Kasper Schmeichel y la condena de un apellido
12:40
5 Julio 2021

Kasper Schmeichel y la condena de un apellido

El portero de Dinamarca, tras una carrera engendrada en el subsuelo del fútbol, logra alejarse de la sombra de su legendario padre, campeón de la Eurocopa en 1992.

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"Eh, tú. Eres el hijo de Peter Schmeichel". Y Kasper (Copenhague, Dinamarca, 1986) tenía que hacer como si no lo supiera. Como si no los oyera. Aunque era difícil. Ellos se ponían detrás de la portería, fuera cual fuera su edad, su equipo, y volvían a lo mismo. "Eh, tú. Eres el hijo de Peter Schmeichel". Siempre fue así desde que se puso por primera vez unos guantes de portero. Ni siquiera siendo un niño lo dejaron en paz.

Existe un viejo vídeo grabado en 1994. El gran Manchester United de Alex Ferguson acababa de ganar la Premier League y la FA Cup. Y Peter Schmeichel, por supuesto, lo había jugado todo. En el vídeo, el pequeño Kasper, de siete años, vestido de arriba a abajo con la indumentaria de portero de su padre, guantes incluidos, trata de defender una puerta metálica roja en uno de los pasillos de Old Trafford. Sus rivales son los hijos de Paul Ince y Steve Bruce.

"La gente siempre me vio como 'el hijo de alguien'. Y eso nunca fue una ayuda en mi carrera. Todo lo contrario". Kasper Schmeichel se ha pasado la vida intentando evitar las comparaciones con su padre. Inevitables cuando el destino insiste en entrelazar sus caminos. Peter Schmeichel era el portero de la selección danesa que salió campeona de la Eurocopa en el verano sueco de 1992. Kasper es quien defiende la portería de esta Dinamarca que, 29 años después y ya en semifinales, aspira a reeditar aquel milagro.

Pero Kasper sabe bien de lo que habla cuando se refiere a las dificultades de ser observado bajo el discutible prisma del que ostenta privilegios de sangre. Los hijos de Michael y Brian Laudrup nunca lograron escapar de la sombra de sus progenitores. Uno de los hijos del ex futbolista del Barcelona y el Real Madrid, Mads Laudrup, incluso de crío se veía obligado a ponerse en la camiseta el apellido de su madre, Thuno, para que la gente le dejara en paz.

Duro viaje desde la cuarta división

En septiembre de 2002, justo el año en que Peter Schmeichel iba a retirarse en las filas de quien había sido uno de sus grandes rivales, el Manchester City, consiguió convencer a Kevin Keegan para que le hiciera un contrato al adolescente Kasper, de 15 años. Pero la llegada a Maine Road, lejos de ser una plataforma de lanzamiento para el joven portero, no fue más que el comienzo de un viaje iniciático por el subsuelo del fútbol.

Encadenó cesiones a equipos de la cuarta división inglesa (Darlington,Bury), conoció la segunda categoría escocesa (Falkirk), vivió también una experiencia en el Cardiff City galés de la Championship, pasó por el Coventry City e incluso volvió a retroceder, fichando por el Notts County -sí, otra vez de la cuarta división-. Tenía ya 23 años. Aunque su carrera, en realidad, acababa de comenzar. El Leeds creyó en él, y en el Leicester, club con el que ascendió a la élite del fútbol inglés, se proclamó campeón de la Premier League en la temporada 2015-16. Esta temporada conquistó la FA Cup en Wembley. Kasper, durante su década defendiendo la portería de los foxes, edificó una leyenda propia en la que nadie había creído. Ni siquiera en su país.

Kasper Schmeichel, de hecho, no debutó con la selección absoluta de Dinamarca hasta los 26 años. Antes, incluso, la Federación inglesa de fútbol había tratado de convencerle para que representara a Inglaterra. El guardameta, pese a haber desarrollado toda su carrera deportiva en Gran Bretaña, lo rechazó. Su guerra era otra.

Nadie discute ahora en Dinamarca a Kasper Schmeichel, uno de los grandes líderes de su selección, además de icono nacional. La tarde en la que se desvaneció Christian Eriksen, Kasper fue el primero en acudir al encuentro de la esposa del centrocampista, que había bajado hasta el césped. Ella no lo olvidará.

Hace seis años, Peter y Kasper Schmeichel salieron a cenar. Un aficionado se acercó a ellos y le dijo al patriarca que su hijo era bueno, pero que nunca llegaría a ser una leyenda como su padre. The Great Dane -el gran danés- se lo quitó de encima. Quizá ya sospechaba algo.


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