Jordan Peele: ''La derecha de mi país se precipita hacia un radicalismo salvaje y bárbaro''
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16 Agosto 2022

Jordan Peele: ''La derecha de mi país se precipita hacia un radicalismo salvaje y bárbaro''

El director de 'Déjame salir' estrena ahora 'Nop', una fantasía de ciencia-ficción sobre todos y cada uno de los peligros que nos acechan que es también una cuidada reflexión sobre el propio cine

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En poco menos de tres películas, Jordan Peele (Nueva York, 1979) ha sido capaz de construir un imaginario tan perfectamente identificable como incómodo, por extraño. Cercano y completamente ajeno al mismo tiempo. Renovador del terror, este comediante antes que director ha devuelto el cine de género la gracia de la crónica social, de la denuncia, de la simple y muy reivindicable política.

En 2017, cuando ya empezaba a ser un clamor que las vidas de los negros cuentan, estrenó Déjame salir' De repente, una fábula con aspecto de pesadilla se convertía en la mejor representación imaginable no tanto del racismo, que también, como de la hipocresía de los que sin reconocerse como tal racistas lo son. La película cautivaba por su ingenio, por su precisión y por su claridad, y, sin embargo, todo en ella era oscuro. Muy oscuro.

Con Nosotros volvió a hacerlo. De nuevo, un cuento moral de seres duplicados insistía en colocar un espejo delante de nuestros más evidentes miedos. Y así. Ahora, Nop, que refiere tanto a la negación más elemental como de forma más o menos improvisada al acrónimo 'Not Of Planet Earth' (No del planeta Tierra), es una historia entre la ciencia-ficción y el desconcierto que igual remite a Encuentros en la tercera fase que a Tiburón que a cualquier película del Oeste con extraterrestres (si las hubiere). Es rareza, pero, y sobre todo, es revelación. Y metáfora. Y, además, hace daño.

En ningún libro sobre historia del cine se menciona el nombre del jockey negro que protagoniza una de las primeras imágenes en movimiento y que, de algún modo, está en el origen de Nop. ¿Cuánto de restitución hay en su trabajo?

Hasta cierto punto es divertido. Se ha escrito mucho sobre el hombre que tomó esas imágenes que están en el origen del cine y en las que se ve a un caballo corriendo. Pero si tu eres afroamericano lo primero que te llama la atención es que el protagonista de esas imágenes es un hombre negro; el que monta el caballo es negro. Y sin embargo este hecho es completamente irrelevante para todos... para todos los blancos. Es el primer actor negro en el cine y nadie parece haber caído en la cuenta. Que uno de los primeros actores de la historia del cine sea negro sólo es irrelevante para un blanco.

¿Diría que esta película nace de algún modo de la necesidad de nombrar lo precisamente oculto o, más cursi, innominado?

Como cineasta tienes únicamente la responsabilidad de crear un espectáculo de acuerdo a los modos y maneras que otros cineastas han utilizado antes que tú. Pero también existe la responsabilidad de dar voz y restituir a todos aquellos cuya contribución al cine ha sido eliminada. Los negros no está solos. Hay mucha otra gente cancelada y forma parte del deber de todos acabar con esta injusticia. De alguna manera, me siento muy afortunado de poder hacer cine justo en este momento en el que esto es posible y en el que la restitución es admitida como una cuestión necesaria. Digamos que Nop puede ser considerada una secuela espiritual de aquel cortometraje. Señalar que nos hemos olvidado del nombre de alguien y hacerlo público es una forma de nombrarle.

En varios momentos de la película se ve el póster de la película Buck y el farsante' de Sidney Poitier. Probablemente se trate del único western protagonizado por un negro.

Si uno mira la historia, la real, hubo vaqueros de todas las razas, pero el cine sólo se ocupó de los blancos. Y eso que, del mismo modo, había espectadores de todas las razas también en el cine. Es importante para mí crear una especie de linaje de los olvidos. Y sí que creo que hay una conexión entre el jockey olvidado y este primer vaquero negro.

Todo el empeño de los protagonistas de su película, que viven en un set de rodaje, es capturar con imágenes algo extraño que pasa en el cielo. El cine es a la vez una fábrica de ilusiones y mentiras y el único depositario de la verdad. ¿Cómo explica esta contradicción un director de cine?

No es común una pregunta así. Es indudable que el cine no es más que una ilusión sostenida por un montón de trucos. Su única intención es manipular a la audiencia y hacerla creer en algo que no existe. Todo no es más que una gran mentira. Y, sin embargo, para que la historia funcione y sea relevante se tiene que basar en únicamente la verdad. Si una película conmueve o lleva al espectador a preguntarse algo sobre su vida tiene que tener algo que la haga verdadera. El cine, podríamos decir, es una gran mentira que genera y se basa en la verdad.

No parece que hayamos salido de la contradicción...

De eso se trata quizá.

Tanto Déjame salir como Nosotros, sus anteriores trabajos, fueron recibidos como dos grandes fábulas antirracistas. Ésta lo es, pero en menor medida tal vez. ¿Entiende el cine como un acto político?

¿Qué cine no lo es? El cine más comercial y pretendidamente menos comprometido es precisamente el más político de todos. No existe arte político y luego arte aséptico. En cualquier caso, la intención primigenia no es hacer un manifiesto. Prefiero considerarme a mí mismo como un fabricante de travesuras. Mi cine no es políticamente correcto porque no hago lo que se supone que tengo que hacer. Es más, mi experiencia me dice que cada uno reacciona ante él según sea su biografía y de donde provenga. Prefiero pensar que cada una de mis películas es como un test de Rorschach que cada uno acaba de interpretar a su modo.

Hablemos de política. En el último año se ha vivido en su país el asalto al Capitolio y los periódicos hablan de clima de guerra civil...

Hay momentos en mi vida en los que desearía haberme dedicado a hacer algo realmente importante como científico ambiental o algo así. La situación no es buena, no, pero precisamente por eso el arte y el cine son importantes. Lo que da sentido al cine es esa sensación de conexión que puedes sentir como espectador con la vida de otra persona. De repente, ver que tienes algo en común con alguien que sobre el papel es completamente diferente a ti es lo que justifica este invento. Falta un sitio común en el que entender, por así decirlo, al enemigo. Todo lo que está pasando es una muestra de lo necesario que es ahora mismo el cine o cualquier forma de arte que genere espacios de entendimiento, que faciliten una referencia común.

Pero el cine también es una herramienta para la dominación, el control...

Sí, en efecto, el cine menos político, como decía antes, es el más político de todos porque el cine es espectáculo y todos somos por definición adictos al espectáculo. Y de eso trata Nop si se me permite explicarlo. ¿Por qué nos atrae tanto lo siniestro y acudimos a ello diariamente en nuestros teléfonos móviles? ¿Por qué los blockbusters y el cine comercial cada vez son más intrascendentes y pueriles? Es un hecho que la industria del cine ahora es más conservadora que nunca. No podemos permitir que lo único que le importe al cine sea el espectáculo por el espectáculo. Eso responde a una política. Es política. Como cineastas, debemos evitarlo.

Vuelvo a detectar una contradicción. La industria del cine quiere llegar al público, pero no tiene que hacerlo, según propone, demasiado...

Llevo mucho tiempo en Hollywood como actor antes que como director y el ansia de atención que sufrimos todos en esta sociedad es una adicción extremadamente tóxica. Hay que tener mucho cuidado con esta especie de magia. Lo importante es el equilibrio. Tienes que ser capaz de cautivar a la gente a la vez que le propones desafíos. Que se rindan a tu película, pero con una actitud crítica y abierta.

Hace nada se hablaba de los avances de la diversidad en los Oscar o de la reacción civil por el movimiento Black Lives Matter o Metoo y ahora se habla, por ejemplo, de la derogación del derecho al aborto por el Tribunal Supremo...

Todo progreso social viene siempre acompañado de la reacción de los que pierden sus privilegios. La derecha de mi país se precipita en estos momentos hacia un radicalismo salvaje y bárbaro. No creo que el progreso sea un línea recta. En cualquier caso, tengo esperanzas en el futuro y, sin embargo, soy muy pesimista.

En su película descubrimos que algo tan anodino como una nube puede convertirse en la más temible de las amenazas.

Recuerdo que estaba viendo imágenes de tornados y me fascinaba lo inquietante que puede llegar a ser una nube que lo arrasa todo y que, como un ovni, abduce todo lo que pasa a su lado. Es una especie de pesadilla sobrecogedora. Y de ahí surgió todo. Las nubes están ahí mirándonos todo el tiempo. ¿No le resulta inquietante?


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