La cara oscura de la maternidad sale a la luz
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19 Julio 2022

La cara oscura de la maternidad sale a la luz

La soledad y la ansiedad han pasado de ser un tema tabú, encerrado en las casas, a protagonizar un 'boom' literario

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Habían pasado 24 horas desde que Diana Oliver había dado a luz a su segundo hijo, Leo, y ya estaba sentada frente a un ordenador trabajando como cualquier otro día. "Le ponía sobre mi pecho y tecleaba como si no hubiera sentido que me partía en dos unas horas antes cuando su cuerpo salía de mi", recuerda esta periodista freelance en Maternidades precarias (Arpa).

El ensayo de Oliver reflexiona sobre cómo es tener hijos en el mundo de hoy, una hazaña "entre el privilegio y la incertidumbre". Como el de Oliver, muchos otros ensayos, novelas y películas llevan años desmontando estereotipos, derribando tabúes y conquistando nuevas perspectivas desde las que hablar sobre el hecho de ser madre. "Ya no es un tema encerrado en las casas", apunta la periodista.

Si Zygmunt Bauman bautizó nuestra época como "modernidad líquida", una era marcada por los cambios, la incerteza, el auge del individualismo y la desaparición de los valores sólidos, Oliver cree que lo que vivimos ahora son "maternidades líquidas". "En las sociedades líquidas de Bauman todo es susceptible de mercantilizarse y privatizarse, y así ocurre con la experiencia de la maternidad: tenemos un estándar de madre muy elevado que intentamos alcanzar a través del consumo (libros, formaciones, webinars, talleres); la ausencia de lazos sólidos y la pérdida de las redes familiares se soluciona con la externalización del cuidado; la imposibilidad de combinar el trabajo de la crianza con el trabajo remunerado fuera de casa se institucionaliza y se privatiza; la hiperproductividad y el individualismo generan soledad en las madres. Cuidar nos empobrece y nos aisla", apunta Oliver.

Su ensayo está salpicado de referencias literarias, tanto a ensayos como a novelas, que en lo últimos años se han acercado a la maternidad desde nuevas perspectivas.

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Hay, por ejemplo, citas del Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin, que se las apañó para escribir mientras criaba sola a cuatro hijos y empalmaba trabajos precarios. También de la autobiográfica Quién quiere ser madre de Silvia Nanclares, donde se abordan las dificultades de la maternidad pasados los 40 y el fantasma de la infertilidad; del tríptico memorialístico post-divorcio de Deborah Levy o de la muy aplaudida Las madres no de Katixa Aguirre, donde se explora el infanticidio y la maternidad como cárcel.

¿Vivimos un boom literario sobre otras maneras de ser madre? Oliver es de la opinión que lejos de una moda, se trata de una "necesidad". "Había un hueco enorme y poco a poco ese hueco se va rellenando con poesía, con ensayos, con novelas de ficción, con memorias... Nunca habrá demasiados libros sobre esta temática porque al mismo tiempo son muchas las cuestiones que lo atraviesan. Y muchos los planos desde los que abordarlos. Es tan rico, tan profundo, tan complejo... Hasta hace no tanto, ¿cuántos libros teníamos que abordaran la maternidad en primera persona? Estábamos huérfanas", reflexiona.

En su caso, El nudo materno de Jane Lazarre y a la antología Maternidad y creación de Mora Davey fueron especialmente reveladores. "El de Lazarre especialmente: cómo una mujer con una formación académica, que había sido madre en los 70 en un país como Estados Unidos, estaba tan cerca en muchas cuestiones a una madre hoy, en España, en el siglo XXI. La invisibilidad de las madres, la soledad, la ambivalencia, la culpa, el agotamiento son cuestiones que siguen atravesando nuestras maternidades", afirma. La misma actualidad detecta en Tiempo de espera de Carme Riera, hoy descatalogado, un diario de embarazo con "reflexiones y emociones que son perfectamente identificables hoy, casi 40 años después".

Una de las novelas que más runrún ha despertado desde su publicación hace unos meses en Estados Unidos es I love you but I've chosen darkness de Claire Vaye Watkins, protagonizada por una mujer que un buen día decide abandonar a su marido y su hija para emprender un viaje de vuelta al territorio de su infancia en el desierto californiano, un sórdido paisaje de pobreza, casinos, coyotes y adictos al OxyContin. El libro ha dado mucho que hablar porque la protagonista se llama igual que la autora y las coincidencias no terminan ahí: como en la novela, la Vaye Watkins de la vida real también es madre de un niña y su padre, Paul Watkins, fue la mano derecha de Charles Manson, el encargado de reclutar a las chicas más jóvenes de la 'familia'. "Me apetecía comportarme como un hombre un poco malo", dice la protagonista tras abandonar su casa, sacaleches en mano, antes de colocarse en pleno desierto, tras un infructuoso intento de contestar el test de Edimburgo, el cuestionario más usado para detectar la depresión posparto.

La de Watkins no es la única mujer que abandona a su prole que ha dado la ficción últimamente. Ahí está la ultrapremiada La hija oscura (Movistar+ la estrena el 23 de julio) de Maggie Gyllenhaal, la brillante adaptación de la novela de Elena Ferrante que explora el lado más asfixiante de la maternidad, dinamitando tabúes en cada escena. "Tengo dos hijos y, con diferencia, no ha habido nada más desafiante en mi vida en todos los sentidos, tanto física como emocional y espiritualmente. ¿Por qué deberíamos esperar que algo tan enorme se limite a una serie de sentimientos normales?", se preguntaba Gyllenhaal en una entrevista, donde reivindicaba visibilizar otros como "la desesperación, el terror y la ansiedad profunda" que suelen quedar sepultados bajo la "desgarradora alegría" que da ser madre. En Las abandonadoras,Begoña Gómez Urzaiz también indaga en las maternidades turbulentas de mujeres como Doris Lessing, Ingrid Bergman, Gala Dalí o Maria Montessori, que abandonaron a sus hijos, y reflexiona sobre lo poco que ha evolucionado la presión social y familiar entorno a la madre, emblema de la renuncia y el sacrifico.

A la conversación sobre ser madre o no le ha salido una nueva y escalofriante variante, la que quedó inaugurada tras la derogación de Roe vs Wade en Estados Unidos. Oliver opina que la prohibición del aborto es un "aviso" que condenará a miles de mujeres a vivir maternidades no deseadas, a la pobreza y la muerte. "Nuestros derechos sexuales y reproductivos siempre están en la cuerda floja y es lo ideológico lo que los mantiene o los hace caer. Me parece paradigmático que en un país en el que se esté prohibiendo el aborto esté en auge la gestación subrogada", señala. "El cuerpo de la mujer está atravesado constantemente por las violencias pero también por el capitalismo. Escribía Carme Riera que la maternidad no deseada debe ser como una especie de trabajo forzado. 'Nueve meses con grilletes y esposas, cadena perpetua, después'.


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