Karen Blixen, autora de Memorias de África, una ''desesperada manipuladora''
01:36
28 Enero 2022

Karen Blixen, autora de Memorias de África, una ''desesperada manipuladora''

El director danés Bille August reformula el mito de la autora de 'Memorias de África' en 'El pacto', una fábula descarnada sobre la manipulación

Cine Christina Rosenvinge, actriz: "Arte y artista son asexuales, es el mundo el que nos pone el sexo" Crítica Karen: el milagro de Rosenvinge, la emoción y el color verde Memorias Escribir y vivir como una leona

En el relato Ehrengard, considerado por muchos la cumbre de los cuentos, Isak Dinesen o Karen Blixen (delante o detrás de sí misma) relata una historia referida por un narrador que cuenta lo que le contó otro narrador. Todo sucedió hace tanto tiempo que ya ni existe el reino donde sucedió todo. Y así la historia se enrosca sobre sí misma hasta convertir la voz que la refiere en el propio argumento. En la superficie se vislumbra el fondo. El fondo se palpa con las manos. En realidad, y aunque cueste superar el estado de hipnosis al que la escritora somete al lector, de lo que se habla no es de nada más que de la sutil y esclava relación entre el arte y la propia vida. ¿Puede la vida vivir ajena al arte que la informa y le da sentido?

De todo ello trata El pacto, la última película de Bille August dos veces ganador de la Palma de Oro según la novela autobiográfica de Thorkild Bjørnvig. «De siempre me fascinó esta historia enferma que retrata a la gran heroína de mi país como una manipuladora más desesperada que simplemente malvada», dice el director para justificar lo que desde un punto de vista quizá demasiado inocente se puede considerar la profanación de una tumba. Para situarnos, corría el final de los años 40 y la autora de Memorias de África contaba ya con un descomunal prestigio al borde mismo del Premio Nobel. A sus 63 años era la gloria que ya nunca dejaría de ser. Guardaba en su interior, eso sí, la semilla de lo que acabaría con ella. El tratamiento a base de mercurio para combatir la sífilis heredada de su desgraciado matrimonio la condenaba. Entonces, un joven escritor, Thorkild Bjørnvig, se acercó a ella. Y ella selló con él un pacto mefistofélico: si él se plegaba a todos sus deseos, por nimios y absurdos que parecieran, ella haría de él un escritor necesariamente inmortal.

Lo que sobre el papel podría parecer una relación de mecenazgo entre el artista consagrado y el poeta adolescente, sobre las páginas heridas de la autobiografía que ahora es película se convierte en un juego turbio de deseo, dominación e ira. «Todo lo que se ve es real», precisa August en su empeño de justificar quizá lo injustificable. «Ella entendía el arte como un modo de apaciguar los demonios internos, como un calvario obligado de sufrimiento», añade. Ella le exige que se separe de su familia, que desprecie a su mujer, que rechace incluso a su hijo y, llegado el caso, que busque un amante. Y él, sumiso, obedece consciente tanto de la destrucción que deja a su paso como de la fortaleza de una vida torturada convertida de golpe en arte, de una vida que sólo tiene sentido a través del mismo arte. Aunque duela hasta más allá de lo razonable.

En realidad, y tal vez como en Ehrengard, todo responde al mismo impulso. La obra de Blixen se alimentó de una existencia convertida en fábula. Y así, sólo así, la vida adquirió sentido como el cuento de un cuento cuyo único argumento es la voz dolida que le mantiene. «La realidad de Blixen fue una creación suya. Era la inspiración de sus historias y su historia misma», razona August.

Thorkild, harto de la presión y el dolor, acabó por abandonar a su diosa. Y ella le dejó partir. Todas las obras de Thorkild caerían en el olvido. Todas, menos el relato de su pacto inmortal con Blixen.


Etiquetas:  #Karen #Blixen #autora #de #Memorias #de #África #una #desesperada #manipuladora

COMENTARIOS