción. Tras su liberación, siguió escribiendo y hasta fue contratado por la televisión pública austriaca. Sin embargo, fue acusado de volver a asesinar a otras ocho mujeres con el mismo método de asfixia, por lo que fue detenido. En su primera noche de nuevo en prisión se ahorcó en su celda.

La aproximación de Malkovich a su historia es una pieza de envoltura musical, en la que el actor estadounidense se pone en la piel de Unterweger y aprovecha para un nuevo ejercicio de transformación en uno de esos personajes turbadores que tanto predicamento han cosechado entre el gran público.

En una de sus últimas visitas a España, en el Festival de San Sebastián de 2014, presentó 'Casanova variations', una película en la que el equipo es similar al de esta obra. ¿Qué semejanzas y diferencias hay entre los dos trabajos?

Son proyectos muy diferentes. Ambos tienen en común que están dirigidos por Michael Sturminger, que cuentan con Martin Haselböck como director musical y que yo participo en ellos. Los tres estuvimos trabajando igualmente en un tercer proyecto, que tendría que haberse representado en España hace un año y medio pero que no pudimos poner en marcha. Ambos son piezas híbridas en las que se entremezclan elementos de teatro y de música clásica -así, uno y otro se representan con una orquesta barroca completa-. En el caso de 'Casanova variations' acabó convertida en una película, aunque no extremadamente diferente de la obra. Pero, al final, trata de un asunto muy diferente respecto al de este otro trabajo.

¿En qué sentido?

Aquella era una obra sobre los últimos años de Giacomo Casanova como bibliotecario del Conde Waldstein en Duchnov, mientras que ésta toma la forma de la lectura de un libro a cargo de Jack de Unterweger. Se trata de su confesión real, que ni es real ni es una confesión. Y se supone que la orquesta y las cantantes subrayan, o tal vez revelan, los conflictos internos de este hombre o lo que debería haber sido su confesión.

¿Se puede aprender algo de un asesino en serie?

No sé si hay mucho que aprender, más allá de cuestiones genéticas o de desórdenes físicos, dado que los daños psicológicos son mucho más difíciles de juzgar. Para mí, los asesinos en serie carecen de un elemento humano esencial: la gente normal no disfruta ni necesita ni desea hacer sufrir a los demás un dolor físico inmenso o mortal.

Hablando de aprender, ¿podemos sacar algo en limpio de la experiencia pandémica que acabamos de atravesar? ¿Usted qué destacaría de este periodo?

La tristeza de toda la gente que cayó en la depresión o se suicidó o se hizo adicta a las drogas. Lo único positivo que sacaría de esto es la posibilidad - aunque es una posibilidad remota, porque los humanos están tan encerrados en sus ideologías que esto les provoca una tendencia a reducir inmensamente su cociente intelectual- de que se extraiga una lección: que estemos más recelosos de las élites, de los supuestos expertos, de la clase política, de los científicos y sus experimentos, de lo que nos dicen que sirve para transmitir el conocimiento. Porque no se han desempeñado de manera brillante en los últimos dos años. Espero que la gente aprenda de ello. No es una lección agradable, pero podría ser una lección positiva.

¿Cómo puede ayudarnos el teatro ante situaciones complejas como las que atraviesa el mundo actualmente?

Estoy de acuerdo con los antiguos griegos en que el teatro tiene que ser una experiencia catártica. Pero yo ampliaría esa definición con otra más: reflejarnos y confrontarnos con nuestras experiencias, nuestros fallos, nuestras esperanzas. También con nuestras decisiones, las que hacemos y las que no, y nuestros actos, aquellos que realizamos y los que evitamos. Entiendo que debe ser algo lo suficientemente convincente como para contemplar nuestras vidas. No hay ningún sentido en hacer obras de teatro cuando las ves y dices: "Esa gente". Para mí, "esa gente" somos nosotros

John Malkovich en 'The infernal comedy. Confesiones de un asesino en serie'John Malkovich en 'The infernal comedy. Confesiones de un asesino en serie'Olga Martschitsch

¿Cómo concibe su trabajo? ¿Hay algo de sacrificio?

Tampoco es que piense en 'mi' trabajo. Pienso en aquello sobre lo que necesito trabajar, en lo que estoy preparando. De igual forma, no tengo una tendencia a buscar ecos en lo que hice en el pasado. Nunca he visto la interpretación como una vela que se funde hasta la base o como la última parte del cigarrillo que fumas; en lugar de eso lo veo como llenar de nuevo el pozo en el que has bebido. Y eso siempre ofrece muchísimas más recompensas que castigos.

En una época de florecimiento de los movimientos identitarios, cuando parece que se destaca más lo que nos hace diferentes que lo que tenemos en común, ¿qué lugar ocupa el arte?

El arte siempre ha mejorado el mundo, pero el movimiento que usted describe es contrario al arte, a la humanidad, a la redención y a la expresión humana: en realidad va sobre el poder, un poder crudo, desnudo y totalitario. No creo que haya que recordarles a los españoles lo que eso significa, pero tampoco considero que los estadounidenses sepan realmente lo que algo así significa.

¿Por qué?

El arte es enormemente poderoso, pero cambiar el mundo no es un objetivo conseguible. Y cuando lo hemos cambiado siempre hemos intentado crear el superhombre y la supermujer, con el consiguiente resultado de incidentes con víctimas masivas. Cuando Faulkner ganó el premio Nobel dio un discurso maravilloso en el que advertía a los escritores de que si no ablaban de las grandes verdades universales -el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión- su trabajo no tratará del corazón, sino de las glándulas. Este movimiento identitario que realmente vemos cómo se manifiesta es más glandular que filosófico. Y aunque en algunas de sus formas pueden ofrecer un fruto que valga la pena o que sea verdadero, la mayoría de las ocasiones esto se pierde en una ola de tonterías. Estos movimientos son más 'idiotitarios' que identitarios

Explíquese, por favor.

A su modo, suponen una especie de confinamiento. Ahora conocemos de verdad los confinamientos y sabemos a través de varios estudios que los confinamientos ni son saludables ni ayudan a nada. Pues lo mismo sucede con lo identitario: ni es saludable ni ayuda.


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