La certeza feminista tras lo 'trans' de 'Mi vacío y yo', la única película española en competición en el Festival de Róterdam
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26 Enero 2022

La certeza feminista tras lo 'trans' de 'Mi vacío y yo', la única película española en competición en el Festival de Róterdam

Adrián Silvestre completa el díptico de 'Sedimentos', uno de los documentales del año y finalista en los Premios Feroz, con una película tan lírica como descarnada sobre la identidad transgénero

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"Seré hombre para Dios, pero para la Tierra no soy ni hombre ni mujer, sino la ridiculez máxima". La frase es antigua. Se escucha en la película ya casi mítica de 1983 firmada por Antonio Giménez Rico. 'Vestida de azul', así se titulaba, era la historia en plena Transición posible de ese fenómeno entonces oscuro y muy turbio (además de doloroso) de la otra transición imposible, la de las personas trans. Seis mujeres contaban entonces su dolor siempre en equilibrio entre la tozudez real y machista del DNI, y el imperativo del deseo; entre el rechazo de los demás y la certeza de su cuerpo. Aquello era básicamente un relato frío, triste y hasta máximamente ridículo. Hace años que Adrián Silvestre dedica lo mejor de su cine a rebatir esa frialdad de antaño con la emoción de lo bello, de lo cercano, de lo perfectamente viable. De lo ahora mismo.

A ello se dedicaba su fulgurante documental 'Sedimentos', una de las producciones del año que figura en la nómina de candidatos a los Premios Feroz del próximo sábado. Y a ello se entrega también, y con más ahínco y claridad si cabe, 'Mi vacío y yo', la única película española seleccionada en la sección oficial del Festival de Róterdam, algo así como la réplica rigurosamente cinéfila al folclore 'indie' de Sundance en Estados Unidos. La película cuenta la historia de Raphaëlle. Lo hace a través de su cuerpo que cambia y de cada de sus dudas que crecen. Pero siempre desde la proximidad, desde la convicción de que los problemas de su protagonista son los de todos.

"'Sedimentos' es una mirada al presente desde el pasado y 'Mi vacío y yo' es una reflexión del futuro que hace pie en el presente", comenta el director convencido de que las dos películas realizadas de un esfuerzo conjunto que ha durado cinco años se complementan, dialogan y hasta se necesitan. Para situarnos, la primera película citada reúne a seis mujeres trans como en le pasado hizo 'Vestida de azul'. Pero esta vez, por lo que tiene de rural, de amable y esperanzado, vence el gesto cálido del reconocimiento. Llámalo empatía. La segunda se desgaja de la precedente al no ser tanto el testimonio de una transición cumplida como el puntual recuento desde esa transición en marcha. La cinta arranca con un diagnóstico de disforia de género y desde ahí, entre la realidad y la ficción, el director construye una fabulación hacia el reconocimiento pleno e íntimo de la identidad. Y ahí, trans o no trans, cabe la sociedad entera.

El guión de 'Mi vacío y yo' está firmado por la propia Raphaëlle Pérez, el director y Carlos Marqués-Marcet ('Tierra firme' o 'Los días que vendrán'). "A la vez que rodábamos la película, Raphi escribió un monólogo que se convirtió en una obra de teatro. La obra está dentro de la película como un elemento más de una ficción que se alimenta de los accidentes duros de la realidad. Y así vemos a la protagonista hablar con sus amigos 'queer', discutir con sus padres, enamorarse, desesperarse, trabajar en un 'call center' y, poco a poco, aprender a distinguir su voz entre las voces. El resultado es una película bella, inestable y muy consciente siempre de ocupar ese lugar perfecto entre lo sublime y, en efecto, lo ridículo. Siempre máxima.

A su manera, como la cinta de Giménez Rico, también ésta es hija de su tiempo. "Todo mi empeño", razona Silvestre, "es combatir la ignorancia. Acercar la vida de las personas trans es una manera de aceptar el deseo común de una sociedad con plenitud de derechos. No se trata de teorizar o discutir, sino simplemente de ver, escuchar... Ellas somos nosotros", comenta el director para describir el alcance y perímetro de una película ideada para el reconocimiento.

Protesta Silvestre contra la obsesión del enfrentamiento. "Se ha inventado un feminismo tránsfobo que no corresponde con el día a día del feminismo. Está sobrerrepresentado en los medios por precisamente esa fijación por la polarización y la negación", comenta, se detiene y sigue: "Lo absurdo, como argumentan algunos, es pensar que la causa de las mujeres trans puede borrar a las mujeres. Eso no puede ser por la sencilla razón de que las mujeres trans son mujeres. Se crea un enemigo que no existe". Y sigue más: "No hay que perder de vista que la violencia machista es estructural y, por ello, las mujeres trans sufren más la violencia de género que las mujeres cis. Ellas sufren la violencia estructural que han sufrido siempre las mujeres y la violencia correctiva que las machaca por proyectarse a contra corriente. ¿Dónde está el supuesto privilegio que se les atribuye?".

Para Adrián Silvestre todo se resume por tanto a mirar, a mirar de cerca como ejercicio de comprensión. Y eso hace su cine pendiente de mujeres que son mujeres, por fin, para Dios, para la Tierra y para la ridiculez máxima de la existencia. Cualquiera de ellas.


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